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Cabezalcubo
Por Jorge Moch

Rectify

Hay, aunque desde luego son rayas en el agua, programas televisivos que adquieren por su factura o calidad de producción, pero sobre todo por su discurso social, inesperada relevancia. Rectify es una serie dramática estadunidense, inscrita en la corriente narrativa (sí, primero que nada, literaria) del Gothic Southern, o gótico sureño, término creado por Ellen Glasgow en la década de 1930 de manera peyorativa, y que después reuniría a una abigarrada multitud de autores, desde los textos más desencantados de Mark Twain o los oscuros rincones narrativos de Anne Rice hasta las visiones hiperrealistas, crudas y a menudo terriblemente crueles de Cormac McCarthy. La serie fue creada por Ray McKinnon y llega al final en su cuarta temporada, que se estrena en México el próximo martes 21 de marzo.

Pero Rectify tiene otras características que la hacen muy interesante. Es, para empezar, la primera serie televisiva producida enteramente por el canal de televisión del Festival Cinematográfico de Sundance, que se realiza cada año en la pequeña, idílica ciudad de Park City, en Utah, y que es famoso por brindar apoyo a muchos pequeños realizadores en la difícil ruta crítica que supone hacer cine independiente. El canal se llama Sundance TV y llega a México a través de los sistemas de televisión de paga. Siendo Sundance una organización dedicada al cine independiente no sólo de Estados Unidos, sino del orbe –el festival entero, que fue fundado por el actor Robert Redford, tiene cierta atmósfera de filantropía cinematográfica y exhibe producciones a menudo fuertemente críticas con el establishment–, su acervo es afortunadamente muy rico, verdaderamente ecléctico. Y ha saltado ya de la pantalla grande a la chica, posicionándose como un rival formidable para el cine.

Rectify cuenta la historia de un hombre del centro-sur de Estados Unidos, Daniel Holden (interpretado magistralmente en su melancolía abrumadora por un estupendo Aden Young), que es acusado erróneamente de un crimen atroz y pasa diecinueve años de su joven vida (era apenas un adolescente cuando fue encarcelado) soterrado en los calabozos penitenciarios del corredor de la muerte, en una cárcel de Georgia. Dos décadas después, el ADN de la escena del crimen lo exonera por completo y su sentencia de muerte es revocada, lo que le significa ser liberado. Pero si la cárcel fue difícil, su propio pueblito bicicletero, Paulie, en el mismo estado de Georgia, es el verdadero infierno, puesto que se trata de una comunidad muy reducida, intolerante y refractaria ya sea al cambio o a novedades y fuereños. Daniel es visto con recelo por sus propios vecinos y constantemente es agredido y perseguido porque se le sigue sospechando culpable, aunque se haya demostrado su inocencia. La serie busca encontrar la posibilidad del perdón en alguien que ha padecido constantemente abusos e injusticias, y abreva profundamente en las cualidades de sanación emocional que pueden tener las relaciones humanas, sobre todo familiares. El resto del elenco está formado por excelentes actrices y actores de teatro y cine independiente (mi actuación favorita sería el papel de Amantha, la hermana del protagonista, interpretada por una soberbia Abigail Spencer), que aportan magníficas interpretaciones de histriones no necesariamente vinculados a las grandes producciones de los estudios de Hollywood pero que resultan gratamente sorprendentes en tanto la calidad de sus actuaciones es prístina: una de las piedras angulares del gótico sureño es la credibilidad de sus personajes.

Fiel a su escuela, Rectify supone entonces un mosaico no siempre amable pero poderosamente realista de la composición social de Estados Unidos en una de sus regiones más fanatizadas por ese cristianismo recalcitrante que parece tener en el sur de Estados Unidos su mejor nido y regir conductas, usos y costumbres muchas veces en contra de la decencia y el sentido común, en un paralelismo muy interesante con las sociedades islamitas radicales de hoy. El recelo que se origina en comunidades tan cerradas –o tan pequeñas y proclives a ciertas endogamias muchas veces más culturales que de otro tipo– luego se traduce, tal que vemos en el mundo a diario, en guerras, atentados, incordios y prejuicios.

Que es precisamente contra lo que lucha el personaje de Young, Daniel. Pero parece ser también lo que quizás busca la nueva cúpula gubernamental de ultraderecha que se hizo recientemente con la Casa Blanca: odiar.

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