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Apuntes para un nuevo humanismo
Humanismo cristiano y capitalismo, Bernardo Bátiz Vázquez, Porrúa, México, 2016.
Por Andrea Tirado

En el marco de la coyuntura internacional que cuestiona desde diversos ángulos el sistema neoliberal que ha caracterizado buena parte del siglo XX y lo que va del XXI, resulta por demás oportuna la lectura de Humanismo cristiano y capitalismo, de Bernardo Bátiz. Esta obra aborda la crisis del neoliberalismo desde la perspectiva de reflexiones propias y la exposición del pensamiento de autores del siglo XIX y XX que exaltan el valor del humanismo cristiano.

Uno de los objetivos del libro es probar que el catolicismo y el materialismo capitalista son antagónicos. Para Bátiz, el capitalismo tiene como valor central el individualismo y tiende por naturaleza al egoísmo, además de adoptar como método la competencia feroz e inhumana, haciendo que la sociedad actual gire en torno al dinero, el poder, la fuerza y la soberbia, privilegie a unos pocos y margine en la pobreza a las mayorías. Por lo tanto, un regreso a los valores del humanismo cristiano implicaría un regreso a la colaboración y la caridad.

En la primera parte la pluma del autor corre con libertad reflexionando sobre la fe, la Iglesia, el Estado y la política, la fraternidad y el humanismo cristiano para el siglo XXI. En esta parte Bátiz toma posición y contextualiza el estado actual de la Iglesia, y hace una exégesis de nuestra sociedad. La posición del autor es la de un creyente, apegado a la fe cristiana. Fe entendida como un dato nuevo que no pretende contradecir la verdad científica ni tampoco sustituir la realidad; pide apertura de mente al considerar la fe como un enfoque propio y distinto que pueda explicar esta realidad.

Mediante un recuento histórico sobre la relación Iglesia-Estado desde los primeros siglos del cristianismo hasta hoy en día, Bátiz refiere cómo la Iglesia ha ido perdiendo, poco a poco, su papel de guía y de transformadora del mundo, exhortándola a volver a la tarea de alentar procesos sociales que lleven a la fraternidad, como son la asimilación, la integración y la cooperación; es decir que prevalezca una Iglesia en busca de una sociedad igualitaria. La fraternidad, explica Bátiz, se ha ido desvaneciendo en favor del egoísmo y de las diferencias (jerarquías) sociales, tanto en la política como en otros ámbitos de interrelaciones sociales. En el mundo capitalista e individualista en el que se vive actualmente imperan la desconfianza y la indiferencia hacia los demás.

El apartado sobre el humanismo cristiano para el siglo XXI hace hincapié en el “para”, porque aquí se encuentra la tesis principal del autor. Si bien Bernardo Bátiz lo propone como un libro que muestre el antagonismo entre el cristianismo y el materialismo capitalista, la propuesta primordial es ésta: la fórmula para que la sociedad globalizada pueda volver a una fraternidad. Esa fórmula se encuentra dentro del humanismo cristiano que propone Bátiz, pues en la batalla contra las “estructuras de explotación y autoritarismo inhumano, de indiferencia por la cultura y la filosofía, coinciden las diversas líneas del humanismo, incluida la del humanismo cristiano”. El autor demuestra entonces su admirable conocimiento de filósofos que reflexionaron acerca del sentido del devenir humano o “filosofía de la historia”. Así se trate de una formación humanista de expresión cristiana abierta o implícita, Bátiz destaca que el sentido de ésta es volver a los valores, a los conocimientos y al interés en la vida social y en la política, es decir, contrarrestar la discriminación y la injusticia.

La segunda parte del ensayo expone a autores que ilustran el humanismo cristiano: Jacques Maritain, Emmanuel Mounier, Gilbert Keith Chesterton, José María Gallegos Rocafull, Léon Bloy y José González Torres; coetáneos de finales del siglo XIX y XX y coincidentes en su inquietud por el sentido de la existencia humana. Estos ensayos, publicados en distintos momentos y lugares, se reúnen aquí a manera de declaración personal de principios. Todos son autores cuyas valiosas aportaciones deberían ser retomadas hoy en día.

Bátiz evoca el doble progreso contrario de Maritain: el bien avanza tanto como el mal. Para este filósofo francés depende de nosotros saber cuál de las dos tendencias prevalecerá; el destino del mundo no es producto de una fatalidad ni del azar, y de nosotros depende construirlo. Recuerda al sacerdote Gallegos Rocafull como alguien a quien los clérigos de altos rangos actualmente podrían tomar como ejemplo para que la Iglesia resurja y recupere su posición de guía hacia la justicia y la paz. Recomienda rescatar a Mounier, quien propone una revolución no violenta, sino a partir de la energía de las ideas, elemento que se necesita hoy en día para devolver la confianza en las instituciones públicas y democráticas.

Todos son, por lo tanto, autores que, como Chesterton, se ponen del lado de los humildes y de los marginados; critican al capitalismo o a los gobiernos fundados en la protección de los intereses de los poderosos y recuerdan ciertos valores olvidados –pero insustituibles–, sin embargo necesarios para la regeneración de nuestra sociedad.

El ensayo finaliza con la parte autobiográfica que el autor comparte: el camino que recorrió desde su paso por la preparatoria en el Colegio de San Ildefonso hasta la Facultad de Derecho en la Universidad Nacional Autónoma de México, así como experiencias más cotidianas que lo ayudaron a formarse en ese camino hacia lo que él llama la (su) ortodoxia. Recuerda y agradece a sus maestros a lo largo de esos años, quienes dejaron una huella en él y le inculcaron un espíritu crítico.

La última parte expone desde dónde escribe Bernardo Bátiz y qué es lo que lo hizo ser quien es hoy en día. Todo influyó en su formación: su alrededor, su trabajo de aprendiz de abogado, su vecindario en la colonia Álamos, las pláticas con amigos, escuchar a sus maestros y seguir leyendo. Esta es otra clave del libro: se trata de una obra que invita a reflexionar, que alienta al lector a alimentarse de todo lo que lo rodea: lo que ve, lee, platica, etcétera. El autor se pregunta qué es necesario para salir de la sociedad de egoístas y poco solidaria establecida, y crear una nueva construcción social con paz, justicia, equidad y un verdadero estado de derecho. Probablemente la clave se encuentre en lo que se presenta tan obviamente frente a nuestros ojos: los libros; la lectura –y por consiguiente la recuperación– de pensadores cuyas teorías y reflexiones parecen tener eco hoy en día más que nunca.

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