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Jornada de Poesía
Por Juan Domingo Argüelles

Gabriel Zaid y el progreso en la poesía

Gabriel Zaid, atento lector de la realidad y uno de los mayores conocedores de la historia cultural, publicó una lista de hitos universales en su reciente libro Cronología del progreso (Debate, México, 2016).

“Progreso es toda innovación favorable a la vida humana”, define Zaid, y más allá del progreso material y tecnológico, que el poeta y ensayista analiza lúcidamente en este libro, está también la conciencia moral que también progresa. “Hay hechos capitales (como la bomba atómica) que no pueden ser vistos como progresos”, acota. ¿Se puede hablar de “progreso” en la poesía? Sí. Y también de estancamiento y retroceso. Al igual que en cualquier otro ámbito de la creación humana.

En la cultura y en el arte hay hitos (no confundir con mitos) sin los cuales no podríamos entender nuestro ser y estar en el mundo. Desde la invención de la lira, en el 2400 AC hasta la publicación de Blanco, de Octavio Paz, en 1966, Zaid nos guía por la historia del avance cultural e identifica los acontecimientos que obraron en el progreso poético. Destacar los que corresponden a la cultura poética, muy especialmente, es una forma de invitar a leer este libro indispensable e inspirador.

Por ejemplo, la invención del autor, en el 2285 AC, cuando la princesa y poetisa acadia Enheduanna firma sus himnos en Ur. De la era anterior a Cristo son también la invención de la poesía amorosa (1500) y la invención de la rima (1000) en las canciones chinas. Asimismo, la composición oral de la Ilíada y la Odisea (800), el “Himno a Afrodita” (600), de Safo, los Upanishad (500), el Cantar de los Cantares (350), el Ramayana (250), de Valmiki, los Poemas (60), de Catulo, las Geórgicas (29), de Virgilio, y las Odas (23), de Horacio.

Pertenecientes a nuestra era son las Sátiras, de Juvenal, que datan del año 100; las Rubaiyat (1079), de Omar Jayam; la invención del soneto (1240) por Giacomo da Lentini; La divina comedia (1304), de Dante; el Cancionero (1470), de Petrarca; Romeo y Julieta (1595) y Hamlet (1600), de Shakespeare; las Soledades (1613), de Góngora, y el insuperable soneto “Amor constante más allá de la muerte” (1625), de Quevedo. No pasa por alto Gabriel Zaid la poesía dramática de los Siglos de Oro español, con Fuenteovejuna (1614), de Lope de Vega; La verdad sospechosa (1624), de Juan Ruiz de Alarcón, y La vida es sueño (1635), de Pedro Calderón de la Barca.

Otros hitos de la cultura poética en la era cristiana son, para Zaid, El paraíso perdido (1667), de John Milton; Sendas de Oku (1694), de Matsuo Basho; Matrimonio del cielo y del infierno (1793), de William Blake; las Baladas líricas (1798), de Wordsworth y Coleridge; Hojas de hierba (1855), de Whitman; Las flores del mal (1857), de Baudelaire; “The snake” (1862), de Emily Dickinson; las Iluminaciones (1874), de Rimbaud; las Poesías (1887), de Mallarmé; los Alcoholes (1913), de Apollinaire; Platero y yo (1914), de Juan Ramón Jiménez; El cementerio marino (1920), de Paul Valéry; “The Second Coming” (1920), de W. B.. Yeats; Tierra baldía (1922), de T. S. Eliot; Trilce (1922), de César Vallejo; Anábasis (1924), de Saint-John Perse; Personae (1926), de Ezra Pound; Romancero gitano (1928), de García Lorca; Residencia en la tierra (1935), de Pablo Neruda, y Otro tiempo (1940), de W. H. Auden.

Gabriel Zaid sentencia que intentar una cronología del progreso es hacer un listado discutible: “En primer lugar, por la interpretación. En segundo lugar, porque muchas innovaciones son tan graduales que no es fácil determinar cuál es el grado decisivo”. Pero, sea como fuere, en la cronología del progreso, en medio de acontecimientos científicos, tecnológicos y culturales; en medio de descubrimientos e invenciones que han cambiado la historia y el destino de muchos seres humanos, están los de la cultura y el arte y, dentro de éstos, los de la creación literaria donde un espacio muy significativo lo ocupan la cultura poética en general y la poesía en particular.

Lo que Gabriel Zaid ha hecho en este libro es ofrecernos muchísimas señales del progreso humano dentro del cual la poesía ha participado de manera decisiva, tan decisiva como cuando, en 1914, “Pessoa inventa poetas y crea su obra”, o cuando, en 1939, “los poemas de Ana Ajmátova circulan en samizdat”. Hitos así determinaron muchas cosas en la cronología del progreso poético. Como otras tantas veces, de la manera más lúcida, Gabriel Zaid nos ayuda a comprender el alto valor de la cultura.

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