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Jornada de Poesía
Por Juan Domingo Argüelles

Poetas, poetisas

 

Así como hay “aedas” hay “aedos”, así como hay “analfabetas” hay “analfabetos”, “autodidactas” y “autodidactos”, “retrógradas” y “retrógrados”, “soldadas” y “soldados”, “histriones” e “histrionisas”, “profetas” y “profetisas”, “sacerdotes” y “sacerdotisas”, porque a cada adjetivo y sustantivo masculino se opone un adjetivo y sustantivo femenino, ya sea por desinencia o bien por artículo, en el caso de los términos que se utilizan lo mismo para el masculino que para el femenino, como en “el modista” y “la modista” (que no, por cierto, el modisto, pues no decimos el artisto, sino “el artista” y “la artista”).

La derivación de profeta-profetisa y sacerdote-sacerdotisa es exactamente la que rige a “poeta” y “poetisa”, que no es el caso de “pitonisa” porque este sustantivo carece de forma masculina, pues se refiere específicamente a una mujer: la sacerdotisa de Apolo, que daba los oráculos en el templo de Delfos sentada en el trípode y que, por extensión, se aplica siempre a la adivinadora, encantadora o hechicera. Siendo un oficio únicamente femenino, que parte de una figura mitológica femenina y un personaje legendario femenino, no hay “pitonisos” por supuesto; en todo caso, son adivinos.

El DRAE admite y precisa que “para el femenino se usa también la forma poeta”, pero privilegia el término “poetisa” (del francés medieval poétisse). María Moliner, al definir el sustantivo “poeta” (del latín poêta), dice: “Persona que compone poesía.” Siendo así no distingue el sexo. Pero acota que “poetisa” (del latín poetissa) es la “forma femenina de ‘poeta’.” En el Clave, diccionario de uso del español actual, en la entrada “poeta”, hay también una acotación: “Aunque su femenino es poetisa, poeta se usa mucho como sustantivo de género común: el poeta, la poeta.”

En los últimos tiempos, las poetisas han venido rechazando el término femenino que les corresponde por su oficio; esto por considerar que “poetisa” tiene un estigma de cursilería o ridiculez debido a tantas “poetisas” que “poetisan” así, con faltas de ortografía, y ausencia de talento, en lugar de “poetizar” como es lo correcto. Así lo entienden y así lo dicen porque en la historia de la poesía, desde el siglo XIX, cierto tipo de “poetisas” se dieron más bien a la recitación y a la afectación. Siguiendo este criterio, pareciera que “poetisa” (para la mujer) equivale al “poetastro” (para el hombre). Es decir, “mala poeta” y “mal poeta”. Pero se olvida que también existen las “poetastras” que es el sustantivo femenino para las malas poetisas, tal como lo define la RAE.

En el Libro de estilo del diario español El País se hace énfasis en lo siguiente: a pesar de que la Academia admite también “la poeta”, poetisa es el “femenino correcto de poeta”. Y en su Diccionario de usos y dudas del español actual, José Martínez de Sousa, define el término “poeta” como “hombre que compone poesías” y a él le opone el sustantivo “poetisa” como “mujer que compone poesías”. Acto seguido afirma: “No se entiende por qué esta forma es rechazada precisamente por las mujeres que escriben poesía, algunas de las cuales tienden a decir de sí que son poetas. El peligro que se corre con estas decisiones es que dentro de un tiempo a alguien se le ocurra convertir poeta masculino en poeto... Ya se ha dado con una pareja como modista/modisto.”

En su Repertorio de disparates, Pedro Gringoire señala lo siguiente: “Se pretexta que la voz poetisa ha adquirido un matiz peyorativo, pero si así fuera lo que habría que hacer es dignificar el término y no eliminarlo. Lo cierto es que ni poetisa ni poeta implican calidad. Por su etimología (griego poieo, hacer), el poeta y la poetisa son los autores de obras poéticas, buenas o malas, y hay tantos malos poetas cuanto malas poetisas. Y si la Academia define que poeta es el que tiene las facultades necesarias para componer obras poéticas, así define también a la poetisa. No hay razón, pues, en el uso de un vocablo masculino aplicado a persona del sexo femenino. Eso es incurrir en machismo gramatical.”

Sea como fuere, muchas mujeres que escriben poesía hoy revindican, para sí, el término “poeta” como sustantivo de género común. En México, quizá la última gran poetisa que reivindicó el sustantivo femenino como identidad de su oficio fue Rosario Castellanos, quien en su poema “Pequeña crónica” escribe: “Virgen a los treinta años ¡y poetisa!” Pero aun asumiendo dicho sustantivo no dejó de ironizar al respecto, en relación con las poetisas típicas de Hispanoamérica. Sentenció y explicó: “No soy más que una poetisa (poetisastra o poetastrisa, proponía Mejía Sánchez como alternativas) que escribe ¡también! sobre el amor. ¡Manes de Delmira Agustini, de Juana de Ibarbourou, de Alfonsina Storni, estaos quedos! No es precisamente lo mismo. No quisiera yo resignarme a que fuera lo mismo”.

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