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Jornada de Poesía
Por Juan Domingo Argüelles

No hay fragata como un libro (traducir poesía)

Silvina Ocampo (1903-1993) fue mejor cuentista que poetisa. Seguramente por esto, cuando tradujo, de manera literal, los Poemas, de Emily Dickinson (Tusquets, 1985), no les hizo mucha justicia. Su literalidad apaga la hondura y la música originales que otros traductores, menos fieles pero más poéticos, revelan y comparten, especialmente porque, cuando traducen, también producen poesía.

Aunque Borges elogió las traducciones que su amiga y compatriota hizo de los poemas de Dickinson, no hay que dejarse impresionar... ni siquiera por Borges. La amistad suele traicionar la objetividad. Escribió en el prólogo: “Silvina Ocampo es, fuera de duda, la máxima poeta argentina; la cadencia, la entonación, la pudorosa complejidad de Emily Dickinson aguardan al lector de estas páginas, en una suerte de venturosa transmigración.”

Fue un excesivo cumplido, pues no puede estar “fuera de duda” la calificación de “máxima poeta argentina” cuando se tiene en la baraja a Olga Orozco (1920-1999) y a Alejandra Pizarnik (1936-1972). Y, justamente la cadencia, la entonación y la pudorosa complejidad de Emily Dickinson, así como su misteriosa profundidad, a la par emotiva e inteligente, es todo eso que uno echa de menos en las traducciones literales que Ocampo hizo de Dickinson.

Pongo como ejemplo el célebre poema 1263 (número fijado en la edición de la obra completa de Dickinson establecida por Thomas H. Johnson). Ésta es la versión original en inglés: “There is no Frigate like a Book/ To take us Lands away/ Nor any Coursers like a Page/ Of prancing Poetry–/ This Travers may the poorest take/ Without oppress of Toll–/ How frugal is the Charriot/ That bears the Human soul.” Y así traduce el poema Silvina Ocampo: “No hay fragata como un libro/ para llevarnos a tierras lejanas/ ni corceles como una página/ de burbujeante poesía / esta travesía el más pobre puede hacer/ sin la opresión del peaje–/ cuán frugal es el carruaje/ que lleva el alma humana.”

La siguiente es la traducción de Sergio Cordero, tomada de su libro El púrpura ñu: Versiones de poesía 1985-2015 (Cuadernos de la Revista Literaria Efímera, Monterrey, 2015): “No hay fragata como un libro/ que nos lleve a lejanías,/ ni corcel de altivo trote/ como la hoja de poesía./ Viaje que el más pobre toma/ sin obligación de paga,/ ¡cuán frugal es el carruaje/ portador del alma humana.”

A la versión de Silvina Ocampo le faltan, precisamente, la cadencia y la entonación que validó su amigo Borges; y carece también de profundidad evocadora. Pero, además, traiciona la literalidad en el verso “Of prancing Poetry”: literalmente: “de encabritada poesía”, referida obviamente a los “corceles” del verso que le antecede. Traducir prancing como “burbujeante” no es exacto ni muy poético. Además, Ocampo vierte este poema en las más diversas métricas: hay lo mismo versos de siete sílabas que de ocho, nueve, diez, once y catorce inclusive. La armonía original del juego de versos de siete, ocho y nueve sílabas se pierde y, además, los versos sexto y séptimo tienen en esta versión al español una rima consonante (“peaje” con “carruaje”) que afea la blanca música del poema.

Cordero, en cambio, elige una métrica regular. En su traducción, todos los versos son octosílabos. Conserva la música leve y alada de la poesía de Dickinson, y le da un remate al poema con una rima asonante en los versos sexto y octavo (“paga” y “humana”) que hacen justicia a los sonidos finales en inglés, para nada idénticos, en el poema original: Toll y soul. Los cuatro últimos versos de este poema inolvidable suenan mal en la traducción de Ocampo con 14-8-8-7 sílabas respectivamente. En cambio, en la traducción de Cordero, la métrica octosilábica y la rima asonante en dos de los versos hacen que el poema se fije en la emoción... y en la memoria: “Viaje que el más pobre toma/ sin obligación de paga,/ cuán frugal es el carruaje/ portador del alma humana.”

Las traducciones literarias son un alimento indispensable para quienes no leemos con fina destreza en otro idioma que no sea el español, teniéndonos que acompañar de diccionarios bilingües. Por ello es tan importante que el arte de la traducción consiga entregarnos la esencia del original. Especialmente en poesía. En el caso de la traducción poética, sostiene Sergio Cordero: “Es importante además que el traductor no sólo se limite a entender el texto, debe sentirlo para que pueda realmente hacer un buen trabajo.”

Su traducción de este poema de Dickinson es un buen ejemplo de lo que afirma.

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