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Artes Visuales
Por Germaine Gómez Haro

Bosco Sodi: expresión del tiempo petrificado

Dentro del marco de la pasada feria de arte Zona Maco se inauguró en el Museo Anahuacalli la exhibición Elemental, de Bosco Sodi, artista mexicano de gran reconocimiento internacional nacido en 1970 que radica y trabaja entre Nueva York, Barcelona, Puerto Escondido y Berlín. El museo construido por Diego Rivera para albergar su colección prehispánica ha presentado diversas muestras de artistas contemporáneos que dialogan con su singular arquitectura y su fascinante colección, exhibida dentro de una también muy particular museografía. El trabajo de Bosco Sodi, reunido bajo la curaduría de Dakin Hart –curador en jefe del Museo Noguchi de Nueva York– está integrado por pinturas y esculturas dispuestas en diferentes áreas del edificio, comenzando por la majestuosa explanada de acceso hasta la terraza superior, desde la cual se aprecia el paisaje de la reserva ecológica que lo circunda. A decir del artista en entrevista para esta columna, este museo le resulta un espacio familiar, ya que su madre lo llevaba de niño a los jardines y a las ofrendas del Día de muertos. No es de extrañar que Sodi se sienta fascinado con la arquitectura de piedra volcánica con la que Juan O´Gorman construyó este recinto, si pensamos que su obra tiene un carácter netamente tectónico que remite a la poderosa esencia de la naturaleza.

El visitante es recibido en la explanada de acceso por una instalación integrada por decenas de cubos de barro y una cuantas piedras volcánicas vidriadas, trabajo que el artista viene realizando desde hace unos años. Los cubos de barro de diversas dimensiones son piezas que destacan por la elegancia de su sencillez; obras diríase minimalistas de delicada factura que contrastan con las rocas de color rojo brillante. En ambos casos, el artista pone empeño en el proceso creativo y deja que el azar se encargue de terminar las obras. Sodi se da a la tarea de buscar las piedras en una cantera y en el taller de cerámica de José Noé Suro, en Guadalajara, las recubre de un barniz para lograr el efecto de vidriado en rojos encendidos o dorados. El proceso técnico es el mismo de la cerámica y el resultado es siempre impredecible, ya que cada pieza reacciona de manera diferente a la presión, temperatura y humedad del ambiente. Algo similar sucede con sus portentosos lienzos cubiertos de gruesas capas matéricas que alcanzan hasta los 15 cm de espesor. El proceso de sus pinturas también es muy particular. Acostumbrado a formatos de grandes dimensiones, el artista coloca los lienzos en forma horizontal sobre una base y con las manos va aplicando poco a poco una mezcla hecha con aserrín, pedazos de corteza, fibras naturales, pegamento y pigmentos con agua que día a día van conformando la gruesa capa rugosa que las caracteriza. Este proceso lento y sin prisas puede durar hasta dos meses y el acabado final se da cuando la superficie comienza a agrietarse. Es entonces cuando el artista la considera terminada. El proceso creativo de Bosco Sodi –una auténtica cocina plástica– tiene que ver con la filosofía estética japonesa conocida como wabi sabi, de la que es conocedor y practicante, centrada en la fragilidad y la impermanencia de la condición humana, y la aceptación de la transitoriedad y la imperfección estética. Su trabajo, tanto en pintura como en escultura, busca lo inesperado y lo fortuito, y tiene la cualidad de lo “incompleto” inherente al wabi sabi. En la sala central que alberga los bocetos para murales de Rivera se colocó una extraña escultura roja entre rocas del mismo color, rematadas por un fulgurante lienzo rojo. Es una pieza orgánica que surge de su gusto por jugar con la materia, en este caso los sobrantes de las pinturas. Una obra similar en bronce con una pátina azul recibe al visitante en la entrada principal.

En la exposición en el Anahuacalli las pinturas y esculturas, en diferentes salas del recinto, dialogan íntimamente con los materiales volcánicos de la construcción y de las esculturas prehispánicas, y con las delicadas cerámicas de las vasijas y figurillas de estas culturas ancestrales. Cada pieza está estratégicamente colocada en un sitio muy bien elegido entre la museografía de la colección para que el visitante experimente la emoción de contemplar unas obras de arte plenamente contemporáneas que en su esencia son expresión del tiempo petrificado.

 

Pie de foto:

 

1, 2, 3, 4: Sin título, Bosco Sodi

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