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Jornada de Poesía
Por Juan Domingo Argüelles

De musos y pitonisos

Muchas personas no lo saben, o a veces se les olvida: en nuestro idioma no todos los sustantivos tienen un correspondiente masculino o femenino. El dios se opone o se complementa con la diosa, el escritor con la escritora, pero es obvio que la cuenta no es par del cuento, que la libra no es par del libro, que la broma no es par del bromo.

Esto viene a cuento porque así como el sustantivo “pitonisa” carece de masculino, dado que es derivado común del nombre propio “Pitonisa”, que así se llamaba la sacerdotisa de Apolo que daba los oráculos en el templo de Delfos, sentada en el trípode, y que, por supuesto, era mujer, así también el sustantivo “musa” (del latín musa, y éste del griego moûsa) no posee masculino, pues el nombre proviene de “cada una de las nueve deidades que, según el mito, habitaban, presididas por Apolo, en el Parnaso o en el Helicón y protegían las ciencias y las artes liberales” (DRAE). Las nueve musas son Calíope, Terpsícore, Erato, Talía, Urania, Clío, Euterpe, Melpómene y Polimnia.

El diccionario académico añade otras cuatro acepciones de sentido figurado al sustantivo femenino musa: “Inspiración del artista o escritor; ingenio poético propio y peculiar de cada poeta; poesía; en plural, ciencias y artes liberales, especialmente humanidades o poesía”. Ejemplos: Emily Dickinson obedeció siempre a su musa. La musa latina ha dado pródigos frutos. Las musas lo visitaron en la madrugada.

Ahora que se reivindica la llamada “paridad de género” (que en realidad tendría que ser paridad de sexo), paradójicamente, las artistas y las escritoras, aunque también los escritores, han creado el falso sustantivo masculino “muso”, que oponen, por supuesto, al femenino “musa”. Es desbarre similar al de los hombres que inventaron el falso masculino “pitoniso” y un tanto parecido al dislate de los creadores del supuesto masculino “azafato” ya admitido vergonzosamente por el Diccionario de la lengua española de la Real Academia Española. (Nunca hubo “azafatos”; las azafatas eran siempre mujeres y, específicamente, las viudas nobles que cuidaban de las alhajas y vestidos de la reina, y que se llamaban “azafatas” por el azafate o cestillo que llevaban siempre en las manos mientras ayudaban a vestirse a la reina.)

No hay “pitonisos”, sino “adivinadores”; no hay “musos”, sino “inspiradores”. Con “pitonisos” y con “musos” se tuerce el idioma y se echan por la borda la lógica y la historia. El sustantivo “musa” es femenino porque las “musas” son mujeres y siempre lo fueron. Sor Juana Inés de la Cruz, Jane Austen, George Sand, Mary Shelley, Emily Dickinson, Edith Wharton, Anaïs Nin, Katherine Mansfield, Virginia Woolf, Gabriela Mistral, Rosario Castellanos, etcétera, al igual que otros grandes escritores y poetas, tuvieron siempre “musas”, no “musos”.

Así como no hay “pitonisos”, sino “adivinadores”, y así como no debiera haber “azafatos”, sino “asistentes de vuelo”, insistir en la existencia de los “musos” es algo aun más extremo que creer en la existencia del monstruo del lago Ness. No es “muso”, es “inspirador”; no son “musos”, son “inspiradores”. Hasta ahora, el DRAE no admite la existencia ni de los “musos” ni de los “pitonisos”, pero dado que ya torció el rabo con los “azafatos” y con los “modistos”, no sería extraño que en su próxima edición admitiera estos engendros.

Más allá de que pueda utilizarse con un sentido irónico o festivo, es decir burlesco (“tú serás la estrella de mi firmamento/ y yo seré el muso de tu inspiración”, a sabiendas de la ironía (como en la estupenda canción de Julio Haro, intitulada precisamente “El muso”, del grupo mexicano El Personal), el problema es que el término “muso” ha comenzado a emplearse ridículamente en serio, lo mismo en el habla que en publicaciones impresas. La cantante mexicana Carla Morrison escribe en serio y no sin cursilería: "Eres el muso de mis versos,/ esta conexión penetra el universo,/ mis besos conectan tus besos,/ las chispas de tu alma son mi complemento.” Si esto provoca el “muso” de sus versos, ¡así ha de estar el tal “muso”! Pero más allá de esto, la cantante debió escribir y cantar lo siguiente: "Eres el inspirador de mis versos", etcétera.

He aquí otros ejemplos de esta barbaridad: “digamos que te toca a ti sudar la gota gorda, mientras el muso se queda sentado”, “¿qué le parece ser el muso de esta nueva generación?”, “ambos diseñadores consideran al joven cantante Justin Bieber como su muso particular”, “más de uno querría ser su muso”, “Depp fue su muso en películas”, “felicitaciones a ti y a tu muso”, “tu muso tiene que sentirse feliz con esta dulzura de letras” y, peor aún, “mi muso, mi hombre-musa”, etcétera. Es obligado que a algunos y a algunas no los visite la musa, sino el diccionario.

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