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Artes Visuales
Por Germaine Gómez Haro

Las transmutaciones de Sergio Hernández

 

Sergio Hernández (Santa María Xochistlapilco, Oaxaca, 1957) destaca como uno de los artistas mexicanos más renombrados en la actualidad, creador de un vasto corpus de pinturas, esculturas en bronce y cerámica, dibujo y obra gráfica que, de alguna manera, se entreveran como eslabones de una cadena engarzada por un repertorio iconográfico que ha marcado su trabajo con un sello muy personal. La Casa Lamm presenta hasta el 7 de mayo la exposición Pasión naturante que reúne una selección de la obra que se exhibió en una versión más amplia el año pasado en Italia en el Palazzo delle Esposizioni, en Roma, y en el Labirinto della Masone, en Parma. Con motivo de estas exposiciones, el prestigiado editor italiano Franco Maria Ricci editó dos primorosos libros titulados Hernández. Tres Pasiones y el Códice Hernandino-Mixteco, un par de joyitas editoriales que acompañan la muestra. La noche de la inauguración se presentaron estas publicaciones y se exhibió una parte de este “códice” moderno inspirado en el Códice de Yanhuitlan, elaborado originalmente en la mixteca oaxaqueña en el siglo xvi. Esta serie se compone de treinta y siete grabados en blanco y negro, y otras tantas piezas también gráficas pero acuareleadas una a una de manera individual. Hernández abreva en las fuentes pictográficas de los antiguos tlacuilos mexicanos para crear su propio discurso visual en el que reconocemos algunos de los personajes y elementos que han poblado sus pinturas desde sus inicios: sus imprescindibles insectos fantásticos, sus palmeras y sabinos, sus cráneos que igual remiten al inframundo prehispánico que al Cristo de Grünewald, sus seres mutilados y sus rostros femeninos apenas esbozados que posiblemente encierran la imagen de la amada. Las escenas deliberadamente caóticas de Sergio Hernández se leen con los sentidos y se palpan con la mirada del niño siempre curioso que juega con desenfado y total libertad. Su pasión por el oficio se encarga de armonizar obras exquisitas que oscilan entre el relato y la fábula.

Desde 2013, Hernández ha dedicado gran parte de su quehacer artístico a la investigación y exploración de una verdadera aventura técnica que ha dado como resultado las obras realmente asombrosas que integran la muestra curada por el italiano Giorgio Antei, quien ha sabido aprehender el arte del oaxaqueño como pocos. Se trata de superficies de lámina de plomo que el artista “ataca” con vinagre y ácidos para crear composiciones que son producto del azar y de lo imprevisto. Hernández coloca sobre la superficie plomiza distintos elementos, como plantas, flores, pieles de víbora y de cocodrilo y pigmentos sobre los que vierte los ácidos que se encargan del resto. El proceso puede durar hasta unos cuatro meses y el resultado es siempre impredecible, algo similar a lo que ocurre con la cerámica en su paso por el horno. La curiosidad y el espíritu lúdico e indagador que caracterizan al artista oaxaqueño lo han llevado a perfeccionar esta técnica con la colaboración del prestigiado restaurador Manuel Serrano, y juntos han logrado alcanzar una calidad estética sublime en estos atractivos y sugestivos Plomos. Como complemento de ellos se presentan sus Repisas, composiciones escultóricas en las que el artista conforma escenas bélicas realizadas con soldaditos de plomo, caballitos y toros que nos hablan de la violencia de nuestro entorno. Si Pasión naturante es eclosión de vida a partir de la sensualidad del mundo natural, en las Repisas se palpa el lado abyecto de la condición humana.

Hace unos días se inauguró en el Hospital de la Santa Caridad de Sevilla otra exposición titulada Sergio Hernández. El inventor de mapas, nuevos códices mixtecos, y actualmente está trabajando en la ilustración del texto clásico de Miguel León Portilla, La visión de los vencidos. Si algo hay que destacar del arte de Sergio Hernández es su capacidad de renovarse y reinventarse continuamente sin perder nunca su esencia, es decir, sin renunciar a su lenguaje personal siempre vinculado a su origen mixteco, pero aderezado por una cultura muy vasta que ha desarrollado a través de su pasión por la literatura y por los viajes. En su caso cabe aplicar la sentencia del gran pintor peruano Fernando de Szyszlo, quien señala: “La única manera de ser universal es ser local, buscar las raíces.” Nada más alejado de los lenguajes homogéneos y desabridos que siguen las modas del circo del arte actual.

 

 

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