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Cinexcusas
Por Luis Tovar

RWF

 

Nació en Bad Wörshofen, Alemania, el último día de mayo de 1945, le pusieron el mismo nombre que al autor de la célebre Carta a un joven poeta, entre otras cosas era cineasta y, con cuarenta y cuatro filmes en su haber –hechos además en el apretado e intensísimo lapso de tres lustros–, cumplió más películas que años puesto que murió en 1982, a los treinta siete. Se llamaba Rainer Werner Fassbinder y el crítico alemán Wolfram Schütte –pero no sólo él– lo considera “posiblemente el único genio cinematográfico de la postguerra alemana”.

El año pasado se cumplió medio siglo desde la primera vez que dirigió una película: con el cortometraje titulado El vagabundo (Stadtstreicher, 1966), Fassbinder daba inicio a una trayectoria cinematográfica que, dada la brevedad de su vida, necesariamente hace pensar en todo lo que ya no pudo filmar. Sin embargo, y como le consta a cualquiera que haya visto así sea sólo una de sus cintas, bastaría con El amor es más frío que la muerte (1969), Katzelmacher (1969), El mercader de las cuatro estaciones (1971), Las amargas lágrimas de Petra von Kant (1972), Todos los demás se llaman Alí (1973), Un año con trece lunas (1978), El matrimonio de María Braun (1979) o la serie televisiva Berlín Alexanderplatz, para estar de acuerdo con lo que Jean-Luc Godard dijera alguna vez, a propósito de la prematura muerte de su colega: “¿Y cómo quieren que no muriera joven, si él solo hizo lo esencial del nuevo cine alemán?”

Toda la información anterior fue tomada de un libro espléndido titulado simplemente Rainer Werner Fassbinder, editado en 2016 por la Cineteca Nacional y que, así su nombre no figure en la carátula, se debe al trabajo minucioso, conocedor y francamente apasionado de Sonia Riquer, cuya discreción la ha movido a figurar sólo como responsable de la investigación y la compilación de textos, a pesar de que ella misma es autora de poco más de la mitad de los apartados en los que el volumen está dividido: nueve de diecisiete. Los escritos por esa germanófila contumaz que felizmente es Sonia, son el capítulo introductorio, “Rainer Werner Fassbinder, un creador inacabable”, y las reseñas/ensayos correspondientes a los filmes que se exhibieron en una muestra retrospectiva el año pasado en la Cineteca Nacional: “Dos cortometrajes y un talento por descubrir” –a propósito de El vagabundo y El pequeño caos–, “El amor es más frío que la muerte”, “Katzelmacher”, “Baal”, “El comerciante de las cuatro estaciones”, “Todos los demás se llaman Alí” y “La ley del más fuerte”, así como el penúltimo apartado, “Los otros: impresiones y recuerdos”, consistente en testimonios que Sonia entresacó del documental Ich Hill nicht nur, dass ihr mich liebt. Der Filmemacher Rainer Werner Fassbinder (Hans Günther, Alemania, 1993), incluyendo los del cineasta Volker Schlöndorff, los cinefotógrafos Michel Ballhaus y Xaver Schwarzenberger, el productor Luggi Waldleitner y el actor Karlheinz Böhm, entre varios más.

El libro incluye también un conjunto de ensayos espléndidos, que Sonia eligió con el buen tino de quien conoce a fondo aquello de lo que se está hablando: “El tradicionalista que miraba hacia el futuro”, del citado Wolfram Schutte; “A time to love and a time to die”, que es el prólogo escrito por Doménech Font para el libro del propio Fassbinder titulado La anarquía de la imaginación (Paidós, 2002); “El grupo y el equipo”, tomado del libro Fassbinder, de Ronald Haymay (Ultramar, 1985); así como “Hanna Schygulla”, del ya referido La anarquía…, en el que el propio cineasta habla de quien fuera su principal cómplice y muchas cosas más. Contiene también un trío de entrevistas con Fassbinder: “En algún momento las películas tienen que dejar de ser películas”, conversación sostenida con Hans Günther Pflaum a propósito de Todos los demás se llaman Alí; “Imágenes que el espectador pueda llenar con su propia imaginación”, plática con Kraft Wetzel sobre la película Effi Briest; “He cambiado con los personajes de mis películas”, charla con Hella Schlumberger, y finalmente las respuestas que dio Fassbinder a un cuestionario que un grupo de escolares le enviara a distintas personalidades a principios de la década de los años ochenta, es decir un par de años antes de la muerte del cineasta.

Por supuesto, quedan fuera de toda duda tanto la importancia como la enorme influencia que la obra de Rainer Werner Fassbinder ha tenido en las generaciones posteriores de cineastas, no sólo alemanes desde luego. Por desgracia, también fuera de duda está el tremendo desconocimiento colectivo que de un cineasta así de insoslayable padece un público, eso sí, sabedor al dedillo de los dimes y diretes de la fugacidad hollywoodense, eternamente sustituible y sustituida.

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