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Artes Visuales
Por Germaine Gómez Haro

Arte mexicano en Europa: México en el Grand Palaisde París (II Y ÚLTIMA)

 

Una de las exhibiciones más esperadas este otoño parisino es México –1900-1950– Diego Rivera, Frida Kahlo, José Clemente Orozco y las vanguardias, que se despliega a lo largo de mil 300 m2 del suntuoso palacio de cristal que recibe 203 obras de sesenta artistas entre pintura, escultura, dibujo, grabado, fotografía, video y cine. Desde 1953 no se hacía en la capital francesa una muestra de esta magnitud dedicada a México. Con una afluencia que ha rebasado las expectativas –un promedio de 1,500 visitantes diarios– esta exposición está concebida como un parteaguas en la apreciación del arte mexicano de la primera mitad del siglo XX en el extranjero.

La muestra fue curada por Agustín Arteaga –exdirector del Museo Nacional de Arte de México (MUNAL) y actual director del Museo de Arte de Dallas–, con quien coincidí en mi visita a la exhibición. Acerca de su proyecto curatorial comenta para este suplemento: “Hay una percepción de México en general que está basada en el cliché. Una de las cosas que queremos demostrar es que hay toda una historia y un desarrollo del arte mexicano que no nace solamente con la Revolución, ni es siempre colorido y festivo. Hay visiones y acciones que tuvieron los artistas que pautaron una primera mitad del siglo XX muy activa donde coexistían alternativas que tenían una intención cosmopolita y de modernidad, y veían hacia la idea del futuro, de la velocidad, de la tecnología versus el arte social y político. Y dentro del arte social, hay un arte que era meramente utópico, que daba cuenta de las tradiciones populares como lo vemos en Rivera, y otro que era verdaderamente militante, y así hay otras historias que nos dan la oportunidad de ver los árboles dentro del bosque ya que las figuras de los grandes han eclipsado a tantos otros artistas. ” Y es que, efectivamente, la atención desmedida al muralismo dejó en la obscuridad a muchos pintores de caballete sobresalientes. Arteaga presenta a todos los artistas célebres y representativos de la primera mitad del siglo XX, pero también incluye nombres poco conocidos que resultan una grata sorpresa y confirman la coexistencia de esa versatilidad de estilos y temáticas.

La muestra da inicio con obras inspiradas en el realismo y el romanticismo que muestran que ya en el XIX, a raíz de la República Restaurada, existía la necesidad de plasmar la identidad mexicana. Movimientos como el modernismo y el decadentismo tuvieron eco en la creación mexicana fin de siècle y los artistas que viajaron a París a principios del XX absorbieron las lecciones de las incipientes vanguardias como el cubismo. El recorrido lleva al espectador a apreciar las diferentes facetas del arte revolucionario e indigenista, toda vez que se recalca fuertemente y con ejemplos notables la presencia de aquellos artistas que se desarrollaron al margen del discurso ideológico y experimentaron las vanguardias con obras frescas y novedosas que seguramente sorprenderán al público. Un gran acierto en la curaduría es el núcleo dedicado a las “mujeres fuertes”, como las llama Arteaga: las creadoras que cuentan con una obra realmente importante y que hasta hace relativamente poco habían permanecido al margen de las figuras masculinas y a la sombra de Frida, que no fue la primera ni la única. La llegada a nuestro país de los artistas que huyeron de la segunda guerra mundial marca el inicio del fascinante capítulo que es el surrealismo en México, así como también se destaca la presencia de los mexicanos que dejaron huella en Estados Unidos. Arteaga marca el fin de esta gran época en 1949, con la muerte de Orozco y la llegada a México de Mathias Goeritz quien abrirá nuevos derroteros para el arte mexicano de la segunda mitad del siglo. Cabe señalar que la museografía es espléndida: sobria y elegante, a diferencia de la chabacanería de colores disparatados que se utilizaron en la exposición de Diego y Frida en L´Orangerie hace tres años. Es de celebrar que por fin se entienda que el arte mexicano es mucho más que exotismo y color.

Agrega el curador: “La intención es que se vea que en México ha habido un continuum en el desarrollo de las artes. Una cultura sucede a la otra y siempre ha habido un esplendor y un renacimiento.” Como muestra de este continuum, se incluyeron tres artistas contemporáneos (Gabriel Orozco, Rafael Lozano Hemmer y Minerva Cuevas) cuya presencia, en mi opinión, resulta forzada. La exposición es un fresco de óptima calidad, una ambiciosa muestra de la riqueza estética y versatilidad de la creación plástica mexicana que merece conformar un capítulo importante en la historia del arte universal.

 

 

 

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