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Cinexcusas
Por Luis Tovar

Tintero (III Y ÚLTIMA)

Titulado Maquinaria Panamericana (México, 2016), el debut en largoficción del oriundo de Ciudad de México Joaquín del Paso se presentó el año pasado, entre otros, en los festivales de Berlín, Guadalajara, la Riviera Maya y Guanajuato y, oficiales o no, en todos obtuvo reconocimientos. Coescrito por el propio director y Lucy Pawlak –quien a su vez colaboró en la dirección de arte con Paulina Sánchez–, coproducido por Jaime Romandía, Susana Bernal y el realizador, quien asimismo tuvo a su cargo tanto el sonido como la edición, el filme demuestra lo bien preparado que puede egresar un estudiante de la Escuela Internacional de Cine y Televisión de Cuba, donde Del Paso cursó dirección y guionismo.

Lo saben Lugarcomún y Perogrullo: pocas cosas son tan difíciles como hacer una comedia que no incurra en los típicos facilismos del género, en los que por cierto abunda el cine mexicano de comedia actual: cuando no es el recurso a la leperada machacona o a la agresión física en calidad de variantes del viejísimo pastelazo, es el trazo de personajes ya bobos, ya ridiculizados –y aquí, torpemente, más que nada homosexuales y gente con sobrepeso–, invariablemente dibujados cual simples caricaturas unidimensionales, y cuando no es ninguna de las anteriores, o peor, sumado a ellas, está el planteamiento de situaciones absolutamente inverosímiles que, suponen ciertos directores y guionistas, no los mueven a risa sólo a ellos.

ALEGORÍA NACIONAL, S.A.

El primer acierto de Del Paso fue instalar la historia en un territorio conocido para él: la que cuenta Maquinaria Panamericana transcurre entera en una compañía ficticia de nombre homónimo, dedicada a fabricar equipos para la construcción, y el propio director ha contado que su padre y su abuelo trabajan en una empresa similar. Ese conocimiento de causa le da al filme un buen grado de verosimilitud, que se refleja primero en la dirección de arte, la fotografía y el vestuario, pero va más allá y da en el centro de los personajes y la situación planteada: Maquinaria Panamericana, S.A., una fábrica de medianas dimensiones, se encuentra en estado terminal económicamente hablando, pero sus trabajadores lo ignoran o, en ciertos y escasos casos, prefieren hacer como si no lo supieran, hasta que la muerte repentina del viejo propietario los obliga a mirar la realidad de frente. Cuando se enteran de que era don Alejandro, el dueño recién fallecido ahí mismo en su oficina, quien a últimas fechas les pagaba los sueldos de su propio bolsillo, de un momento a otro se saben en un desamparo laboral y económico para el que no estaban preparados en absoluto.

La trama de Maquinaria Panamericana consiste en la reacción de los trabajadores de la compañía a dicha situación. Lo más fácil, al mismo tiempo que lo más predecible, habría sido abordar el asunto con un realismo a rajatabla que pusiera de lleno al filme en el género dramático, pero Del Paso se decantó por una comedia de tintes fársicos que, entre otras cosas, le permite un juego metafórico y alegórico desenfadado y eficaz: convertido en microuniverso plausiblemente representativo de la realidad nacional, el súbito encierro –real y simbólico– de los personajes en su recién desahuciado lugar de trabajo saca de ellos lo mejor y lo peor, los mueve primero al miedo y la incertidumbre, más tarde a la revelación y al exceso, y finalmente a formas de catarsis ya lógicas, ya insólitas.

Con excelente mano, el cineasta recurrió a un grupo de muy eficientes actores profesionales, poco o nada conocidos. Buena decisión, tratándose como se trata de una historia a coro en la que nadie en lo personal debe destacar. El de Maquinaria Panamericana es un sujeto colectivo que, vale la pena insistir, se parece admirablemente a la sociedad mexicana de la que forma parte: su reacción a un evento adverso puede ir de lo imprevisible a lo tragicómico, y en el ínter se asiste a sus inveteradas dificultades para ponerse de acuerdo hasta en las cosas más sencillas, lo mismo que a su no menos histórica incapacidad para entenderse a sí misma como colectividad, lo quiera o no, forzada a pensar y actuar en conjunto.

LA HORA DEL BORREGO

Mientras una buena película nacional como Maquinaria Panamericana no es exhibida todavía en salas comerciales, a partir de esta semana fue declarada oficialmente abierta la temporada anual de balidos cinematográficos, cortesía de Todosaquellos y su compulsión irrefrenable a ser eco simple de lo que se le dicta. Prepárese usted a encallecer ojos y oídos con “la codiciada estatuilla”, “La Academia” y demás lugares comunes.

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