Usted está aquí: Portada / Arte y Pensamiento / Cinexcusas
Usted está aquí: Portada / Arte y Pensamiento / Cinexcusas
Cinexcusas
Por Luis Tovar

Distorsiones desdistorsionables

 

Un día como hoy, usted busca en cartelera cuáles son las opciones para ver una película y no encuentra escasez sino lo que le sigue, pues la oferta comercial apenas alcanza las dos decenas de filmes. Ya de entrada peor que magra, dicha oferta empobrece muchísimo cuando una ojeada a los títulos en exhibición demuestra que doce de ellos, es decir sesenta por ciento, proviene de un solo país –no hay nada más fácil que adivinar cuál–, y la cosa se pone todavía peor cuando se le añaden otros tres filmes, dos producidos en Canadá y uno más en Australia, pero estadunidenses como el que más, para un total de quince gringadas, para un descorazonador setenta y cinco por ciento.

Ni con mucho es ésta la primera vez que aquí se deplora que el estado de la industria y la cultura cinematográficas mexicanas muestren tan elevado nivel de distorsión, y tampoco sería la primera vez que Unoqueotro se le eche encima a este juntapalabras tachándolo de exagerado, alarmista, antiestadunidense y otros cargos de lesa falsedad.

Esté o no dispuesto a reconocerlo el muy costumbrista Todosaquellos, tan hecho a la idea de que “así son las cosas” gracias a sus muchos años de recibir y consumir esas “cosas” sin el menor asomo crítico, el hecho es que cuando tres cuartas partes de una propuesta –de lo que sea– consisten esencialmente en lo mismo, sencillamente no hay tal cosa como una propuesta. Si se trata de ser rigurosos, actitud para la que Todosaquellos parece estar sobresalientemente incapacitado, de lo que debe hablarse en un caso así es de imposición o, en el caso específico del cine comprendido en su doble naturaleza de industria cultural e industria a secas, de colonialismo comercial y, va de nuevo, cultural.

 

La abundancia de la escasez

Véase el asunto desde esta otra perspectiva: sin contar cineclubes ni instituciones públicas y privadas de diversa índole, creadas ex profeso o habilitadas para ver cine, al cierre de 2016 existían 6 mil 11 salas cinematográficas a lo largo y ancho del territorio nacional. De ellas, poco menos del noventa y tres por ciento –5 mil 578, para ser exactos– pertenece a las cadenas Cinemex y Cinépolis, mientras el restante siete por ciento se reparte entre unas cuantas compañías privadas que, como resulta obvio, no le hacen ni cosquillas al muy poderoso duopolio mexicano de exhibición cinematográfica.

Además de consistir en otra distorsión, que por lo demás se supone contraria a las buenas prácticas indispensables para el buen desempeño económico y comercial de una nación, lo anterior significa en los hechos que la gran mayoría de los más de 120 millones de habitantes de este país ven el cine que un mínimo puñado de programadores deciden, y es bien sabido pero no sale de sobra recordarlo: los criterios de ese puñado de personas es todo, menos cinematográfico, pues de lo primero y de lo último que se trata es de vender.

¿Y qué le vendieron las gigantes de la exhibición cinematográfica a un público que, por cierto, el año pasado compró 39 millones de boletos más que en 2015, incrementando el promedio de asistencia de 2.1 veces por habitante a 2.5 por ciento, gracias a lo cual México es cuarto lugar mundial en cifra de boletos vendidos? ¿Con qué oferta fílmica obtuvieron los 13 mil 793 millones de pesos “recaudados”, como le encanta decir a Todomundo, en 2016, para un promedio de mil 150 millones de pesos mensuales, más de 38 millones cada día?

La respuesta vino antes de las preguntas: lo que le vendieron a ese público ávido y creciente fue exactamente lo mismo que, cifras arriba o abajo, se expuso líneas arriba: de cada cien películas, setenta y cinco o más suelen ser estadunidenses, unas quince europeas, asiáticas y/o africanas –casi nunca lo último–, y diez o menos, pero casi siempre menos, son mexicanas, como lo demuestra el retroceso dramático registrado de 2014 a 2015: de 26.4 millones de boletos vendidos el primero de esos años para ver algún filme nacional, la cantidad cayó a 17.2 millones, más de 26 por ciento, y el año pasado la tendencia no varió en absoluto, ya que el cine mexicano superó apenas el 5 por ciento de la taquilla total.

¿Y quiénes fueron los ganones, además de los exhibidores? Nada más en México, las majors Universal, Disney, Fox, Warner y Sony, todas estadunidenses por supuesto, se embolsaron 8 mil 424 millones de pesos en 2016. No extraña pero sí debería indignar, y no sólo eso: debe tenerse en cuenta la situación extremadamente distorsionada del fenómeno cinematográfico en nuestro país, sobre todo ahora que, según Trump, hay que revisar el TLC. Venga, revisémoslo.

comentarios de blog provistos por Disqus