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Jornada Virtual
Por Naief Yehya

Obama, el primer presidente de la guerra permanente

(II Y ÚLTIMA)

 

LA GUERRA REMOTA

Barack Obama eligió el dron como su método preferido para pelear guerras de baja intensidad. El sueño era eliminar únicamente a los líderes y a las amenazas inminentes sin causar daño colateral. Por tanto, el “líder del mundo libre” apostó la seguridad del planeta a una kill list o lista secreta de personas para ser eliminadas. Durante los últimos ocho años, Obama y su administración crearon una infraestructura para asesinar a gente sin tener que rendir cuentas a nadie. Consolidaron una flotilla de drones desplegada sobre una variedad de países incluyendo Afganistán, Paquistán, Irak, Siria, Yemen, Libia y Somalia. Obama lanzó su primer ataque con drones apenas tres días después de asumir su cargo, el 23 de enero de 2009: dos drones dispararon sobre un grupo de sospechosos en Paquistán matando a quince personas. Según reportes, ninguno de ellos era líder de Al Qaeda ni estaba en la lista de muerte. A partir de entonces condujo miles de asesinatos extrajudiciales (2 mil por lo menos de acuerdo con el propio conteo oficial), en contra de presuntos terroristas. Una auténtica carnicería masiva internacional que no fue supervisada por el Congreso, la ONU o cualquier otra institución. No solamente esta campaña costó la vida a numerosos inocentes, sino que además agravió a millones que ven en ella una actitud cobarde y cruel de parte de un agresor al cual no se puede confrontar. Esta robotización de la muerte ha servido como una poderosa herramienta de reclutamiento para el EI, Al Qaeda, el Talibán y otros grupos radicales. Podemos interpretar esta estrategia como una de las facetas de la proverbial política de las manos sucias, en la que un líder debe cometer actos inmorales para proteger a la población o impedir un mal mayor. Donald Trump, un hombre que aseguró que volverá a emplear la tortura, “el waterboarding y mucho peor”, que ha amenazado con matar a los familiares de los terroristas, bombardear a sus enemigos hasta reducirlos a polvo, y que no tiene ningún respeto por las leyes internacionales, está a punto de heredar esta política de manos sucias, este sistema secreto de eliminación de “enemigos del Estado”.

 

DESCONSUELO

El triste legado de Obama, un hombre que desconfía de la efectividad del intervencionismo estadunidense, es que pasó más tiempo en guerra durante su presidencia que ningún otro presidente estadunidense: dos períodos completos sin conocer un solo día de paz. Por supuesto que las tropas que él deja desplegadas en los diferentes teatros de combate son muchísimas menos que las que dejó Bush. Obama trató de evitar que estas guerras dominaran toda su presidencia, por lo que intentó limitar su impacto en la sociedad y evitó movilizar a la población. Sin embargo, esto no resolvió uno solo de esos conflictos. Resulta desconsolador ver que por una vez un presidente estadunidense optó por considerar la paz y fracasó, que quiso emplear la diplomacia y fue embaucado, trató de usar recursos tecnológicos militares para evitar las masacres y terminó convirtiendo el mundo en un campo de batalla.

LA CABALLERÍA NO LLEGARÁ AL RESCATE

La fantasía de que eu estaba siempre listo para rescatar a poblaciones enteras de gobiernos dictatoriales y milicias genocidas inspiró a parte de la humanidad, desde Vietnam hasta Cuba, pasando por Sarajevo y Kuwait, durante el siglo XX. Esta ilusión no sobrevivió en el siglo XXI ni al cinismo brutal de la Guerra contra el Terror, un conflicto sin fronteras ni limitaciones temporales ni enemigos definidos. Obama llegó a la presidencia esperando ser un “constructor de naciones” no un destructor de culturas y terminó volviéndose el símbolo de la “presidencia letal”, como escribió Tom Junod en Esquire.

OBAMA, ASESINO SERIAL

Barack Obama es un ciudadano modelo, racional, educado, honorable, decente y Premio Nobel de la Paz. Como presidente creyó que podría erradicar la desigualdad, eliminar el racismo y el sexismo, trabajar positivamente con la oposición, dedicar más recursos a la ciencia y el desarrollo, proteger los derechos humanos en la nación y en el mundo. Sin embargo, se vio atrapado en la lógica paranoica de la Guerra contra el Terror, por lo que eligió la que creyó era la menos mala de las opciones al belicismo convencional: el asesinato como eje de la seguridad nacional. Al hacer suya la política de ejecuciones por fuerzas especiales y mediante drones, dio la espalda a la noción de capturar sospechosos así como al anonimato del combate y se situó en un terreno de ambigüedad moral, en el que se convirtió en el responsable directo de miles de asesinatos, en el ejecutor en jefe y en el asesino serial de la Casa Blanca. Si eso le sucedió a un hombre intachable como Obama, imaginemos lo que hará un individuo indecente e irresponsable como Trump con semejante poder.

 

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