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¡¿Tristeza?! ¡¿Te da tristeza?!

“Me da mucha tristeza toda esta violencia”, le dije, unos meses antes, a Cynthia. Pasamos cuatro horas en un Sanborns cobijadas por la algarabía de los comensales de viernes.

–¿Tristeza? ¿Te da tristeza –respondió incrédula esta joven, casi vomitando la palabra.

–Bueno… Sí… Tristeza. Y mucha.

–¡Pues a mí me da rabia! ¡Una rabia que no puedo controlar! Impotencia total. De tanta rabia, a cada rato me pongo en peligro en Neza. Cuando lo del señor borracho que te digo anduvo disparando al aire, le grité que si no sabía que había niños jugando en mi calle. Era un criminal y no me importó.

Niños jugando en la calle. Cada vez hay menos, me dicen personas que habitan en lugares muy distantes entre sí. Como el escritor j.m. Servín, como el pintor Julio Huertas, a quienes entrevisté dos semanas atrás.

Más adelante Cynthia relatará –tiene un don narrativo esta joven que ama los libros– cómo ese carácter abrupto suyo procede de la abuela materna, una hidalguense, de la sierra, migrada al exdf con sus hijos para trabajar vendiendo periódicos, manzanas, quesadillas, de todo. Contará también sobre su madre, la antes niña que jugaba a pararse sobre un montículo de tierra para imitar el discurso de los políticos que llegaban a Neza –el de los fraccionadores que vendían ilusiones para que los colonos compraran terrenos e hicieran casitas de cartón y asbesto–, crecida en el Estado de México, orgullosa colonizadora de Ciudad Nezahualcóyotl en los años sesenta del siglo pasado.

¿Paracaidismo? Ni siquiera menciona el término. Y hace bien porque si uno se ve a sí mismo como un paracaidista, alguien que llega a ocupar ilegalmente terrenos baldíos, acepta entonces que su conducta fue “ilegal”, que vendió su voto a algún partido y le compró “baras” un baldío polvoso a cualquier diputado transa. Todo para tener vivienda. Es mirarse como alguien sin dignidad, como alguien reducido por la realidad. Decir colonizador, en cambio, equivale a tener conciencia de tu propio valor como persona que se lanza, como hizo su abuela viuda, con todo e hijos, a la monstruosa Ciudad de México para darles alimento y casa a sus cachorros. ¿Algo más? Aquella noche de viernes salí del Sanborns pensando en toda clase de colonizadores. Los ingleses de quinta, por ejemplo, que llegaron a forjar un país en Estados Unidos y a reducir a los verdaderos dueños de la tierra. O, para no ir más lejos, en los conquistadores españoles, llenas sus tropas de tipos salidos de las cárceles, llegados al futuro México a pisotear una religión ajena, a someter, nuevamente a reducir, a los verdaderos dueños de la tierra. A cortarles manos y pies para aterrorizarlos porque eran numéricamente inferiores que sus enemigos. ¿No es de una soberbia atroz imponer tu religión al otro?, me digo. Más bien es un acto de poder. Y la “pobreza extrema” o la miseria, ¿no son violencia ejercida impunemente?

Y la muerte del Efrén en Neza, hijo de Felipe, el periodiquero de la esquina de mi casa: ¿Se debe a la miseria o simplemente a la impunidad? (“Es hacerte de un poder violento que no te corresponde.”)

“Y convertimos Neza en el territorio urbanizado, horrible pero urbanizado, que es ahora”, es la frase central, decido momentáneamente, pensando en esta crónica, después de la conversación con esta treintañera Cynthia que terminó Letras Hispánicas y fundó un taller artesanal de chocolate para dedicarse luego al freelance editorial.

Un territorio urbanizado. Horrible pero urbanizado. Como el de la periferia en la frontera entre Neza e Iztapalapa, como el de las zonas más miserables del Estado de México y del propio df.

 

***

Nezasicótico

 

Tres días después, el 5 de septiembre de 2012, el miedo se extendía. “Neza, pueblo fantasma” y “el miedo se extendía” fueron las frases de Cynthia más “likeadas” en su muro de Facebook. El mundo parecía haberse vuelto loco. Al menos en ese municipio con una población mayor al millón de personas y una extensión de 63.74 kilómetros cuadrados. Mis contactos de Facebook comentaban lo nunca imaginado en nuestra falsa burbujita de seguridad defeña. Que los habitantes del municipio bravo más cercano a Ciudad de México llamaron, acelerados al mil, a sus seres queridos: “No lleves a los niños a la escuela. No salgas. La familia m está en guerra. Esto está muy feo.” La misma mujer que advertía a su gente escribió lo siguiente (y prefiero citarla tal cual en lugar de ceder absurdamente a la tentación de sustituir sus palabras con las mías: “En Neza está pasando lo que ya pasó en Juárez, lo que pasa en Guerrero, en Morelos, en Michoacán. Los que vivimos en Neza sabemos: 1) Que la mayoría de mercados está pagando cuota a La familia michoacana o a alguno de sus clones; 2) de los golpeados y asesinados, de los baleados, de los secuestrados que se han resistido; 3) que todos tenemos una historia (generalmente con policías involucrados) de extorsión, secuestro, amenazas; 4) que actualmente tener un negocio próspero en Neza es motivo de temor pues, en cualquier momento, te llega el aviso de cuota de ingreso y la tarifa que te tocará pagar; y 5) que ser joven y guapa en Neza es motivo de temor, porque si le gustas a alguno de los múltiples fulanos en troca de vidrios polarizados, con carros de guardaespaldas, ya está en peligro toda tu familia.”

