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Artes Visuales
Por Germaine Gómez Haro

La Quiñonera: tres décadas de actividad

 

A Héctor Quiñones, In memoriam

 

A principios de los ochenta surgió en nuestro país la corriente conocida como “neomexicanismo”, término acuñado por Teresa del Conde para referirse a los artistas que se sirvieron de la hibridación, el reciclaje, el pastiche y la apropiación de imágenes y clichés provenientes de la cultura popular nacional para recontextualizarlos en una nueva estética kitsch. En esos años, en que las transformaciones económicas y políticas definieron la producción artística, surgieron espacios independientes y paralelos a las galerías comerciales como un reflejo de la necesidad de algunos creadores de incidir activamente en la sociedad civil. En ese contexto se crea en 1986 La Quiñonera, espacio autogestivo impulsado por los gemelos Héctor y Néstor Quiñones, en lo que fuera la casona de su familia en el Barrio de la Candelaria, en Coyoacán. A distancia vemos a La Quiñonera como un eslabón entre el neomexicanismo de los ochenta y el neoconceptualismo que despegó en los noventa con un impulso internacional afín al espíritu global. A decir de Rubén Ortíz-Torres, impulsor de este espacio junto con los gemelos Quiñones, “La Quiñonera realmente no tuvo ni un modelo, ni una agenda y se tuvo que inventar como pudo en lo que hasta la fecha sigue resultando como el más ‘alternativo’ de los espacios en un sentido literal de la palabra.” La Quiñonera fue un semillero de creadores que alcanzó una dimensión inesperada. La inmensa casona deshabitada cobró vida con la llegada de artistas que rentaron sus habitaciones como estudios, y se convirtió en lugar de reunión de rockeros, teatreros, cineastas, escritores y actores. Al lado de los Quiñones trabajaron ahí Rubén Ortíz-Torres, Claudia Fernández, Diego Toledo, Mónica Castillo, entre muchos otros, y participaron numerosos artistas de diferentes generaciones, desde Aceves Navarro o Helen Escobedo a Gabriel Orozco y Francis Alÿs, por mencionar unos cuantos. Ahí trabajaron los cineastas Carlos Cuarón y Fernando Eimbcke, y curadores como Rubén Bautista y Guillermo Santamarina aderezaron las multivariadas exhibiciones. Las inauguraciones y fiestas se volvieron legendarias, así como los conciertos de Caifanes y Santa Sabina. Lo más notable es que, a más de tres décadas de su creación, La Quiñonera sigue viva gracias al incansable empeño de Néstor Quiñones, quien tuvo la gentileza de invitarme a visitar la exhibición que se presenta ahí desde noviembre pasado y continuará hasta el mes de marzo.

La muestra se titula Ser sensible, y en palabras del propio organizador, “se trata de hacer una reflexión entre artistas acerca de la “sensibilidad” en Ciudad de México que está muy apasguatada. Quise generar vínculos entre artistas de diferentes generaciones, unos muy conocidos y otros muy jóvenes, y poner a dialogar a pintores y conceptuales mezclándolos.” La exposición está integrada por treinta y cnco participantes, entre individuales y colectivos. Es una muestra variopinta que incluye pintura, escultura, video, instalación, obra procesual, un caleidoscopio de propuestas que da cuenta de la diversidad de las preocupaciones temáticas y estéticas del arte actual, en su mayoría nimbadas por una reflexión en torno a la condición social y política de nuestro tiempo. Este proyecto se complementa con un encuentro de charlas, actividades culturales y talleres multidisciplinarios que se llevarán a cabo en el mes de marzo.

En 2008 escribió el cineasta Carlos Cuarón en la revista Generación: “La Quiñonera es un lugar de confluencia y divergencia, de amores y desamores, de amistades y odios, de trabajo y ocio. Es un espacio de creación y recreación. Existe para y por el Arte. Siempre se ha brindado generosamente como si deseara ser de todos. Y lo será, mientras los Quiñones sigan compartiéndola con el mundo.” En 2010 se constituyó como una Asociación Civil y desde entonces las actividades tomaron nuevo vuelo bajo el impulso de Ileana Peña y Néstor Quiñones, quien comenta para La Jornada Semanal: “Yo creo que la principal aportación de La Quiñonera es haber apostado por ser un espacio abierto a los fenómenos sociales y culturales sin tener una postura parcial de la realidad. El hecho de que tenga un gran poder de convocatoria me hace pensar que es gracias a una postura ética consecuente y el seguimiento hacia el desarrollo de los fenómenos estéticos actuales sin denostar el pasado.”

El pasado 22 de diciembre falleció Héctor Quiñones, a cuya memoria dedico este texto. Su pintura reciente inspirada en la esencia espiritual y la cosmogonía de los huicholes estuvo presente en la muestra aquí mencionada. Los gemelos Quiñones nos abrieron las puertas de su casa hace treinta años y es de aplaudir que siga la yunta andando.

 

Pie de fotos:

 

El universo adornado (I, II, III y IV)

 

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