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Las llaves del deseo: el surrealismo en Centroamérica

La expo surrealista Las llaves del deseo tuvo una maduración y un proceso creativo y organizativo de quince meses. Fue en alguna “teúrgia del atardecer”, entre copas de cristal ahumado, diálogos, sensaciones e ideas, que una voz emergió del sueño y señaló: “Las llaves…”; asintió el poeta, dio su aprobación el psicoanalista y en medio de ese “laboratorio de imágenes” los demás dimos la aquiescencia.

En esta muestra el “deseo” está presente y posee un latido multiforme: el deseo en su vertiente primigenia, con trazos gestuales, juegos del inconsciente, expresiones abstractas, la imaginería experimental, las propuestas figurativas, el automatismo excitante, el abanico poético.

El hecho de realizar la exposición en el “territorio sagrado” de Mesoamérica, con su rica tradición, mitos y símbolos, aunado a la “magia ancestral” y críptica, nos insufló aliento para tratar de armonizar con los participantes de las diversas geografías.

No es extraño que en las amplias salas dialoguen los diseños prehispánicos con los poemas visuales de aire catalán, los “objetos” de inspiración chamánica con los fotomontajes de “relieve holandés”, o las viñetas de origen maya y malekú, con los collages revestidos de “juventud” del mester Cruzeiro Seixas, las obras creadas en su taller de Oaxaca por Susana Wald y Ludwig Zeller y las innovaciones con sello clásico-surreal de Guy Girard o las tesituras poéticas de Claudio Willer, Eros Constantini, Leila Ferraz, Beatriz Hausner, Jhon Sosa, con la solvencia de los surrealistas checos.

En el recorrido por el recinto, de pronto nos podemos encontrar con instalaciones como la concedida al poeta maldito Billy Sáenz, o las estructuras eclécticas del oriental Otto Apuy, o el hermoso montaje sobre papel de Rik Lina, una botella con organismos vivientes, una refrigeradora que rememora “las ingeniosidades” del profesor Tauro, o el leitmotiv de la expo con la rúbrica de GazeLoba: “Entrepiernas”...

No faltan los objetos tridimensionales con el estilo arcaico de Miguel Lohlé, los libros en miniatura, las series de retratos de los vates surrealistas, las máscaras de Floriano Martins, el personal tratamiento del paisaje abstracto de Enrique de Santiago.

La extraordinaria participación de collages (alrededor de trescientos), entre los diferentes artistas, es una expresión muy representativa y orgánica y en total conexión con el surrealismo, ya que esta técnica en sus diversos matices es una de las “experiencias” más “vivas” y “genuinas” del movimiento. Con esto se subraya que el surrealismo es vital y está en evolución permanente.

La expo revela un sugestivo menú: “collages clásicos”, “técnicas mixtas”, “ensambles”, “fusiones experimentales”, “digitales” , “papeles amarillentos”, “foto-copias” y llamativos “poemas visuales”.

La Semana Cultural tuvo una nutrida participación con conferencias de la emblemática pintora Susana Wald, el poeta Floriano Martins, el “Taller de los sueños” del psicólogo junguiano Fabio Guevara, el lanzamiento del poemario Delirios de la lengua, de Aglae Margalli, la presentación del poemario On The Rocks, de Miguel Lohlé, la conferencia del artista Fernando Fuão en torno al collage en Brasil y el lanzamiento del libro Paralelo/centrífugo (poesía visual) de Amirah Gazel y Alfonso Peña. La Semana Cultural se coronó con una lectura de poesía colectiva en las “Ruinas de Cartago”, una pulcra y misteriosa construcción.

Las llaves del deseo está enlazada con un catálogo profesional. Bajo la égida del polifacético artista italiano Gaetano Andreoni, las imágenes desfilan acompañadas de los textos, los efectos acústicos y los cadáveres exquisitos, toda una parafernalia de la imaginación creativa y el inconsciente.

El website de la exposición es http://agorart.org/las_llaves_del_deseo/es/inicio.html

Para concluir, la apertura compositiva de la expo se reafirma con la paráfrasis del teórico Laurens Vancrevel, en el apartado de “Ensayos temáticos” del catálogo:

Deseo, esa salvaje y deliciosa fuerza de vida, ha preocupado siempre la conciencia humana, mientras que al mismo tiempo la encanta. Los filósofos trataron cuidadosamente de encajar el deseo dentro de sus sistemas éticos; los psicoterapeutas le dieron un lugar entre los desórdenes mentales, para poder curar a la humanidad del mismo; los códigos sociales lo redujeron a la invisible esfera privada donde fue aniquilado por códigos morales de la decencia. Sólo los surrealistas se han atrevido a hacer del deseo en todas estas manifestaciones el núcleo de su filosofía de vida.

Así que no es de asombrarse que todo ese deseo y placer se convirtiera en uno de los principales motores del movimiento surrealista desde su concepción, cerca de hace casi un siglo. Las llaves del deseo encaja en una larga tradición de publicaciones, exposiciones y manifestaciones del tema. Para mencionar algunos: La Mariée mise à nu par ses célibataires, de Marcel Duchamp; la famosa y escandalosamente franca investigación colectiva de sexualidad realizada por el grupo surrealista en los años veinte del siglo pasado; L’Âged’Or, el milagro cinematográfico de Luis Buñuel; L’Union Libre, ese obsceno y encantador poema acerca del deseo de André Breton y su sorprendente libro L’Amourfou (“Amor loco”); y más recientemente las legendarias exposiciones colectivas; E.R.O.S. e Intrusion in the Enchanter’s Domain, además MarvelousFreedom: Vigilance of Desire” sin olvidar la última obra maestra de Buñuel: Ese obscuro objeto del deseo

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