 

En 2011 esta cronista no sabía que la realidad violenta del país la tenía también aquí a hora y media de casa. “¿Por qué irse a Siria o al fin del mundo si la realidad la tienen aquí mismo?”, cuestionó la académica española María Angulo Egea a algunos mexicanos. ¿Cuál es quid ahora? ¿Ser original? ¿Escribir bien? ¿Informar utilizando el lenguaje periodístico literario de la época globalizada? Mmm… Sólo sé que hoy utilicé tres transportes distintos –Metrobús, tren subterráneo y pesero–, para llegar a Ciudad Nezahualcóyotl a comer con Sol y Bibiana, dos habitantes de este municipio que adquirió su “municipalidad” en1963. Sólo sé que ambas me contaron historias rabiosamente similares a las que nos han entregado los periodistas norteños.

“A los que dicen que en Neza no pasó nada la noche del 5 de septiembre de 2012 les propongo que lo vean más allá de la costumbre de buscar muertos, balazos, golpes, incendios”, escribió Cynthia en Facebook hace un año. Hoy Berenice, dedicada al negocio de los restaurantes, me cuenta algo que no sé cómo tomar.

“La tienda de la esquina de mi casa, La Lupita, acaban de tapiarla después de veinte años de conocerla como clienta. Tiene cerrada dos años más o menos. Nos sorprendió muchísimo a la familia y los vecinos. Los dueños nunca cerraban, ni en Semana Santa. Después de tantos años empezaron a poner puestos. Es una familia: papá, mamá, tres hijas y un varón y nietos.”

Berenice afirma que este tema de Neza es delicado. Aquí ha ganado el prd desde 1997. Cada trienio. En 2009 perdió la Presidencia Municipal y obtiene la victoria el pri. Desde 2009 a la fecha, la violencia, La familia michoacana, el cobro de piso o “renteo”, los asesinatos diarios, han sido el pan diario de este municipio. En 2012 regresó el prd pero no se vieron cambios en las cifras de muertos. En la colonia Evolución hay muertos todos los días. Están las calles de exconvento de Churubusco, Santo Domingo, Santa Anita, más las calles de colonias del exdf. Estamos en una zona de las más peligrosas. Sin embargo, insiste Berenice, “como tú ves, la vida es normal, vengo de mi trabajo aquí (cerca del Estadio Neza 86, como a 20 minutos). Aquí las distancias son muy cortas en este municipio, no hay tráfico.”

El inicio de la violencia tiene fecha. La tenemos muy presente y asociada al regreso del pri en Edomex. Yo vivo con mi hermano y mi cuñada. A él lo han asaltado al recoger su nómina. Es empleado de una compañía de carros de Slim. Fue al cajero de la Avenida Madrugada esquina con Villada, a eso de las 6 am, y le quitaron el dinero. A la esposa de mi hermano la han asaltado arriba del pesero, le quitaron el celular, dinero.

“En mi casa, en Carmelo Pérez y Villada, en el Bordo de Xochiaca y Rancho Grande (cuadrante), a cada rato hay balaceras. Son las 3, las 4 am, y de eso que te despiertas y escuchas la balacera. No te asomas porque es peligroso. Después escuchas gritos. No sabes si llamar a la policía. Te da miedo denunciar, te dan números, te dicen “Denuncie” pero te da miedo. Al otro día platico con los vecinos y que no pasó nada. Unos andan armados. No sabemos si hubo balacera y hubo heridos y los levantaron.

En El Universal sale mucho. En el Reforma veo “Muerto en Neza”. Inevitablemente le doy clic. Son mujeres, son hombres, entre treinta y cuarenta años, como que está muy ubicada esa población. Afuera de antros, en las calles, en las banquetas.

Los vecinos extrañan mucho la tienda. El caso le parece emblemático. “Supe de oídas de los vecinos que hubo extorsión. Mi hermano se atrevió a preguntarle al hijo del dueño “Oye, ¿ya no van a abrir?’. Y él dijo ‘no, ¿para que nos arriesgamos?’. ” Y tú ves que te dicen ‘Oiga, denuncie, cómo se va a dejar, es el patrimonio de toda su vida, no es justo’. No es posible esa comunicación porque también da miedo hablar de eso. También están cerrados varios locales cercanos.” Los que siguen abiertos es porque se mochan, o porque los dueños se les han enfrentado con armas. No quiere ni nombrar a la delincuencia por un asunto personal. El hecho es que todos se quedaron sin abarrotes. En otras colonias es lo mismo. Un anuncio de los cincuenta del siglo xx, hecho para atraer compradores de casas malhechas, reza: “Vengan a ver a la colonia EL Sol donde se vive mejor.” Bibiana cuenta que es exadicta. Se convirtió al cristianismo pentescostal hace poco. Ahora apoya a los jóvenes adictos en tres organizaciones de Neza

 

Magali Tercero. Cronista urbana y cultural. Autora de Cuando llegaron los bárbaros… Vida cotidiana y narcotráfico (2011), San Judas Tadeo, santería y narcotráfico (2010) y Cien freeways: d. f. y alrededores (2006). Fue incluida en A ustedes les consta. Antología de la crónica en México, de Carlos Monsiváis. Premio Nacional de Periodismo Cultural Fernando Benítez fil 2010 con “Culiacán, el lugar equivocado”; Premio a la Excelencia de la Sociedad Interamericana de Prensa (sip 2007) y Premio Nacional de Crónica Urbana Manuel Gutiérrez Nájera uacm 2005.

 

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