Usted está aquí: Portada / Cultura / Chile y la memoria: la voz de Beatriz Brinkmann
Usted está aquí: Portada / Cultura / Chile y la memoria: la voz de Beatriz Brinkmann
Chile y la memoria: la voz de Beatriz Brinkmann

¿Será cierto que Beatriz guió a Dante y lo protegió del infierno? Nada se sabe con certeza. La verdad es una figura escurridiza que se mueve en terreno duro, infértil. Cuando se habla de Beatriz Brinkmann, la acusada de ser el “cerebro” de un atentado contra el dictador Augusto Pinochet, una se la imagina puro yang: agresiva y triunfante, pero resulta que cuando una encuentra a la persona Beatriz Brinkmann en su hotel, esperando como si fuera una joven, casi una colegiala, la imaginación pierde. Porque la imaginación suele tener el toque del prejuicio. Y se equivoca.

Beatriz Brinkmann nació en Chile en 1942, descendiente de varias generaciones de alemanes que se asentaron en el sur de ese país y mantuvieron el idioma. Es bilingüe, es decir, habla español chileno y alemán sin acento. Esta mujer, el 11 de septiembre de 1973, el día que partió en dos la historia de su país, estaba estudiando en Hannover, Alemania, gracias a una beca. Vivió el golpe y los horrores del golpe a través de los informativos de la tv alemana y el relato de los primeros exiliados. Se comprometió sin límites organizando redes de solidaridad con el pueblo chileno desde Alemania, donde se doctoró en Filosofía y, como todos los años, lo único que deseaba era volver. Finalmente lo hizo en 1986. Fue apresada, acusada de ser la autora intelectual del frustrado atentado contra Pinochet y torturada, hasta que en 1987 marchó otra vez a Alemania, como exiliada. El plebiscito que le dijo No al dictador la trajo de vuelta a Santiago, donde comenzó a trabajar con el Cintras, Centro de Salud Mental y de Derechos Humanos, que se ocupa de asistir a las víctimas de la dictadura y a sus familiares. http://www.cintras.org.

Está segura –siempre estuvo segura– de que hubiera bastado con que un grupo de soldados tomara La Moneda, apresara al presidente Allende y su pequeña comitiva, y “a otra cosa mariposa”. Pero no. Era necesario bombardear la casa de gobierno, dice Beatriz. Reducir a escombros lo que fue el sueño de una democracia socialista en América Latina. Y lo lograron. No sólo pulverizaron la utopía sino que asesinaron a los hombres y mujeres que la sostenían, eliminaron sus instituciones y expulsaron a miles de chilenos al exilio y otros tantos presos y muchos desaparecidos y más muerte y muerte.

Beatriz Brinckmann habla con una voz que pende como un hilo sobre esta sala repleta de gente que participa en el Simposio Memory and Justice, encuentro organizado por la Academia de las Artes de Berlín y el European Center for Constitutional and Human Rights (ecchr), que durante tres días reúne manifestaciones artísticas junto con organizaciones por los derechos humanos y contra crímenes de guerra y la tortura. La memoria y la justicia como únicos caminos para superar la violencia dictatorial y genocidios bélicos. Participantes de todos los continentes se han convocado en Berlín: sobrevivientes de las dictaduras del Cono Sur de América y de las guerras de Vietnam, Irak, Siria, transmiten con sus experiencias la urgencia de justicia.

De Argentina ha llegado Estela de Carlotto, presidenta de la organización Abuelas de Plaza de Mayo, quien relata la búsqueda de los niños secuestrados junto con sus padres durante la dictadura argentina, o que nacieron en cautiverio y fueron dados en adopción, después de asesinar a sus madres. De Uruguay participa Sara Méndez, secuestrada durante la dictadura argentina, y a quien le arrebataron a Simón, su bebé de tres meses de vida. La búsqueda de Simón a lo largo de los años inspira el testimonio Sara y Simón, del escritor austríaco Erich Hackl, presente también en este Simposio.

Beatriz Brinkmann, autora de Itinerario de la impunidad. Chile 1973-1999. Un desafío a la dignidad, explica las dificultades de la memoria en Chile, de la impunidad que se vive a más de cuarenta años del golpe militar, de la sociedad chilena, dividida entre la soledad y la negación. La soledad de los expresos políticos, de las víctimas de la tortura, de los familiares de los detenidos-desaparecidos, de los asesinados, de los exiliados… La negación de la complicidad de la sociedad con la dictadura que desgarró al país.

La voz de Brinkmann apenas atraviesa el micrófono. Escribe su pensamiento con una ductilidad y sobriedad que asombran. No se resigna. Sin embargo, es una voz sin pathos, sin desesperación, que cuenta con detalle el horror, y es como si enhebrara en silencio lo que cada boca conoce y ninguna garganta es capaz de formular. Pero cuando está en estrés, su voz se diluye. Las palabras se cuelgan en algún lugar de la garganta y resisten, camufladas en sonidos que devora un suspiro, un aullar interno. Por eso, cuando los militares de la dina la apresaron en 1986, creyeron que se burlaba de ellos. En vano la torturaron junto a once militantes más, acusándola de ser la autora intelectual del fallido atentado contra Pinochet. Beatriz no tenía voz para contestar el feroz interrogatorio, y como callaba, la confinaron a una celda de castigo. Y a María Cristina, la otra mujer detenida, la llevaron con las presas comunes, en una habitación donde se juntaba la mugre y el horror de tantos otros prisioneros. Después llegó una tercera, condenada por haber sido testigo de cómo torturaron a Beatriz. Entre las tres armaron un mundo de redes y tejidos con las presidiarias comunes, una organización que surgió de la nada y con una ocupación que devolvió dignidad a estas mujeres sencillas.

Reconocida en Alemania como una de las iniciadoras del movimiento de la solidaridad con Chile, ese movimiento se puso el nombre de Brinkmann al hombro para exigir al gobierno alemán que se comprometiera y presionara al dictador chileno para lograr su liberación y la de los demás presos políticos. Pero hasta que la sociedad chilena no reconozca su complicidad con lo que pasó, dice Beatriz, el tejido social no podrá recomponerse. Es urgente hacer memoria. Y justicia

1276
comentarios de blog provistos por Disqus