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Bemol Sostenido
Por Alonso Arreola

No te veo en los Grammys, Al Jarreau

 

Corre el minuto 7 con 05 segundos. El bajista Marcus Miller golpea la tercera cuerda de su instrumento con el pulgar mientras una voz expresiva y juguetona se adhiere a la misma línea melódica. Es verano de 1994. Tenemos veinte años de edad. Nos maravillamos instantáneamente. Tiempo después sabremos que hay un registro en video de aquella sesión que nos han recomendado y que hoy, más de dos décadas después, se puede ver con facilidad en distintas plataformas. Hablamos del disco Tenderness, de Al Jarreau, grabado en el escenario del estudio SIR de Los Angeles con audiencia incluida.

Probablemente sea el mejor de su carrera, el pináculo de una trayectoria que cuenta con 26 álbumes e incontables colaboraciones como la de aquella noche, cuando además de Miller lo acompañaron el celebrado baterista Steve Gadd (pulso básico en la banda de Paul Simon), así como los saxofonistas Michael Brecker, Kenny Garrett y David Sanborn, el pianista Joe Sample, los percusionistas Paulinho DaCosta y Don Alias, y muchos músicos notables del jazz electrificado estadunidense.

¿Por qué recordarlo este domingo? Porque murió en Los Angeles hace una semana exactamente, horas antes de que en la misma ciudad se hiciera la entrega LIX de los premios Grammy. Un día curioso si pensamos que durante sus presentaciones en aquella ceremonia de premiación, la cantante Katy Perry y los raperos A Tribe Called Quest hicieron poderosas alusiones al veto migratorio y llamados a la #Resistencia –hashtag emblema de los artistas unidos en apoyo a los migrantes–, con lo cual dieron una lección de claridad estética y postura política a los muy confundidos Metallica y Lady Gaga, por cierto.

Un día curioso si pensamos que Al Jarreau era símbolo de la comunidad artística negra que en múltiples grabaciones como Tenderness pagó tributo a compositores de distintas razas, culturas y geografías. Ejemplo son sus extraordinarias versiones a “Más que nada”, del brasileño Jorge Ben; “Summertime”, de Gershwin; “She’s Livig Home”, de los británicos Lennon y McCartney, o “Your Song”, de los amorosos Elton John y Bernie Taupin. Hombre de garganta favorecida, el ganador de siete Grammys podía cantar un tema melancólico y de pronto y de la nada lanzarse con juegos sibilantes o guturales que diluían la solemnidad en un abrazo de humor, siempre atento a la temática y profundidad de la lírica que cantara. Un artista de la vieja guardia que sabía dialogar con productores, autores y arreglistas diversos en pos de una conquista que no consideraba el egoísmo escénico de nuestros días. De allí sus trabajos con Miles Davis, George Benson o Chick Corea.

Lo anterior nos parece relevante cuando tantos de los músicos de hoy buscan convertirse en celebridades que ignoran la convivencia con sus pares para, una vez alcanzado cierto estatus, abandonar los riesgos inmanentes del hacer artístico y del cuestionamiento político. Es así que sus diseñadas colaboraciones responden únicamente a posibilidades de mercado y que cualquier comentario sobre temas sensibles es censurado para “nadar de muertito” sin perturbar las aguas de propios y extraños. Pero bueno, de eso ya hemos hablado demasiado en este espacio. Dejemos el asunto por un rato.

Hoy queríamos honrar esa tarde de 1994 cuando el tema “You Don’t See Me” entró a nuestros oídos caminando vía el beatboxing (ritmo hecho con la voz) de Al Jarreau, para luego volarnos la cabeza con los bajeos de Marcus Miller. Queríamos hacerlo porque su talento nunca fue reconocido en México, porque fue perdiendo fuerza global con los años y porque no se le hizo justicia en la mentada ceremonia de los Grammy 2017, el mismo día de su muerte y en la misma ciudad. Algo injusto para quien revolucionara notablemente el uso de la voz en el caldo de Rhythm & Blues, jazz, funk y balada crooner; para quien debió ser recordado aunque fuera de manera improvisada y fuera de los estrictos guiones de los patrocinadores.

Pensando en todo ello, mientras la cantante británica Adele detenía el tema con que celebraba a George Michael y pedir disculpas a la audiencia por un error y volver a iniciarlo, no pudimos evitar preguntarnos: ¿qué hubiera hecho Al Jarreau en su lugar? Hubiera seguido adelante sacando a flote el barco a través del juego y la magia de la improvisación. Sin duda. Y no nos malentienda, lectora, lector, Adele nos cae muy bien. Es realmente talentosa y su disco 25 es encomiable. Lo malo es que parece vivir en la soledad de las tablas, sin poder apoyarse en nadie ni en nada. Usted apóyese hoy en Al Jarreau, quien siempre estará listo a sorprendernos. Buen domingo. Buena semana. Buenos sonidos.

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