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Jornada Virtual
Por Naief Yehya

La guerra contra el humanismo

 

LOS ORÍGENES DE LA TOLERANCIA

Es razonable imaginar que durante el Renacimiento, en esa zona difusa que hoy llamamos Occidente y sus alrededores, la humanidad pensante se encontraba desgarrada entre una cosmogonia religiosa medieval en decadencia y los albores del pensamiento científico. La visión de que la vida en la Tierra sólo era un paso o un requisito para llegar al Paraíso o el Infierno, dejó de ser dominante. En el siglo XV la relación entre la fe y la razón cambió conforme se fue fortaleciendo la idea de un Estado laico y la posibilidad de disentir con la Iglesia y no ser ejecutado en el intento. Estos triunfos del humanismo, pasando por el redescubrimiento del individualismo, nos llevaron –sin duda entre tropiezos, invasiones, genocidios y tragedias– a un mundo moderno que aspira a la fraternidad, la igualdad y la libertad, o aunque sea a la tolerancia y el respeto. Este idealismo a menudo permanece a nivel de discurso, pero es importante no perder la perspectiva de que representa un momento singular en la historia de nuestra especie. El humanismo impulsó las luchas contra los tiranos y los déspotas que justificaban su poder con mandatos divinos e ilusiones cósmicas, y también dio lugar a la humildad, ya no ante figuras mágicas, sino ante nuestros semejantes. La racionalidad, el escepticismo y la curiosidad fortalecieron las luchas de emancipación de los pueblos, la libertad de expresión, los deseos de autodeterminación y la defensa de los derechos de la mujer, las minorías, los discapacitados y los débiles.

 

MIEDO AL HUMANISMO

Resulta difícil imaginar, más allá de las distopías de ciencia ficción, un regreso a una era de rechazo de la verdad, de negación de la realidad científica y aceptar que las diferencias y conflictos sólo pueden resolverse por la fuerza. Sin embargo, esto mismo es lo que ha sucedido, con diferentes matices, cuando la demagogia populista ha tomado el poder, ya sea en la Alemania nazi, en Corea del Norte o en el régimen Khmer camboyano. Cada vez que un Estado renuncia a la comunidad internacional y se refugia en mitos raciales, en leyendas de identidad, delirios de persecución y fábulas de superioridad, el resultado es catastrófico y el costo en vidas es enorme. Denominamos fascismo a una gran variedad de corrientes de pensamiento autoritario, nacionalista, radical, racista, xenofóbico y proteccionista; y si bien hay inmensas diferencias entre el Chile de Pinochet y la Albania de Enver Hodja, estos gobiernos tenían en común el desprecio de la democracia, el afán totalitario y represor, el fanatismo militarista y el miedo a la multiculturalidad. Pero lo más importante es su desconfianza y rechazo de los valores humanistas y de la verdad.

 

AMERICA FIRST

El discurso de toma de posesión del 20 de enero de 2017 de Donald J. Trump, ese renegado de la verdad, es una apropiada introducción a un régimen fascista, incendiario y nativista, que habla el lenguaje del populismo revanchista y está controlado por una banda de plutócratas. Ahí Trump presentó a un país amenazado, víctima de la rapiña y el abuso internacional y nacional. En una pobre y burda poética describió paisajes casi apocalípticos de miseria, explotación, abandono y desconsuelo, y concluyó con las palabras: “Esta carnicería americana termina aquí mismo y en este preciso momento.” Utilizar esa imaginería en un país rico, con tasas de crimen y desempleo bajas y con el poderío militar más apabullante del planeta sólo sirve para preparar agresiones internacionales, satanizar a la disidencia e intimidar a los marginados que luchan por sus derechos (la comunidad LGBT, Black Lives Matter y los indios que tratan de impedir la construcción del oleoducto Dakota Access, entre otros). Aunque Trump con su usual arrogancia presumió que él mismo escribiría su discurso –algo muy improbable dada su pobreza lingüística y enemistad con la gramática–, el Wall Street Journal publicó que los autores fueron su asesor y exdirector del sitio “noticioso” Breitbart News, Steve Bannon, y su escritor de discursos Stephen Miller: una paradójica colaboración que refleja algunas de las alianzas e intereses de este régimen. Bannon, un presunto antisemita vinculado con la extrema derecha, y Miller, un judío conservador, recurrieron a la frase America First, usada por neonazis y “grupos de identidad blanca”, pero sobre todo asociada al pionero de la aviación y militante aislacionista pronazi, Charles Lindbergh. No hay forma de entender este discurso más que como una declaración de guerra contra el humanismo liberal laico y como una furiosa retirada de los valores que definen la decencia básica. Nuestra relación con eu siempre ha sido complicada y por momentos sangrienta; hoy corremos el riesgo sin precedente de ser víctimas de los delirios de victimización de un demagogo.

 

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