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Cabezalcubo
Por Jorge Moch

Medios y machismo

 

El machismo no es de ninguna manera una tara exclusiva de mexicanos. Es mundial. España tiene una crisis de violencia machista terrible. Y ni qué decir de sociedades donde la vida diaria se rige por preceptos religiosos inviolables que sitúan a la mujer apenas un peldaño por encima de los animales domésticos, como en Afganistán, Yemen o Nigeria.

La televisión del mundo –pero a mí me interesa más la mexicana– debería tener la obligación de una constante, machacona campaña de anuncios, documentales y programas de discusión sobre la violencia de género. El problema es que esos temas, tan escabrosos, tan traumáticos, tan vivos, no venden. Pocos serían los publicistas que arriesgaran exhibir sus marcas en un entorno informativo como ése. Algunos hay, pero son muy pocos. Sí ha habido algunas campañas de spots contra la violencia de género, pero francamente son muy poca cosa.

Según un reportaje realizado por Valeria Durán para la plataforma Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad, “más de 10 mil mujeres han sido asesinadas en México desde 2012, pero menos del veinte por ciento han sido juzgado como feminicidios”. Y que yo recuerde, ese recuento –y mucho menos sus pormenores– son una ausencia lacerante de información en las televisoras mexicanas. Empezando, desde luego, por Televisa, tv Azteca o Imagen, donde las mujeres son fácil y usualmente cosificadas como adorno sexual en las escenografías de programas que son un genuino atentado a la más elemental ecuanimidad.

Según la investigación de Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad, en colaboración con la plataforma Connectas y el Centro Internacional para Periodistas los vacíos legales y la falta de unificación en el concepto legal de violencia de género han permitido que menos del veinte por ciento de los asesinatos violentos contra mujeres sean reconocidos como feminicidios”.

En el análisis de datos se identificó que algunas Procuradurías o Fiscalías tienen un subregistro de homicidios de mujeres; es decir, reportaron menos crímenes de los que en realidad ocurrieron.”

El Estado de México es el que acusa de peor manera ese recuento fallido (o doloso). Pero estoy seguro de que lo mismo se repite en Veracruz, Puebla, Jalisco y buena parte, si no toda, del territorio nacional.

Uno de los fenómenos más vergonzosos que padece nuestro país es el de la violencia de género que llega a traducirse en asesinatos de mujeres que muchas veces quedan impunes. El machismo es una de las rancias tradiciones (o ruinas) culturales de los mexicanos que ya deberíamos haber erradicado hace muchísimo tiempo. Si bien hay algunos avances, organismos orientados a la protección de la mujer y hasta ramificaciones gubernamentales dedicadas al apoyo para la mujer en un país de desiguales, la situación en realidad no ha mejorado mucho. La cultura del mexicano en ese sentido es francamente idiota. Si un varón tiene muchos amores con distintas mujeres, se lo tiene por chingón, por “matador”, por galán, por irresistible y hábil, y del lado peyorativo quizá solamente se lo acuse de cínico. Pero si una mujer decide tener amores con más de un hombre, y tal cosa se sabe, entonces para su entorno ella es puta. Cobre o no. Y se la somete a una constante de vejaciones e insultos o, en el mejor de los casos, a una suerte de exilio. No ayuda el manto coercitivo de una religión machista, que impone a la mujer sumisión y obediencia.

Es común que una mujer gane menos dinero por el mismo trabajo que desarrolla un hombre. Además de que millones de mujeres en México se ven obligadas a tener que soportar a un pendejo que nunca falta, y a veces es su propio jefe, pretendiendo llevársela a la cama. Simplemente la mayoría de los varones en México no respetamos a las mujeres como deberíamos hacerlo.

Una de las más recientes muestras de machismo y misoginia fueron esas fotos de hace cosa de una semana de los constituyentes de Ciudad de México. Puras corbatas. Puro señor muy orondo. ¿A ninguno de esos infelices se le ocurrió recordar la valiosísima participación de las mujeres en la discusión y redacción de esa Constitución? ¿Por qué no hubo ni una sola mujer en el podio?

Ah, pero que no nos mienten la madre a los mexicanos porque entonces sí arde Troya. Qué hipócritas somos.

Hay desde luego muy honrosas rayas en el agua. El programa en TV Azteca de Sabina Berman, por ejemplo, o el importante trabajo que hacen en radio (más que en televisión) compañeras como Fernanda Tapia.

Pero no basta. Y la fehaciente, silenciosa prueba, porque esa imagen habla más que toda esta verborrea: es la foto del constituyente excluyente.

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