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Jornada Virtual
Por Naief Yehya

Moonlight, de Barry Jenkins

 

TIEMPOS DE DESILUSIÓN

Podríamos decir que ya hemos tenido una dosis sostenida de desilusiones políticas, que somos veteranos de elecciones completamente en contra de nuestras expectativas y de lo que consideramos el bien común. Podríamos pensar que lo hemos visto todo y que tomar muy en serio estas decepciones es absurdo, ya que sabíamos que lo que más podíamos esperar era el menor de los males. Sin embargo, podemos atrevernos a intuir que esta vez Estados Unidos está entrando en un territorio desconocido, o más bien en un territorio que había sido repudiado y abandonado tras décadas de lucha social, activismo y desobediencia civil. El triunfo de Donald Trump representa el regreso a un tiempo en que ser racista, xenofóbico, homofóbico y abusivo es considerado aceptable. El triunfo republicano responde a una violenta revancha de una población rural, obrera, desempleada, asustada, conservadora y profundamente resentida con el partido que los ha traicionado: el demócrata.

 

TRES ETAPAS, TRES DRAMAS

La cinta Moonlight, de Barry Jenkins, aparece en un año sobrecargado de violencia racial en que docenas de jóvenes negros han sido asesinados a manos de la ley, en que ha aparecido el movimiento Black Lives Matter, en que la comunidad LGBT ha logrado importantes conquistas, pero también ha sido objeto de un renovado y violento acoso. La película se estrenó en el Festival de Nueva York, mientras la atmósfera se envilecía con la promesa tóxica de un mítico regreso a un pasado de orden y progreso: “Make America Great Again”, que hizo un candidato que específicamente culpó a los mexicanos y a los musulmanes del terror y la inseguridad. La película, que muchos celebran como lo mejor del cine estadunidense de 2016, cuenta tres episodios en la vida de un hombre negro, nacido en un barrio pobre de Miami, que comienza en los años ochenta. En cada episodio tiene un apodo: en su niñez lo llaman Little (Alex Hibbert), en la adolescencia Chiron (Ashton Sanders) y como adulto Black (Trevante Rhodes). Little es acosado por sus compañeros, su madre se vuelve adicta al crack y el niño encuentra una imagen paterna en Juan (Mahershala Ali), un vendedor de drogas que reconoce su predicamento y que junto con su novia Paula (Naomie Harris) se convierte en su protector y en una especie de familia alternativa que lo ayuda a sobrevivir. De cualquier manera, Chiron sigue siendo victima de los bullies en la secundaria y de las agresiones de su madre. Cuando por fin decide defenderse, termina en la cárcel y se convierte en un musculoso, ecuánime y nostálgico maleante.

 

SOLEDAD Y RECHAZO

Moonlight está basada en la obra de teatro de Tarrell Alvin McCraney, Moonlight Black Boys Look Blue, y es un filme extraordinario por la manera elocuente y humana con que presenta la soledad, angustia e inseguridad de un joven gay en un mundo intolerante y hostil. Chiron aprende a esconder sus deseos y a desarrollar una coraza impenetrable. Quizás la principal virtud de la cinematografía de Jenkins es evitar todo melodrama y hacer patente la angustia sin estridencias ni sobresaltos sentimentales. Si, por un lado, Jenkins hace un recuento trágicamente realista de las consecuencias habituales de la vida en los guetos, por la otra se resiste a emplear lugares comunes y a negar la humanidad de sus personajes. Inicialmente parece que Juan manipulará a Little o abusará de él, en cambio le da de comer, le enseña a nadar y, más importante aún, le dice que no debe sentirse avergonzado por su sexualidad. La escena más punzante del filme tiene lugar cuando Black se reencuentra con Kevin (André Holland), el excompañero de la escuela con quien tuvo su primera experiencia erótica y descubrió el deseo amoroso. La conversación, los silencios, las miradas y la tensión de los rostros y gestos crea un apabullante mosaico de emociones a partir de un contexto en gran medida inferido. Es un epílogo desgarrador e intenso a décadas de sufrimiento y represión.

 

UN NUEVO VIEJO MUNDO

Moonlight es el apropiado y esperanzador contraste en un año en que hasta la nueva versión de Los Cazafantasmas (Paul Feig) fue objeto de ataques violentos de misoginia y racismo. La llegada al poder de Barack Obama en 2008 fue imaginada como el alba de la “America postracial”, como la llegada de una nueva era de apertura, el inicio de un nuevo contrato social. La presidencia del primer presidente negro termina rodeada de violencia racial y con un clima sexista y homofóbico digno del siglo XIX. Es claro que el régimen de Obama y su secretaria de Estado Clinton fue intervencionista y contribuyó a la hecatombe bélica que incendia el Medio Oriente. Sin embargo, Obama por lo menos trató de cambiar la narrativa de segregación, despojo y abuso que ha dominado a este país desde sus orígenes. La cinta de Jenkins sirve como una triste despedida a un experimento social fallido, por lo menos por ahora.

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