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Tomar la Palabra
Por Agustín Ramos

Delirios (II Y ÚLTIMA)

 

Esto, que representaba el agujero negro para el noventa y nueve por ciento, fue la fuente de la eterna juventud para los amos, porque les permitía aspirar a una inmortalidad propia de dioses y confería viabilidad a su sistema. Esta industria, como todas, funcionaba y se reproducía merced a gobernantes laicos y religiosos, con gente de armas y piaras intelectuales; es decir, mediante operadores que recibían su cuota de privilegios materiales e inmateriales… Lo material, la riqueza, no se reducía a ello, y lo inmaterial radicaba en la impunidad, la prepotencia, la injusticia y, ante todo, en el sueño de permanecer en el cielo de los amos. Esta ilusión de quedar a salvo del infierno generaba malformaciones, megalomanías y corrupciones inimaginables, porque en un punto intermedio entre lo material y lo inmaterial se encontraba el ejercicio del dominio, esa mezcla de ilusión y pesadilla, ese adhesivo imprescindible de la industria de los órganos humanos.

El sueño del cielo eterno, aspiración exclusiva del uno por ciento de la humanidad, debía realizarse ante los límites de la regeneración, ante lo finito de los nervios, del miocardio, del cristalino ocular y de otros tejidos sociales o corpóreos, y ante las fallas en los procesos de mantenimiento y reparación corporal. Y podía realizarse, según se tratara de incapacidad para la regeneración o de aumento en la degeneración orgánica, por inoculación de sustancias extraídas de cuerpos vivos (enzimas, ácidos y proteínas preferentemente de nonatos, neonatos e infantes, adolescentes y jóvenes); mediante el reemplazo de células, de tejidos (conectivos, epiteliales, musculares, óseos, medulares, nerviosos) o bien de órganos enteros como (en este orden según los datos disponibles) riñones, hígados, corazones, páncreas, pulmones e intestinos (orden que regía en paralelo los precios promedio del mercado visible, de 150 mil a 10 mil euros).

Dije “visible” y “datos disponibles” porque sólo eso se podía comprobar. Las terapias milagrosas y los trasplantes se seguían registrando, y para su práctica legal o ilegal se erogaba un total de 32 millones de dólares anuales. Esto se difundía para que fantasearan con cirugías (e incluso se las realizaran) quienes se creían pudientes aunque sólo fungieran como operadores y fabricantes de la apariencia, de esa punta de la hebra de la realidad montada para los habitantes del Infierno. El Infierno tenía, ya se sabe y no busco ser original, diversos círculos. Después del último, donde padecían tormento los indiscutiblemente prescindibles, estaba el círculo de los estorbosos, es decir los desempleados y aquellos que por condición temporal, espacial y social no convenían ni como reserva, me refiero a los jóvenes, los migrantes y los radicales libres.

Aquí debo hacer un paréntesis para describir el ocultamiento de la desaparición forzada… El fenómeno del tráfico de órganos empezó como rumor derivado de los trasplantes legales y la escasez de donantes. Después se convirtió en delito muchas veces incomprobable pero siempre rastreable por las cifras de demanda y las tasas de satisfacción de tal demanda, ya fuera en países totalitarios, autodenominados socialistas, como China, exYugoslavia y Ucrania, ya en los autodenominados democráticos, como eu, Gran Bretaña, Israel, Francia y Alemania, o bien en países con desigualdad extrema como Mozambique, Pakistán, Haití y México… Hasta que derivó en la etapa infernal del sistema de explotación de la humanidad, misma que puedo recapitular así: la sobreexplotación llevó a esclavitudes invisibles y visibles, éstas representaron una regresión a la época en que la gente tenía precio (en la Nueva España, por ejemplo, un esclavo podía valorarse en una media de 300 pesos plata), esa apreciación degradó al cuerpo humano a mercancía altamente rentable. Su industrialización, sin metáfora, exprimía la materia prima. En consecuencia la rentabilidad superó a la de la industria de la extracción y precisó de desapariciones.

Nadie hablaba de robo de órganos, como tampoco de desapariciones forzadas, sin embargo las evidencias brillaban en la salud del uno por ciento y en el alza estratosférica de la esperanza de su vida. Hasta que desapareció la última apariencia, revelando procedimientos diferentes para extraer y elaborar sustancias rejuvenecedoras a partir de células madre, plasma, placentas, bulbos raquídeos, gónadas, órganos reproductivos…

 

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