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Bemol Sostenido
Por Alonso Arreola

Resonancias del met en México

 

Rusalka simboliza el sacrificio en pos del amor. Es una bella ninfa de río que se obsesiona con un príncipe humano y, a pesar de las réplicas de su padre, el Espíritu del Lago, renuncia a su naturaleza acuática con la ayuda de la bruja Jezibaba. A cambio de su deseo acepta condiciones y castigos fantásticos: una vez casada no podrá dirigirle la palabra a su marido y, si éste le es infiel, se volverá presa del lago hasta que otro acepte derramar su sangre para liberarla. Sucede entonces que el susodicho príncipe, tras casarse con ella, se aburre de no escucharla hablar y comienza a cortejar a una dama extranjera. El drama se desata y Rusalka muere en el lago besando y perdonando a su amado, quien arrepentido pide el sacrificio propio. Así es el libreto de Jaroslav Kvapil musicalizado por Antonin Dvorak, estrenado en Praga hace ciento dieciséis años cuando las producciones teatrales distaban mucho de las de la Nueva York actual.

Semejante al de Rusalka es el amor que sufre Violeta, eje central de La Traviata, libreto de Francesco Maria Piave musicalizado por Giuseppe Verdi en la Venecia de 1853. Aunque de corte realista, el argumento también muestra a una mujer sufriente y enferma que debe renunciar a su amado y rencoroso Alfredo debido a las presiones del padre de éste. Por supuesto, al final encontrará la muerte y se reconciliará con los hombres cargados de remordimientos. Escrita medio siglo antes, tampoco imaginó representaciones tan glamorosas como la que hoy reflejan más de dos mil pantallas alrededor del mundo. Porque de eso hablamos este domingo, lectora, lector, de las próximas óperas que el met neoyorquino transmitirá en las incontables ciudades que compran sus derechos.

Imagine: sólo en México hay catorce que se conectan al famoso escenario concierto tras concierto: Cancún (Universidad del Caribe), Ciudad Juárez (Teatro Víctor Hugo Rascón Banda), Cuernavaca (Teatro del imta), Durango (Teatro Victoria), Guadalajara (Teatro Diana), La Paz (Teatro El Pilar), León (Auditorio Mateo Herrera), cdmx (Auditorio Nacional), Monterrey (Auditorio Luis Elizondo), Oaxaca (Teatro Macedonio Alcalá), Puebla (Teatro Principal), San Luis Potosí (Universidad Autónoma de San Luis Potosí), Texcoco (Instituto Mexiquense de Cultura) y Torreón (Teatro Isauro Martínez). Se trata de una lista que compartimos como guía pero sobre todo por el desconocimiento generalizado ante una oferta valiosa que, si bien debilita la experiencia de la ejecución directa, se deja disfrutar cabalmente por su perfecta filmación y sonorización, por la suntuosa escenografía y por la innegable influencia del Broadway más eficaz.

Dicho esto, además de Rusalka (25 de febrero) y La Traviata (11 de marzo), el met también transmitirá Idomeneo (25 de marzo), la mítica creación de Mozart y Giambattista Varesco presentada en Munich durante 1871, situada en la Grecia de Troya y Creta. Laberíntico como su origen, el guión se mueve con la atracción de un destino que puede incumplirse por la bondad y gracia de Neptuno. Un mes después podrá verse Eugene Onegin (22 de abril), ópera de Tchaikovsky y Shilovsky basada en el famoso poema de Alexander Pushkin donde todo y nada sucede en torno al amor de Tatiana hacia un joven confundido que asesina a su mejor amigo en un orgulloso duelo que signa su futuro.

El Caballero de la rosa (13 de mayo), de Richard Strauss y Hugo von Hofmannsthal, será la última de las transmisiones de la temporada que comenzó en el invierno de 2016. Es éste un buen final pensando en su comicidad y en el triunfo de la mujer por encima de la crueldad que tan comúnmente impregna los libretos operísticos. Dividida en tres actos, fue estrenada en Dresde el 26 de enero de 1911. Así termina un ciclo con directores de orquesta como Mark Elder, Nicola Luisotti, James Levine, Robin Ticciati y Sebastian Weigle; con cantantes como Alexey Dolgov, Mariusz Kwiecien, Kristine Opolais, Nadine Sierra y Anna Netrebko, todos artistas notables que vale la pena escuchar y ver actuar, tanto como vale la pena conocer las propuestas escénicas con que el met da balance a la tradición y lo contemporáneo.

Allí algo que debe animarnos a desempolvar la idea que tenemos de la ópera, una disciplina basada en clichés y que respeta guiones y partituras, pero que en el caso de esta compañía de la Gran Manzana arriesga en sus escenificaciones, lo que sin duda reta a los ojos y realza lo que de universal posee. Experiencia rara la de llenar butacas ante un arte vivo llevado a la pantalla, aplaudimos como sea que en estos tiempos de muros y fronteras podamos aprovechar cables y satélites para abolir distancias. Busque su sala más cercana. Buen domingo. Buena semana, Buenos sonidos.

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