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Bemol Sostenido
Por Alonso Arreola

Supertazón. Sonidos de medio tiempo

No nos gusta el futbol americano. Tampoco nos apasiona Lady Gaga. Entendemos, sin embargo, la evasión emocional que ambos pueden representar hoy ante la coyuntura política de Estados Unidos, la crisis migratoria de África y Latinoamérica o la deprimida economía del mundo. ¿Exageramos? Por si no lo sabe la lectora, el lector, de alguna manera que no alcanzamos a comprender, el Super Bowl es uno de los eventos con mayor audiencia anual en más de 180 países… Y bueno, tal vez no lo comprendemos porque, aunque conocemos sus reglas y hasta puede entretenernos por un rato, nos aburre su falta de ritmo, de musicalidad.

Acaso sea por ello que desde 1967, cuando ocurrió la primera final en el Coliseo de Los Angeles, la nfl (National Football League) procuró mantener a sus audiencias entretenidas y atentas a patrocinadores durante el descanso de Medio Tiempo, primero con bandas de percusiones colegiales –toda una tradición en el discurso militar y universitario de Estados Unidos– y luego con coreografías y sonoridades más ambiciosas, muchas enarbolando mensajes de unidad y paz mundial. Ello derivó en que, para 1970, tuviera a su primera artista invitada: la cantante y actriz Carol Channing, quien después repetiría al lado de la leyenda negra del jazz Ella Fitzgerald. (Es notable cómo las mujeres han dominado el evento.)

Así, rebotando entre California, Luisiana, Texas y Miami, el Super Bowl de las primeras décadas fue incluyente al homenajear los repertorios de Louis Armstrong y Duke Ellington, la tradición del bluegrass y el country, así como la riqueza cultural proveniente de múltiples migraciones. Difícil de creer hoy en día, la NFL de entonces organizó tributos a la música caribeña, a la Francia de Nueva Orleáns, al trazo judío por Hollywood y al sello Motown, verbigracia. Para ello incluyó intérpretes de múltiples razas que simbolizaron el diálogo ecuménico y, por supuesto, la posibilidad de un negocio global. El primer bosquejo fue el proyecto Up With People, conformado por jóvenes de veinticuatro países que durante varias ediciones celebraron la diversidad a través de covers y rutinas de baile.

Dicho esto y esperando una provocación inteligente de Lady Gaga contra Donald Trump en la edición 2017 del “superpartido”, el domingo pasado sintonizamos a los Patriotas de Nueva Inglaterra contra los Halcones de Atlanta, intercambiando el audio de los comentaristas por el de los espectáculos de Medio Tiempo más recientes. Así, mientras Tom Brady se ablandaba en el segundo cuarto sin imaginar que finalmente ganaría su quinto anillo de campeonato, escuchamos las actuaciones de The Rolling Stones, Paul McCartney, The Who, Aerosmith, Katy Perry, The Black Eyed Peas, Bruno Mars y Coldplay, quienes con mayor o menor suerte intentaron conmover a cerca de mil millones de amantes de la cerveza y las alitas de pollo.

Llegado el momento de Gaga, la decepción nos visitó de inmediato. “This Land Is Your Land” (original del activista y cantautor de los sesenta Woody Guthrie), seguida del mensaje “una nación bajo Dios, indivisible, con libertad y justicia para todos”, fue la apertura de la autora de “Poker Face”, quien se decantó por un mensaje de unidad insípido debilitando su actuación, grandilocuente y correcta, pero ajena a su momento en la historia. ¿Le pedimos peras al olmo? No. Como innumerables personajes del pop, Gaga también ha mostrado su postura política, por lo que se esperaba un señalamiento contra las peligrosísimas acciones de Trump. Pero con un último disco influenciado por las venas de la “América profunda” resultó evidente que no arriesgaría su mercado.

Atrás quedó Michael Jackson cantando “Black & White” con un estadio emocionado; atrás quedó U2 recordando a las víctimas del 9/11; atrás el intento de Madonna por celebrar el politeísmo; atrás la dupla de Justin Timberlake y Janet Jackson animando al voto ciudadano... Atrás quedó, incluso, la poderosa Beyoncé en el Supertazón de 2013 cuando, vestida de negro y con carrilleras doradas, levantó el puño junto a sus bailarinas –todas a la usanza del partido Black Panther– solidarizándose contra el racismo policíaco.

No. No es que seamos ingenuos. Siempre dudamos de la honestidad en tales circunstancias, pues la mayor parte del pop ocurre lejos de sus responsabilidades. Pero tras navegar entre conceptos, productores y músicos invitados al espectáculo de medio tiempo del Supertazón, podemos concluir que celebramos muchas de las decisiones históricas de la NFL, tanto como celebramos que organice partidos en México en un momento de tanta tensión. Buen domingo. Buena semana. Buenos sonidos.

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