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Jornada Virtual
Por Naief Yehya

Asesinos propios y extraños

 

¿Y NOSOTROS SOMOS INOCENTES?

Como todos saben no soy el primero en decir que hasta un reloj descompuesto da la hora correcta dos veces al día. En su entrevista previa al Super Bowl, con el conductor de la cadena Fox, Bill O’Reilly, Donald Trump repitió que respetaba a Vladimir Putin, algo que ha dicho ya en innumerables ocasiones y que sigue causando inquietud entre algunos estadunidenses. O’Reilly lo cuestionó e, intentando que matizara, que diera por lo menos alguna señal de rechazo del líder ruso, le dijo: “Es un asesino.” A lo que el magnate de bienes raíces respondió: “Nosotros tenemos muchos asesinos, tenemos muchos asesinos.” Y añadió: “¿Qué, piensas que nuestro país es inocente?” Estas palabras no tienen precedente en la boca de un presidente estadunidense. Decenas de comentaristas demócratas y conservadores saltaron a condenarlo y varios republicanos intentaron explicar que en realidad no había querido decir lo que había dicho. No es la primera vez que Trump dice una verdad tabú para el establishment estadunidense. Durante la campaña acusó a George Bush de haber lanzado la guerra e invasión de Irak con base en mentiras, aunque acompañó esta verdad con otra mentira al decir que él siempre se había opuesto a ese conflicto. Asimismo, condenó a Goldman Sachs y a Wall Street por explotar a la clase media, pero en cuanto llegó a la Presidencia incorporó en su gabinete a cinco exejecutivos de esa compañía de inversiones y finanzas.

PASIÓN POR LOS HOMBRES FUERTES

Al reconocer que en su país también ha habido asesinos en el poder, Trump no mostró vergüenza ni remordimiento alguno, aunque tampoco pareció hacer alarde. No era realmente una denuncia ni tampoco una defensa, sino que intentaba constatar lo obvio para justificar los crímenes de Putin. La fascinación de la exestrella de reality show con los líderes autoritarios no es nueva: admiraba a Saddam Hussein y a Muamar Gadafi por “matar terroristas” y en su entrevista con la revista Playboy en 1990 elogió al gobierno chino por mostrar el poder de la fuerza”, al aplastar la manifestación prodemocracia en la Plaza Tiananmen en 1989, donde murieron cientos de estudiantes y activistas. Es claro que ese es el tipo de liderazgo al que aspira y es ahora el momento de preguntarse con seriedad si podrá imponer un régimen autoritario en Estados Unidos. Es un hecho que ya está realizando movimientos y haciendo declaraciones con el fin de debilitar la democracia al ignorar la Constitución, descalificar a los tribunales y tratar al Congreso como a su mascota.

 

NIHILISMO Y LENINISMO

Es fácil imaginar la histeria que hubiera provocado Obama si se hubiera atrevido a cuestionar la superioridad moral estadunidense. Si bastó que en abril de 2009 hiciera una reverencia al saludar al rey Abdulá de Arabia Saudita para que sus enemigos gritaran que se estaba postrando ante las potencias extranjeras. Ahora el partido que se ha apropiado del patriotismo tiene que hacer toda clase de malabares para justificar que su líder, quien promete hacer a “América grandiosa otra vez” y que asegura que su política consiste en “América primero”, hable de ciertos líderes extranjeros con admiración babeante y presente una visión apocalíptica, al borde de la caricatura, de su propio país. En las fantasías de Donald, Estados Unidos es la víctima permanente, un país bueno y generoso, pero al borde de la estupidez, y del cual todos abusan. Trump promete cambiar el espíritu de la nación con actos de crueldad, como cerrar las fronteras a los refugiados, erigir un muro y obligar a México a pagarlo, vetar a los musulmanes, torturar militantes y matar a las familias de los terroristas, todo esto mientras se lamenta de que sus predecesores no se hayan robado el petróleo iraquí. Para tratar de dar coherencia a esas políticas, Donald contrató como consejero supremo a Stephen Bannon, un ideólogo del nacionalismo cristiano blanco, quien en 2013 le aseguró a Ronald Radosh que era leninista, porque él “también quiere destruir al Estado.”Este nihilismo desquiciado va perfectamente acorde con los miembros del gabinete de Trump, entre los que tiene a un secretario que prometió destruir la Secretaría de Energía que ahora dirige, otro secretario que ha demandado catorce veces a la Secretaría de Protección Ambiental que le han asignado, una Secretaria de Educación que odia las escuelas públicas y un secretario de Estado que dirigía una empresa petrolera.

Miembro del club

En su primera acción militar, Trump se convirtió en un asesino internacional: entre treinta y cincuenta personas murieron en el ataque de Yemen el 28 de enero. Con la excepción de la Casa Blanca, todos los analistas han concluido que el ataque fue un desastre. No obstante, veremos qué efecto tiene la sangre en el imaginario de Trump, quien ahora ya puede sentirse parte de esa élite de asesinos poderosos a los que siempre ha admirado.

 

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