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Cabezalcubo
Por Jorge Moch

Humo

Se nos hizo humo el “momento mexicano” y ni cuenta nos dimos. De unos años para acá –demasiados–, vivimos una sucesión interminable de violentas desgracias, tragedias y calamidades, a veces adobadas con desastres naturales cuando nos llueve sobre mojado– que tienen casi siempre un denominador común deleznable y hasta macabro: supone actos de corrupción, de maquillaje de actos criminales y de simulación de gobierno mientras se llenan los bolsillos de dinero ajeno los politicastros, corruptos y ávidos casi todos o por lo menos la mayoría de ese sindicato criminal que se compone de varias siglas partidistas, prianrdverdepanal, y sus serviles satélites y etcéteras en ámbitos empresariales o periodísticos. O quizá nunca hubo tal “momento mexicano”, sino simples proclamas tozudamente repetidas en la televisión a lo largo de una más de las fallidas pero costosísimas campañas propagandísticas de este falansterio de ladrones, narcos, asesinos y proxenetas que dice gobernar, porque precisamente la televisión ha sido, es y seguirá siendo la vocería oficial del gobierno mexicano. Porque en México, salvo alguna rareza casi siempre surgida en los mismos canales televisivos del gobierno pero prácticamente nunca en una emisión del duopolio servil de Televisa y TV Azteca, en realidad no existe la crítica abierta al gobierno, sino la sempiterna, ya conocida necesidad de lavarle la jeta al régimen. Por los enjuagues que se hacen con las concesiones de radiotelefonía, tipo de cambio con que el gobierno avasalla los mass media.

Este es un régimen que tiene las pezuñas embarradas de sangre y mierda. Un régimen (y la palabra incluye desde luego a esos medios que son comparsa, no sólo a sus asalariados directos) que es traidor a la gente que lo haya votado y al espíritu libertario y nacionalista de la Constitución mexicana. Un régimen que usa los medios no para divulgar, informar o consultar a la población, sino para manipularla, esconderle información, engañarla y apuntalar desde el bombardeo mediático una agenda que parece dedicada al expolio: por décadas los gobiernos panistas y priistas se han negado a invertir en educación o tecnología, para el futuro, y mucho menos en servicios hospitalarios, vivienda digna o regulando el déficit alimentario para atemperar el presente, y en cambio se han dedicado a enaltecer al extranjero, a entregar nuestras riquezas estratégicas no renovables –sólo Fox y Calderón, los adalides de la derecha inútil, concesionaron a mineras extranjeras casi diez millones de hectáreas, valiéndoles un pepino las desastrosas consecuencias que esas explotaciones mineras suponen para las comunidades campesinas o indígenas de la región, usualmente además relegadas a la marginación y el abandono, pero sometidas a brutales vejaciones y actos de represión cuando se han atrevido a protestar precisamente por ese menosprecio, que se traduce en la desaparición de su territorio, en persecución, golpizas, desalojos y no pocos asesinatos que siguen sin ser esclarecidos. Lo mismo pasa con activistas sociales o ambientalistas, y con líderes de oposición. En las últimas semanas han sido asesinados varios activistas del Movimiento de Regeneración Nacional en Oaxaca, pero a ésos y otros que han caído víctimas de la represión y la brutalidad, el gobierno de Peña Nieto ni los ve ni los oye, como su padrino Salinas hizo alguna vez con cientos de militantes y simpatizantes del PRD cuando sí era oposición durante su sexenio maldito. Salinas, por cierto, sigue impune.

Mientras tanto, Enrique Peña Nieto, el líder de la pandilla de criminales que nos arrambla el país, intenta hacer malabarismos con su nula aptitud y su descrédito frente al fascista orate que es ahora presidente de Estados Unidos, tratando de usarlo como cortina de humo para que no veamos la porquería de batidillo en que nos convirtió México y las chingaderas que pretende seguirnos asestando, entre las que “brilla” un venidero gasolinazo ora en febrero, grandísimo cabrón. No somos tontos los mexicanos, aunque hemos pecado de excesivamente pacientes. O agachones; pero ya estamos hasta la madre de la corrupción, las mentiras, las raterías, los secuestros, los asesinatos, las desapariciones y sobre todo de la impunidad. Ya estamos hasta la madre de los Duarte y los Peña, de los Yunes, los Anayas, los Zavalas y los Moreiras. De toda esa bola despreciable de ladrones, de asesinos, de pederastas, de verdaderos hijos de la chingada que nos tienen así.

Tragando humo.

Padeciendo incertidumbres.

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