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Pensar la nación
La nación desdibujada. México en trece ensayos, Claudio Lomnitz, Malpaso, México, 2016.
Por Hugo José Suárez

 

Claudio Lomnitz es uno de los autores cuyos libros compro prácticamente sin mirar el título, sé que sus letras están garantizadas. Así me pasó con La idea de la muerte en México (FCE, 2006), El regreso del camarada Ricardo Flores Magón (Era, 2016) y varios más que guardo en lugar especial. Unos meses atrás me encontré en una librería de Coyoacán con La nación desdibujada, México en trece ensayos (Malpaso, 2016); sin pensarlo, casi hipnotizado, minutos más tarde me vi frente al cajero. Y no me arrepiento.

El texto reúne documentos de distinta naturaleza que giran alrededor de una sola intención que explica el autor en el segundo párrafo: “El libro es una invitación a pensar la cuestión nacional contemporánea y ofrece al lector varios de los puntos de entrada por donde yo he procurado sondear de una temática que es de suyo polifacética.”

El primer valor del documento está en recuperar los escritos paralelos a la producción académica formal en un solo volumen con un hilo conductor. Ahí uno se puede encontrar con un ensayo, una conferencia, un prólogo, un artículo. Se trata de recuperar las reflexiones que por distintas razones acaban desperdigadas en múltiples soportes y cuya compilación facilita su acceso a los lectores y permite comprender mejor el pensamiento de un autor.

También se agradece poder leer al universitario en sus episodios más personales, que a menudo se pierden –acaso se ocultan- en las grandes obras. Por ejemplo, Claudio explica que redactó esas letras porque migró a Nueva York en 1988 desarraigando a su familia: “Mis hijos a veces resentían esa decisión, y la cuestionaron en varios momentos. Quise escribir un libro acerca del México de los años ochenta para que ellos comprendieran algún día el contexto en que los había desarraigado.” En la misma dirección, en el apartado “A caballo en el río Bravo” el autor narra su trayectoria personal, su vida en Santiago de Chile –donde nació-, su llegada a México, sus estudios de antropología en la Escuela Nacional de Antropología e Historia, su migración a la academia estadunidense, sus lecturas, su relación con sus padres. En suma, como bien sugería George Deveraux hace tiempo, no se oculta bajo la alfombra. Por el contrario, sus experiencias, sus miedos, sus apuestas están sobre la mesa y permiten comprender más sus escritos.

El documento muestra otra manera de analizar lo social no acudiendo sólo a los lugares comunes y grandes nombres sobrados de legitimidad. Un ensayo sobre Octavio Paz convive con una reflexión sobre las “travesuras de Memín Pinguín”; con la misma soltura habla de Oscar Lewis que de Mamá Rosa –mujer responsable de un albergue para niños en Michoacán intervenido por autoridades federales.

Son muchas más las virtudes del libro. Quien quiera leerlo puede empezar por el apartado “A caballo en el Bravo”, pues se encontrará con Lomnitz en sus hazañas vitales y sus vaivenes académicos. Verá con mayor claridad por qué escribe a galope entre Ciudad de México y Nueva York, por qué se siente propio y ajeno en ambos lugares. Puede continuar con el Bonus: “La etnografía y el futuro de la antropología en México”, para tener clara la importancia de la antropología, de mirar los datos más allá de los números, de darse el tiempo para convivir y pensar. Entenderá que escribir, describir y descubrir forman parte de un mismo proceso, y que toma tiempo, esfuerzo y mucha pasión. Luego se puede transitar por cualquiera de los capítulos; no dudo que, cuando concluya, el lector quedará satisfecho de haber compartido unas horas con un autor indispensable.

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