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Artes Visuales
Por Germaine Gómez Haro

El universo Víctor Fosado

 

En el Museo Carrillo Gil se presenta una exposición fascinante y por demás singular: Víctor Fosado: con mil diablos a caballo. Salvo quienes lo conocieron en vida, es muy probable que la mayoría de la gente no sepa hoy en día quién fue Víctor Fosado. Por eso resulta una gran aportación de este museo rescatar la imagen de un personaje sui generis cuya injerencia en distintos ámbitos de la cultura mexicana del siglo XX fue paradigmática y trascendental. Artista polifacético, inquieto e incansable, Víctor Fosado (1931-2002) exploró una gran diversidad de terrenos, cosechando éxito en todo lo que emprendía: fue investigador, promotor y divulgador del arte y las tradiciones populares mexicanas, pintor, escultor, músico, actor de teatro y participó en el cine como actor, diseñador de ambientaciones y escenografías, así como composición musical en películas de Alejandro Jodorowsky, Alfonso Arau, Paul Leduc, Alberto Isaac, Ronaldo Klein y José Nieto. Quizás su oficio más conocido es el diseño de sus soberbias joyas portantes que le valió una espléndida muestra en el Museo Franz Mayer hace unos años. Víctor Fosado fue un espíritu visionario con una imaginación y una energía desbordantes que dejó un legado invaluable a la cultura mexicana de la segunda mitad del siglo XX, como se puede apreciar en la presente exposición.

Como bien apunta Guillermo Santamarina en su texto de introducción a la ecléctica muestra, Fosado es ejemplo del proceso interdisciplinario que hoy forma parte crucial del discurso de la estética contemporánea. Desde muy pequeño abrevó en las fuentes de la cultura nacionalista postrevolucionaria y tuvo una formación abierta y sin fronteras a todos los lenguajes de la creación artística. Su padre, Víctor Fosado Contreras, abrió en 1940 la primera tienda que vendía arte popular en México –Víctor Artes Populares, en la calle de Madero, en el Centro– donde Diego Rivera compraba sus famosos Judas. Víctor hijo trabajó ahí desde niño, al mismo tiempo que estudiaba pintura y música. Con su padre recorrió el país para visitar las comunidades indígenas donde pudo ver y experimentar las tradiciones más arraigadas. Durante un par de años estudió en la Escuela de Antropología, pero sus investigaciones –sobre todo en torno a la música prehispánica– fueron desarrolladas a través del contacto directo con los propios indígenas.

Se presenta en la muestra un video de entrevistas realizado por Emilio Maillé (también se puede ver en Youtube:https//www.youtube.com/watch?v=cO8SPSOtM4) en el que se recogen testimonios de numerosos y muy diversos artistas que esbozan la versatilidad del genio creativo de Víctor Fosado, y todos coinciden en que fue un personaje cautivador en el más amplio sentido del término. Su participación en los circuitos más vanguardistas en los años sesenta y setenta dejó huellas indelebles. A partir de su profunda investigación sobre la música autóctona, aprendió a tocar el teponaxtle y otros instrumentos, y fue pionero en la creación de música con raíces indígenas. Con Juan José Gurrola formó en 1970 el grupo Escorpión en Ascendente y grabó el mítico disco Música en silencio, considerado el primer jazz auténticamente mexicano; acuñó el término “música neuro-atonal” para referirse a ese género totalmente experimental y vanguardista. Con Luis Urías y Antonio Zepeda formó el grupo El Inconsciente Colectivo, donde a la música experimental integraron poesía y textos indígenas. Fue creador también de los espectáculos escénicos Fortuismos ensayo alquímico y Desmonólogo para teatro de cámara y participó en el experimento de la Danza hebdomadaria, de Rocío Sagaón. En 1967 abrió el Café Las Musas y la Galería Víctor en la calle de Filomeno Mata, espacios de difusión de la música, teatro y artes plásticas y populares donde, a decir de Felipe Ehrenberg, “reunió a la crema y nata de los excéntricos en México”.

La curaduría y museografía de una exposición tan complicada por los diferentes temas que abarca estuvo a cargo de Víctor Fosado iii y el galerista Julien Cuisset (Le laboratoire), quienes lograron presentar con maestría los diferentes núcleos temáticos para que el espectador capte las conexiones entre las diferentes facetas de Fosado y entienda que su creación fue un constante vaivén entre la tradición del México antiguo y profundo y las vanguardias nacionales e internacionales de su época.

“¡Con mil diablos a caballo!” era la expresión que Fosado usaba para referirse al “acelere” que significaba su vida intensa y apasionada, inmersa en tantos y tan disímiles proyectos. Así se percibe en esta divertida y sorprendente muestra que es sólo un vistazo a lo que fue el Universo Fosado.

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