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Pequeños filósofos
Filosofía para niños. La filosofía frente al espejo, José Ezcurdia, Ítaca/UNAM, México, 2016.
Por Germán Iván Martínez

La filosofía es una forma de concebir la vida y una manera de vivirla. Por ello, pese al desdén que sufre por quienes detentan el poder y la marginación de la que es objeto (incluso en las propias universidades), hoy es más necesaria que nunca, porque su enseñanza y difusión contribuyen a desarrollar el pensamiento reflexivo y crítico, tematizar experiencias vitales y desplegar una conciencia que posibilite afrontar los problemas de nuestro tiempo.

En Filosofía para niños. La filosofía frente al espejo, José Ezcurdia da cuenta del trabajo que ha desarrollado con pequeños en diversos lugares de México, como Guanajuato, Morelos y la Sierra Tarahumara. Mediante Talleres de Filosofía busca atraer a los niños a esta materia y fomentar en ellos el arte de preguntar y el gusto por plantear y resolver problemas, exhortándoles a reflexionar sobre sus propias experiencias y vivencias, recuperando la palabra que emerge de su contexto y que nombra, visibiliza y refleja la realidad que viven.

Como señala Gabriel Vargas Lozano en el prólogo, se precisa actualmente de “una formación filosófica y humanística sólida” frente a una estrategia educativa tecnocrática y mercantilista. Él mismo asegura que “la enseñanza de filosofía en niños contribuye a que desde la infancia desarrollen formas de investigación, argumentación y diálogo”. Esto ha llevado a Ezcurdia a promover, en esta y otras obras de su autoría, la centralidad que debe tener la filosofía en nuestro sistema educativo, así como a defender la vitalidad y frescura de aquélla, que sólo puede brotar de una praxis filosófica que recupere el pensar y el sentir de los niños, quienes también padecen en carne propia los desafíos de nuestro presente: hambre, explotación, violencia, enfermedad, racismo, migración, deterioro ambiental, pobreza, injusticia, intolerancia…

Para nuestro autor, “la filosofía tendría que forjar los conceptos y las categorías para nombrar y ordenar en un proceso creativo, las propias tensiones que nos dan rostro”. Por eso el trabajo que realiza pretende restituir a los niños la voz que les ha sido negada. Sus Talleres de Filosofía son una manera, entre muchas, de hacer filosofía; pero gracias a ellos los pequeños se forman filosóficamente, aprenden a dialogar y debatir sobre las situaciones que viven, e interpelan a los adultos y al mundo que han construido.

Gracias a la estructura metodológica de los Talleres (propuesta del tema, preguntas sobre el mismo, debate y polémica, elaboración de un dibujo personal que explique la perspectiva sobre el aspecto de la realidad abordado, nuevo debate y discusión, redacción de un pequeño escrito sobre las conclusiones alcanzadas, socialización de los dibujos y escritos, otra vez debate y polémica) irrumpe una palabra filosófica que nombra una realidad efectiva y cuestiona nuestras formas de ser, conocer, pensar, sentir y actuar. Sócrates, Platón, Bergson, Foucault, Deleuze y Freire, son algunos autores de los que Ezcurdia se vale para sustentar teóricamente la propuesta de trabajar con niños y devolverles la voz que el silenciamiento, la marginación y la opresión les ha arrebatado. Gracias a ello, “sacan a la luz singularidades culturales, complejos psicológicos, gestos peculiares, datos inéditos”, ganan confianza en sí mismos, maduran expresivamente y desarrollan capacidades diversas: razonamiento, lógica, análisis, inducción, deducción, abstracción, generalización, distinción, comparación, clasificación, jerarquización, entre otras.

Ezcurdia está convencido de que enseñar a filosofar es enseñar a pensar. Esto no quiere decir que los niños son carentes de razón. Todo lo contrario. Él reconoce que su juicio, creatividad y capacidad reflexiva es impresionante. De esta forma, la mayéutica y dialéctica de las que echa mano para trabajar con ellos, contribuye a forjar su talante filosófico y a que no sólo conciban la filosofía como forma de vida, sino como ejercicio de autoexamen que invita a la investigación del propio ser y la formación del carácter.

Mediante el autoconocimiento que promueven los Talleres de Filosofía con Niños, el autor busca “restituir a la filosofía su vocación propiamente filosófica” e impulsar la generación de una ciudadanía reflexiva, lúcida, responsable, participativa y sana. La suya es entonces una empresa antropológica, epistemológica, ética y política. Para él, una ciudadanía cabal es aquella que le otorga dignidad y sentido a la propia vida. Y es capaz, a partir del conocimiento de sí, de entender el ejercicio filosófico como servicio al Otro, conformando con ello una sociedad “menos ciega y abusiva.”

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