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Jornada Virtual
Por Naief Yehya

Obama, primer presidente de la guerra permanente (I DE II)

 

EL INCENDIO

Barack Obama recibió la presidencia de Estados Unidos en enero de 2009 con Medio Oriente en llamas y tropas estadunidenses empantanadas en violentos combates en Afganistán e Irak. La economía seguía hecha pedazos después de la catástrofe bursátil de 2007 y la confianza popular quedó deshecha cuando los responsables ni siquiera recibieron un regaño. Obama prometió terminar esas guerras, cerrar la prisión de Guantánamo y comenzar una nueva relación con el mundo islámico (en su famosa conferencia de El Cairo). En 2017 el primer presidente negro dejará el poder habiendo extendido el incendio. La guerra civil en Siria comenzó en 2011, como parte de la Primavera árabe, y tomó un cauce de violencia después de que quince niños fueron arrestados y torturados por pintar grafiti. Uno de ellos, Hamza al-Khateeb, de trece años, fue asesinado y su cuerpo fue devuelto a su familia brutalmente mutilado a manera de una terrorífica amenaza. Pero en vez de que la gente callara y se sometiera, la revuelta creció. En lugar de pedir democracia, la gente comenzó a exigir la renuncia de Al Assad y sus asesinos. Se formó entonces el Ejército Libre Sirio, con desertores del ejército, estudiantes, profesionistas, taxistas y ciudadanos. Hoy han muerto más de un cuarto de millón de sirios, y la mitad de la población, alrededor de once millones, ha sido desplazada internamente o más allá de las frontras de su país por la guerra.

 

LA GUERRA QUE NO QUISO PELEAR

Obama se mostró precavido y contradictorio en su aproximación a este conflicto, se manifestó en contra del gobierno de Bashar al Assad pero temía desestabilizar la región aún más y abrir otro frente para grupos extremistas. La primera opción de Obama era la diplomacia. Es imposible saber qué hubiera sucedido si hubiera intervenido masivamente a un nivel comparable a lo que hizo George Bush Jr. en Irak, pero sus acciones o falta de ellas no pudieron impedir la catástrofe. Ahora bien, Obama no envió tropas pero sí permitió que se armara a los grupos rebeldes a través de la CIA y sus aliados, como Jordania, Turquía e Israel. Estas armas muchas veces terminaron en las manos de milicias fanáticas y de esta manera el conflicto se disparó en todas direcciones. Mientras, el Ejército Libre Sirio fue perdiendo relevancia. Es imposible predecir lo que sucederá en ese polvorín, pero aparentemente Al Assad con la ayuda de Vladimir Putin parece estar ganando la partida, como demuestran los recientes triunfos de las fuerzas del gobierno y sus aliados en Alepo.

 

LA GUERRA QUE SE LIMITÓ A APROBAR

En marzo de 2015 el presidente de Yemen, Alí Abdullah Saleh, un líder autoritario, corrupto y demagogo, tuvo que dejar el poder debido a la presión popular. Su sucesor sería su subalterno Abdrabbuh Mansour Hadi. Sin embargo, el Estado estaba siendo desgarrado por militantes islámicos radicales asociados con Al Qaeda, así como por escándalos políticos, inseguridad, desempleo y hambre. En el vacío de poder, un movimiento Houthi, de la minoría chiita, se rebeló en contra del gobierno y, con el apoyo de un gran sector de la población, incluyendo buena parte de la mayoría sunita, tomó el poder en la capital Sana. Esto le pareció inaceptable a Arabia Saudita, que considera a los chiitas una amenaza vinculada con Irán, por lo que formó una “coalición multinacional” con la bendición del gobierno de Obama y atacaron Yemen y asesinaron a una docena de miles de yemenitas en una guerra que tampoco parece estar cerca de terminar.

 

LA GUERRA QUE NO PODÍA

PELEARSE COMO GUERRA

A esto hay que sumar que Obama debió hacer frente a la plaga del Estado Islámico, un movimiento rebelde que desea “hacer al califato islámico grande otra vez” (Make the Islamic Caliphate Great Again, parafraseando al ahora presidente electo Trump), y que no se ha limitado a conquistar territorio en el Levante, sino que ha lanzado (o inspirado) numerosos ataques en Europa, Asia y Estados Unidos. Supuestamente el ei está siendo destruido en algunos de sus bastiones, pero es difícil imaginar que esos golpes militares podrán desmantelar las redes de “células durmientes” y a los militantes entusiastas en todo el mundo que se radicalizan, comunican y planean sus atentados a través de las redes sociales.

 

VENGANZA

Obama y su gabinete asesinaron a Osama Bin Laden y, como bien sabemos, eso no aminoró la amenaza terrorista en el mundo ni fue un paso hacia un mundo más pacífico. Si en cambio lo hubieran capturado vivo (cosa que de acuerdo con los numerosos testimonios de aquella noche en Abbottabad hubiera sido posible llevar a cabo) y juzgado, quizás se habría podido dar un verdadero golpe al terrorismo y se habría reafirmado el papel de Estados Unidos como un Estado que respeta las leyes. En vez de eso, el asesinato de Bin Laden fue una simple venganza.

(Continuará.)

 

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