Usted está aquí: Portada / Para Leer / Emily Dickinson vista con anteojos...
Usted está aquí: Portada / Para Leer / Emily Dickinson vista con anteojos...
P11_R4Web.jpg
Emily Dickinson vista con anteojos...
Emily Dickinson, poemas, Traducción de María Milagros Rivera Garretas y Ana Mañeru Méndez, Sabina Editorial, España, 2013-2015.
Por Alejandra Atala

Esta magnífica traducción de los mil 786 poemas de Emily Dickinson, por Ana Mañeru Méndez y María-Milagros Rivera Garretas, es una obra que se ha materializado –bilingüe– en tres volúmenes: Azul: Fue-culpa-del Paraíso; Rojo: Soldar un Abismo con Aire y Verde: Nuestro Puerto un secreto; de una manufactura tersa y amable tendida sobre la sedosa piel de 2 mil 352 páginas y tres cd’s en el seno de cada uno que, como tales, ha hecho posible Sabina Editorial; es una obra no sólo entendida como producto mercantil sino, sobre todo y parafraseando a la búlgara Julia Kristeva, porque obra en quienes la leen y la escuchan.

Esta ventana de espacio sin tiempo se abre con la luz y la guía que arrojan sobre sus páginas la sensibilidad, la pasión y el conocimiento de las traductoras españolas que por más de diez años fueron realizando, en relación, el traslado del cosmos de la vida y las letras de Emily Dickinson. Ana Mañeru Méndez (poeta, madre, economista, profesora) y María-Milagros Rivera Garretas (ensayista, historiadora, madre, abuela, filóloga, investigadora de Duoda), leales a la congruencia en su propia experiencia de la lírica dickinsoniana que se transforma en voz y en pensamiento, en práctica y obediencia, en el rigor inevitable que deviene de la conciencia ablandada por amor, nos develan a través de la urdimbre de sentido que da el tejido de la poesía y los veneros biográficos de Emily, el paisaje de un orden que debía, creo yo, haber llegado desde hace más de ciento cincuenta años, para encontrar su blanca y brillante definición, sin el espejismo que ocurre una y otra vez y cada vez que “el espectáculo asesina al imaginario” (Julia Kristeva) y a la intuición, en donde los protagonistas han sido el remiendo, la copia, la trituración de quien pasa con pies de plomo arrasando con la razón poética (María Zambrano), con la existencia y la escritura del relato/encarnado de la autora, haciéndolo trizas, cortándolo, corrigiéndolo y hasta complementándolo para hacerlo caber, a como dé lugar, en el canon establecido de la poesía –para entonces aceptarla como tal–… parece que había sido mucho pedir el retomar el camino de regreso a casa y de regalar una mirada a lo que es bello y verdadero: al Sentido que te obliga a ponerte en juego, a exponerte, a hablar en primera persona y a partir de sí, abriéndote en absoluta indefensión en complicidad con una conciencia dócil para entonces recibir el fruto más hermoso de una existencia luminosa: “Morí por la Belleza –pero estaba apenas/ Acomodada en la Tumba/ Cuando Uno que había muerto por la Verdad, fue depositado/ En una Habitación contigua/ Él indagó en voz baja ‘¿Por qué había fallecido yo?’/ ‘Por la Belleza’, contesté/ ‘Y Yo –por la Verdad– Ambas son Una”/ “Cofrades, somos”, dijo Él”/ Y así, como Parientes, que se conocieron una Noche/ Hablamos entre las habitaciones/ Hasta que el Musgo alcanzó nuestros labios/ Y tapó– Nuestros nombres.”

Bien dice la poeta afroamericana Audre Lorde, que “las herramientas del amo nunca desmontan la casa del amo.” Y las herramientas sensibles de las dos traductoras no son las del orden de la jerarquía pero sí aquellas que abren un espacio de reconocimiento y respeto a la vida y al relato/encarnado –como lo definen ellas mismas– que es la poesía de Emily Dickinson, y de esta manera también nos regalan dos generosos prólogos y un epílogo seriamente abastecidos del más depurado y fidedigno conocimiento de la gran poeta de Amherst, revelando-nos con empeño, fervor y claridad la fuente del ingenio y la inspiración de Dickinson, es decir, su amor insobornable hacia Susan Huntington Gilbert, su amiga, su alma par, su compañera… su cuñada.

Dicen Rivera Garretas y Mañeru Méndez que esa experiencia de la relación con Susan fue el abrevadero de donde los labios de Emily fueron libando las delicias que daban forma, propósito y potencia a los hijos de su entraña, los versos que nacían como saetas agudas segando la obscuridad y la tiniebla para darle orden y concierto a un caos que nació con la herida infligida en su cuerpo, por el incesto en el abuso de su padre y hermano: horror convertido, en manos de hilandera fina, en belleza.

1240
VIDEOS
comentarios de blog provistos por Disqus