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Jornada Virtual
Por Naief Yehya

Rogue One. Una historia de la guerra de las galaxias, de Gareth Edwards

 

Una nación que se desentiende de la historia depende de los mitos para dar sentido al presente e imaginar el futuro. El cine hollywoodense, a veces deliberadamente, otras por accidente, va más allá de ser un espejo de la Zeitgeist para ser imaginado como oráculo, altar y confesionario. Aunque paradójicamente no sustituye a las religiones organizadas, a veces enfatiza sus prejuicios y otras los contradice. Y en el panteón de las mitologías cinematográficas pocas obras son motivo de mayor reverencia que la serie de La guerra de las galaxias, una franquicia estrenada hace cuarenta años, que va de lo genial a lo pavorosamente inefable, pasando por numerosos iconos, lugares comunes y pastiches. Las narrativas presentan la confrontación entre el bien y el mal representados por una nobleza parlamentaria subversiva y una dictadura represiva. Así, tiene lugar una guerra entre el autoritarismo militarista del Imperio, que evoca al Tercer Reich, y la Alianza Rebelde, inspirada por los gallardos y desparpajados pilotos británicos y estadunidenses que lucharon contra los nazis.Todo esto puntuado por el culto místico y religioso de la Fuerza. Lo único que se ofrece para entender la historia es: guerra, oligarquía y religión. (Siguen spoilers.)

Rogue One, de Gareth Edwards se inserta en la serie como una historia lateral, aunque fundamental en la épica. Se trata de un filme de combate y acción con un atrevido asalto militar al estilo de las aventuras suicidas de la segunda guerra mundial. Los protagonistas principales, liderados por Jyn Erso (Felicity Jones) y Cassian Andor (Diego Luna) deciden, al margen de la dirección rebelde, llevar a cabo una peligrosa misión sabiendo que las posibilidades de éxito son mínimas. Galen Erso (Mads Mikkelsen), el ingeniero armamentista (una especie de Oppenheimer espacial), ha escapado del Imperio para no seguir colaborando en la construcción de un arma planeticida. Eventualmente es encontrado, su esposa es asesinada y él obligado a concluir el proyecto de su vida: la estrella de la muerte. Mientras, su hija, Jyn, se oculta hasta ser rescatada por Saw Gerrera (Forest Whitaker), un líder rebelde de una facción extremista que antagoniza con la Alianza misma.

Jyn es una heroína en el molde de la princesa Leia (Carrie Fisher) y de Rey (Daisy Ridley), pero a diferencia de ellas, su legado será borrado junto con su heroica misión. Aquí los personajes principales parten de la desesperanza y terminan condenados a morir en una hecatombe planetaria (el desenlace fue reescrito para darle un giro más sórdido), sin que su sacrificio deje huella en las anteriores-posteriores secuelas y precuelas. De hecho, la escena optimista final en la que se muestra el origen de la “Nueva esperanza” (como dice el título de la primera película de la serie) adquirió un inesperado tono de nostalgia y tristeza por la aparición de una joven princesa Leia. Este tono de pesimismo es muy poco común en esta serie y más en una película de Disney.

Imposible ver un filme cuyo tema central es el intento por destruir a la estrella de la muerte, cuyos efectos parecen aquí una versión descomunal de una bomba atómica, sin pensar en el angustiante clima político que se vive en EU y el mundo, porque un presidente, rentista y personaje de reality show ha declarado su deseo de usar armas atómicas y reiniciar una guerra armamentista. El gabinete de multimillonarios, militaristas belicosos, racistas, enemigos de los derechos civiles y de la protección del ambiente no tiene precedente y no es difícil imaginarlos como funcionarios del Imperio. De hacer válidas sus promesas de campaña (y no hay la menor razón para suponer que no lo hará) el régimen de Trump perseguirá a mexicanos, musulmanes, indocumentados y miembros de la comunidad LGBT. Cuesta trabajo en este momento creer en las palabras desafiantes que pronuncia Jyn antes de que el burocrático y temeroso liderazgo de la Alianza rechace su atrevida propuesta de lanzar un asalto contra el imperio: “Las revoluciones se construyen sobre la esperanza.”

Rogue One tiene un tono retro, tanto por el tema y la música (una serie de paráfrasis a John WIlliams hechas al vapor por Michael Giacchino que resultan estridentes y envejecidas), como por la fotografía de Greig Fraser, en gran medida oscura y lóbrega. Pero a fin de cuentas es una pieza de un rompecabezas, situada entre las precuelas y la serie original, que independientemente de sus méritos será inevitablemente juzgada como un ingenioso parche. La guerra de las galaxias en teoría glorifica la insurrección en contra de los tiranos, y desde hace algunos años promueve la diversidad, pero a final de cuentas es un mito que celebra la pasividad y el consumo.

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