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Tomar la Palabra
Por Agustín Ramos

Un solo horror verdadero

 

Tomen en serio a Trump por favorrrr –suplicaba en Televisa (Bot Of Pleises) el exsecretario bilingüe Castañeda durante las recientes elecciones de Estados Unidos.

Otro tiranosaurio decía en los noventa del otro siglo que en política los enemigos son de veritas y los amigos de mentiritas. También, la derecha es de verdad y la izquierda de mentira. Y en esta última abundan los analistas que por vergüenza o por no parecer anacrónicos eluden referirse en sus textos a la quiebra capitalista de proporciones similares a la del ‘29 y a la fórmula (neoliberal) que extiende, disimula y, por amor o por la fuerza, pasa la factura del nuevo crack a las clases subordinadas, mediante elecciones libres, fraudes y golpes parlamentarios como los ocurridos en Argentina, Brasil y México. Pero volviendo, ja, a las elecciones libres, en esos mismos años noventa, ya con el neoliberalismo a toda marcha , Raymond A. Landry señaló, en “Ética y democracia electoral en Canadá”, que entre las condiciones para considerar democráticas unas elecciones, “las campañas se deben realizar con justicia razonable, en el sentido de que ni la ley ni la violencia ni la intimidación deben impedir que los candidatos presenten sus opiniones y calificaciones o impedir que los votantes tomen conocimiento de ellas y las debatan”.

Ahora abunda sobre la cuestión electoral otra canadiense, Naomi Klein. Autora de los clásicos No logo. El poder de las marcas y La doctrina del shock. El auge del capitalismo del desastre, esta belleza escribe el artículo “La clase de Davos selló el destino de Estados Unidos” (The Guardian, traducción de Tania Molina Ramírez) para afirmar que las principales responsables del triunfo de Trump son “las políticas neoliberales de desregulación, privatización, austeridad y comercio empresarial”. Bajo ellas, continúa, “los estándares de vida [de las mayorías votantes] han caído drásticamente. Han perdido sus empleos. Han perdido sus pensiones. Han perdido buena parte de la seguridad social que permitía que estas pérdidas fueran menos aterradoras. Ven un futuro aún peor que su precario presente”. Frente a ello está “la clase de Davos, una ultraconectada red de multimillonarios de los sectores banquero y tecnológico, líderes electos por el voto popular que están terriblemente cómodos con esos intereses, y celebridades de Hollywood que hacen que todo se vea insoportablemente glamoroso.” Por eso, por el enojo y el dolor mayoritarios, explica Klein, se registra el viraje a la derecha. Por eso y por la ausencia de una verdadera izquierda. Y da ejemplos de que ésta es posible: “En Canadá comenzamos a construir [una coalición] bajo la bandera de una agenda popular llamada El Manifiesto Dar el Salto, suscrito por más de 220 organizaciones, desde Greenpeace Canadá a Las Vidas Negras Importan–Toronto y algunos de nuestros mayores sindicatos”. Y no es su único ejemplo…

¿Se necesitan, pues, coyunturas electorales para actuar, cuando la imagología mercadotécnica ha desplazado el discurso racional como método proselitista, sustituyéndolo por el otrora repudiado culto a la personalidad propio de regímenes totalitarios como China y la URSS, la Italia fascista y la Alemania nazi, de tal manera que el lavado de cerebro deja de ser una condenable herramienta antihumana para transformarse taimadamente en una costumbre propia de la democracia sin adjetivos practicada por el bloque neoliberal de la OCDE y sus ratones? ¡Y todavía hay quien se extraña de que hayan fallado las encuestadoras, como si ignorara que éstas han derivado a meras agencias de propaganda! ¡Ítem más! Así, al fraude consustancial que conllevan los comicios, se suman las casi infinitas modalidades de fraude insertas y aclimatadas en tierras de mapaches, alquimistas y demás fauna amoral que se da como tequesquite en tierras de temporal.

Concluyo. Ni antes ni después ni durante las elecciones gringas el neoliberalismo se convirtió en la fase buena o menos peor del capitalismo: En tiempos de globalización forzada y de desfiguración bárbara de soberanías, esas elecciones reiteraron lo que todos sabíamos: que en los sistemas de explotación y depredación los comicios son, han sido y serán, exclusivamente, maniobras legitimadoras para los administradores de tales sistemas, aunque las avestruces del intelecto pretendan hacernos ver otra cosa para meternos en el frasco de la guerra contra el Mal, el Peligro y demás populismos/terrorismos que ellas mismas incubaron.

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