Usted está aquí: Portada / Arte y Pensamiento / Bitácora Bifronte
Usted está aquí: Portada / Arte y Pensamiento / Bitácora Bifronte
Bitácora Bifronte
Por Jair Cortés

Una chica y un chico de apellido Lee

 

El apellido Lee (Li) es el más común en el mundo, su origen es chino y significa “cerezo”. En la literatura existen dos poemas hermanados por el mismo apellido: “Annabel Lee”, de Edgar Allan Poe, y “Henry Lee”, de Nick Cave (este último sirve de letra en la canción del mismo título que interpretan P.J. Harvey y el mismo Cave y que se encuentra en el álbum Murder ballads). “Annabel Lee” es la breve historia de un amor (aparentemente) truncado por la muerte: “Hace muchos, muchos años,/ en el reino junto al mar/ vivía una doncella cuyo nombre era Annabel Lee; / y esta doncella vivía sin pensar en otra cosa/ que en quererme y ser querida por mí./ Yo era un niño, una niña ella, / en ese reino junto al mar, pero uno y otro, yo y mi Annabel Lee,/ nos queríamos con un amor que era más que amor,/ con un amor que los serafines del cielo/ nos envidiaban a ella y a mí./ Tal fue la razón de que hace muchos años,/ en ese reino junto al mar,/ soplara de pronto un viento/ que heló a mi hermosa Annabel Lee. […] Pero nuestro amor era mucho más fuerte/ que el amor de los que eran mayores que nosotros, de muchos que eran más sapientes que nosotros,/ y ni los ángeles arriba, ni los demonios abajo en lo hondo del mar,/ pudieron jamás separar mi alma del alma/ de mi hermosa Annabel Lee”.

En “Henry Lee” el resentimiento terrenal es lo que motiva a una mujer: “Baja, baja pequeño Henry Lee,/ y pasa conmigo toda la noche./ No encontrarás a otra chica en éste maldito mundo,/ que se pueda comparar a mí”. A lo que Henry Lee responde: “No puedo bajar, y no bajaré./ Ni permaneceré toda la noche contigo,/ porque a la chica que yo tengo en su alegre y verde pradera/ la quiero más que a ti”. Luego, la muchacha: “Se apoyó contra la cerca,/ para conseguir un beso, o dos,/ y con una pequeña navaja en su mano,/ lo apuñaló una y otra vez. […] Ven y tómalo de sus blancas manos,/ ven y tómalo de sus pies./ Y tíralo en ese hondo, hondo pozo,/ de más de cien pies de profundidad […]. Yace, yace ahí, pequeño Henry Lee,/ hasta que la carne gotee de tus huesos,/ pues la chica que tuviste en aquella alegre y verde pradera/ puede esperar por ti para siempre a que vuelvas a casa./ Y el viento aulló, y el viento gimió…/ La la la la la./ La la la la lee”.

El tema de fondo en ambos poemas es la envidia que los infelices sienten frente al amor, la envidia de los ángeles que matan a la hermosa Annabel y la que dirige el espíritu de la mujer despechada que acuchilla a Henry; sin embargo, en “Annabel Lee” el amado puede experimentar la certeza de su unión con ella más allá de la muerte sabiendo que sus almas están unidas, pero en el caso de “Henry Lee”, la amada nunca sabrá que él quiso regresar, porque la venganza de la asesina consiste no sólo en matar a Henry Lee sino en hacer pensar a su amada que éste quizá encontró a otra mujer en su camino, envenenando al amor con el lento fuego de la incertidumbre.

comentarios de blog provistos por Disqus