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Bitácora Bifronte
Por Jair Cortés

Catulo & Bukowski Company

 

En uno de sus poemas más conocidos (“A la puta que se llevó mis poemas”), Charles Bukowski (1920- 1994) expone su frustración ante el hurto de algunos de sus escritos: “Algunos dicen que debemos eliminar del poema/ los remordimientos personales,/ permanecer abstractos, hay cierta razón en esto, pero/ ¡Por Dios!/ ¡Doce poemas perdidos y no tengo copias!/ ¡Y también te llevaste mis cuadros, los mejores!/ ¡Es intolerable! […] La próxima vez llévate mi brazo izquierdo o un billete de cincuenta,/ pero mis poemas no./ No soy Shakespeare/ pero puede que algún día ya no escriba más,/ abstractos o de los otros;/ Siempre habrá dinero y putas y borrachos/ hasta que caiga la última bomba,/ pero como dijo Dios,/ cruzándose de piernas:/ ‘veo que he creado muchos poetas/ pero no tanta poesía’.”

Casi dos mil años antes, Cayo Valerio Catulo (84 aC-54 aC) escribió un poema conocido como “¡Devuélveme mis escritos!”: “¡Acudan, endecasílabos, todos,/ de todas partes, acudan todos!/ Una desvergonzada puta me toma por loco/ y dice que no me devolverá mis escritos, si no les parece mal./ Persigámosla y exijamos que los devuelva./ ¿Preguntan quién es? Aquella que ven/ contonearse indecentemente y reírse como/ un pesado payaso con boca de galgo./ Acósenla y exíjanle que los devuelva:/ ‘Puta asquerosa, devuelve los escritos,/ devuelve, asquerosa puta, los escritos!’/ ¿Te importa un bledo?/ ¡Mierda, puta barata/ o algo todavía peor que eso! […] Pero nada conseguimos, nada la inmuta./ Habrá que cambiar de modos y maneras,/ a ver si podéis conseguir algo más,/ para, si no otra cosa, sacar los colores/ a la cara dura de esa perra:/ ‘¡Proba y pudorosa señorita, devuelve los escritos’.”

En ambos poemas, de tono eminentemente autobiográfico, coinciden la anécdota, el tono irónico y ofensivo, pero también la forma en que la prostituta se presenta en el poema: figura conocedora de las artes amatorias y también de la literatura, ladrona (con espíritu vengativo) no de dinero sino de poesía. Sin embargo, los poemas se distancian por la manera en la que abordan el asunto: Catulo apela al lenguaje, a las palabras, para convencer a la prostituta de que regrese los poemas, primero por medio de la ofensa y la exhibición pública, después por “los buenos modos”. Por su lado, Bukowski exige la devolución de los poemas y aprovecha para lanzar una crítica contra una poética que propone extirpar la presencia del “yo” y la anécdota personal del poema; también emite, en palabras de Dios, un juicio acerca de los muchos poetas y la poca poesía. Estos elementos dejan claro por qué el segundo poema no es una copia del primero; por el contrario, Bukoswski logra captar el mensaje último, implícito en el poema (y en las diatribas lanzadas contra la prostituta) de Catulo: todo poema es único, irrepetible e insustituible, fruto de la experiencia personal, la voluntad y el misterio de la creación poética.

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