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Paso a Retirarme
Por Ana García Bergua

Cosas que quisiera

 

Para Alfredo

 

Siempre estoy preocupada porque mi columna no puede ser de actualidad, ya que la escribo con más de una semana de antelación y a últimas fechas suceden tantas cosas y tan rápido siempre que es imposible alcanzarlas. Ahora, por ejemplo, quisiera que, el domingo en que se publique esta columna, la pesadilla de que Donald Trump salió electo como presidente de Estados Unidos no haya sido más que eso, una pesadilla; que, como en la película Volver al futuro, haya sido una especie de capítulo equivocado de la historia, un error pasajero que mantuvo nuestra respiración en vilo por un pequeño tiempo nada más, pero un suceso tan extraordinario como una máquina del tiempo lo corrigió. Quisiera, por ejemplo, que algún lector me regañe por estar tan atrasada de noticias: acuérdate de que hace apenas una semana hubo un tremendo escándalo luego de que Trump pretendiera convertir la Casa Blanca en hotel lujoso e insistiera en agarrar el pussy de una serie de mandatarias y funcionarias de la OTAN y el FMI, por lo que le quitaron la presidencia en una ceremonia ominosa y de pena ajena donde se descubrió que, debajo del berrendo copete, lanzado al aire por la presión de una ira de horario para todo público, no había más que deyecciones de pavo, confeti y centavos. Que los lectores me digan: acuérdate, Ana, cómo el señor Trump, luego de ser depuesto, tropezó con un pliegue de la alfombra y salió volando por una de las ventanas de la Casa Blanca, cómo rebotó en un arbusto –y los jardineros de variados orígenes que ahí se encontraban, hicieron como que la Virgen les hablaba– y después se elevó convertido en un globo azul y dorado que desapareció como un mal sueño, como una ventosidad que se lanza distraídamente y se pierde en el cielo azul.

Quizá, en una semana y media, estaremos celebrando el prodigio de que, durante una reunión de sus kukuxklanescos asesores para quemar harto petróleo y carbón festejando el fin de la patraña del cambio climático, un alud de nieve selectivo y didáctico los aplastó para siempre. Qué feliz seré si esta columna de horror por Trump, con los despertares confusos y angustiados de estos días, resulta obsoleta, luego de los prodigios que han llevado a su desaparición y que incluyen la elección de una hermana gemela de Michelle Obama como presidente, pues Hillary se habría quedado muda de la sorpresa y ya no podría gobernar su poderosísimo país.

Y por cierto, me seguirán regañando mis actualizados lectores, por escribir sobre noticias atrasadas, no mencionaste que nuestro presidente se quedó sordo (o más bien por fin se dieron cuenta de que ya lo estaba desdendenantes) y se convoca a elecciones anticipadas, sólo esperamos que no nos caiga Trump luego de su periplo por la estratósfera como el Dr. Evil de Austin Powers.

Pero no. La realidad horrenda como un sucio chicle pegado seguirá ahí cuando salga mi artículo, los videos de rednecks tatuados gritándoles estupideces a aterrados mexicanos del otro lado de la frontera se verán por todas partes y el Ku Klux Klan habrá desfilado con antorchas y esos picos ridículos en la cabeza como los de la Inquisición. Espero que la hamburguesa se les atragante y los gorros se les incendien, sincerely.

 

Epílogo

Hace días fui a ponerle gasolina al coche. Le pregunté a la señora que atendía en la gasolinera si ahí aceptaban cierta tarjeta. Sí, me respondió, pero a veces la máquina no la acepta, nunca sabemos si va a funcionar. ¿Y entonces qué hago?, le dije, no traigo dinero en efectivo, mejor me voy. No, no, vamos a ver si funciona esta vez, insistió, empuñando muy quitada de la pena el dispensador de combustible. ¿Pero y si no sirve la tarjeta, qué hacemos? Pues corremos, contestó, muerta de la risa. Por suerte todo funcionó bien y pude pagar mi gasolina –ya me veía con el mameluco verde sirviendo a los próximos clientes–, pero no dejaba de ser una curiosa apuesta. Algo así me da la impresión de que hicieron los estadunidenses en sus elecciones. Primero los republicanos: este tipo se puede poner medio loco, ¿aceptamos que se lance de candidato? Vamos a probar, en una de ésas funciona. Y los que votaron por él aun cuando no estuvieran del todo de acuerdo con sus ideas (bueno, si se les pueden llamar así), me temo, pensaron lo mismo. ¿Y si no resulta?, habrá preguntado uno, despertando momentáneamente de la metanfetamina. Pues corremos, le habrá dicho el otro.

Aguas, porque ahí vienen. Les tendremos que dar asilo a todos.

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