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La literatura como realidad
El árbol detrás de la ventana. Panorama del reportaje literario polaco, Tomasz Pindel (selección y prólogo), Universidad Veracruzana, México, 2015.
Por Edgar Aguilar

Para Elena Poniatowska

 

Es ciertamente inevitable, cuando se habla del reportaje contemporáneo de altos vuelos, recurrir a la figura emblemática e insoslayable de Kapuscinski. El periodista polaco de abundantes y pronunciadas cejas rubias dejó, por lo que se infiere de esta nutrida selección, una sólida y a la vez renovada escuela del reportaje en su país que sorprende por su amenidad, su variedad de temas, su técnica expresiva y su indiscutible calidad literaria.

De pronto, lo que parece un libro más bien fatigoso sobre el “panorama del reportaje literario polaco” reciente (después de la era socialista hasta nuestros días), se torna en un exquisito volumen de relatos que se leen como lo mejor de la buena literatura que uno puede hallar en la actualidad. Pensemos en una correspondencia con el cine: si el cine de ficción pareció haberse agotado y el documental vino a revivirlo, el reportaje literario viene siendo entonces un respiro de la mala literatura que ya nos tiene asfixiados.

Por ejemplo: ¿sabía el lector que hubo un soldado polaco de nombre Ludwick Napoleon Dembinski, que luchó en la guerra de México-Texas de 1836,y que, derivado de su muerte en combate, el gobierno de Texas decidió indemnizar a sus familiares directos con buenas porciones de tierra texana, lo que desencadenó una oleada polaca de supuestos herederos? (“Nosotros, los dueños de Texas”, de la también célebre Malgorzata Szejnert).

¿O que el fusil automático AK-47, mejor conocido como “cuerno de chivo” (uno de los favoritos del narco en México) o “el arma de los terroristas”, fue diseñado y elaborado por un modesto trabajador ferroviario ruso, posteriormente integrante del Partido Comunista de la Unión Soviética, condecorado por el mismísimo Stalin y nombrado miembro de la Academia de Leningrado? (“El camarada Kaláshnikov”, de Jacek Hugo-Bader).

Podemos acercarnos a la trágica y más bien cómica historia de Adam, un antiguo traficante de tabaco y cigarros de postguerra venido a menos en un casi olvidado pueblo fronterizo de Polonia, que termina en silla de ruedas luego de un absurdo accidente, volcándose de este modo su vida familiar en un tormentoso compendio de “putas y burdeles” (“Adam y Ewka vivían en un paraíso”, de Wlodzimierz Nowak). O enterarnos de un sangriento episodio relativo a la situación racial en Sudáfrica, en donde un par de esclavos-trabajadores de terratenientes blancos deciden cometer el asesinato de un arrogante líder comunitario (“La quema de hierba”, de Wojciech Jagielski).

También podemos ser testigos del desenmascaramiento de la enorme y poderosa corporación estadunidense Amway, que poco después de la caída del comunismo en Polonia (1989) se asentó exitosamente en este país, logrando que cientos de trabajadores polacos –y éstos a su vez reclutando a miles– dejaran sus trabajos para engrosar las filas de todos aquellos que “tienen derecho a soñar”, pues, como rezaban los eslóganes de adiestramiento y convencimiento de la empresa: “No importa quién eres y de dónde vienes, sólo debes estar convencido de que puedes alcanzar el éxito.” (“1996: Llévanos al Diamante”, de Mariusz Szczygieł).

O conocer la historia de un hombre en Varsovia que despierta sin recordar su pasado, quien para sobrevivir deberá adquirir una nueva identidad y así reintegrarse a la sociedad gracias al desinteresado apoyo del Centro de Búsqueda de Personas Extraviadas ITAKA de Polonia (“El hombre que se levantó de las vías”, de Wojciech Tochman).

O adentrarnos en la vida interior de Mehemet Ali Agca, sus días en prisión luego del intento de asesinato en 1981 del papa Juan Pablo II en la Plaza de San Pedro en El Vaticano, y la posterior relación de amistad entre el pontífice polaco y el terrorista turco (“El asesino de la ciudad de los chabacanos”, de Witold Szablowski).

O entregarnos a una curiosa aventura perruna: ¿sabía el lector acaso que el número de ciudadanos con mordeduras considerables de perros callejeros que pueblan la hermosa y siempre enigmática ciudad de Bucarest ascendió, sólo en 2010, hasta trece mil? (“La ciudad de los perros”, de la muy joven y multipremiada escritora polaca Malgorzata Rejmer).

Como se ve, la variedad de temas y geografías es notable. Habría que añadir los reportajes “El país romaní de Su Majestad“, sobre la migración masiva de la Europa Central a la Occidental, de Lidia Ostalowska; “Israel”, acerca de la vida de la gente de la calle y la sociedad israelí contemporánea, de Paweł Smolenski; “Los héroes de la selva”, sobre la lucha –a veces mortal– de los ecologistas defensores de la Amazonia, de Artur Domoslawski; y “El Rey Verde”, que es, a decir de los editores, “un viaje literario por la provincia húngara” y, al mismo tiempo, “un intento de análisis de la condición íntima del país en la actualidad”, de Krzysztof Varga.

Muchos de los textos que integran la presente selección son fragmentos de reportajes de mayor extensión, publicados originalmente en la reputada Gazeta Wyborcza o en forma de libro. Reportajes que en realidad son verdaderas obras literarias, llámense novelas, crónicas, ensayos, entrevistas o relatos. Es por lo tanto difícil distinguir hasta qué punto un reportaje es un texto periodístico o un escrito literario como tal. Pero, como afirma Tomasz Pindel en el prólogo: “Si preguntamos a un lector, conocedor del tema, qué tipo de literatura funciona mejor en la literatura polaca, la respuesta será probablemente: el reportaje.”

Finalmente, si un lector acucioso llegara a cuestionarse, con justa razón, a qué se debe el título del libro, El árbol detrás de la ventana (puesto que en la portada vemos otra cosa y ninguno de los textos nos remite a ello), sólo resta decir que todo parece indicar que a los editores, al momento de discutir qué nombre darle a la antología, se les ocurrió el título mientras seguramente alguno de ellos observaba con aire nostálgico y meditabundo precisamente un árbol detrás de la ventana quizá de alguna gris oficina. La pregunta es: ¿sería un abedul? •

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