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Renovación del mito

CONDENA

 

Uno de los mayores momentos del devenir se dio cuando un homínido macho se hincó para beber agua y descubrió que él, a pesar de ser igual a los otros que estaban a su alrededor, era distinto; y que entre las crías que correteaban a la orilla del río había una o dos que tenían algunos rasgos de su distinción. Este hecho lo llevó a perderse por unas semanas en el monte (en aquel tiempo, una semana tenía casi la magnitud de un año). A su regreso, los poquitos sonidos guturales le fueron insuficientes para expresar su gran descubrimiento; tuvo que agilizar su lengua e inventar nuevas sílabas y nuevos ordenamientos para que todos los machos lograran comprenderlo.

Antes de eso, las hembras se comportaban con sus cachorros del mismo modo que lo hacían las lobas: mientras no se valieran por sí mismos, los trataban como si aún los trajeran en el vientre, mas en el momento en que daban su primer paso, ya no los seguían.

Acabada la reunión, los hombres salieron de la cueva; cada quien se encaminó hacia una hembra, le dirigió dos o tres sonidos, la tomó de la mano y la hizo su mujer; luego el hombre eligió al niño que más se le parecía.

 

NARCISO

 

El día 334 de la construcción de la Torre de Babel apareció un mercader con una caravana de carromatos cargados de mercancías. En ellos podías encontrar vajillas hechas al este del río Tigris, así como telas tejidas y teñidas en las aldeas del valle Indo. Todos los constructores pararon su labor; algunos sólo para presenciar a los saltimbanquis que acompañaban al mercader, y otros con la intención de conseguir una alfombra de las tierras de los hititas, o un collar de piedras preciosas traído de más allá del Nilo Azul. Al día siguiente, los constructores notaron que el mercader había olvidado un carromato; ni siquiera se acercaron porque imaginaron que aquél, al notar su olvido, retornaría.

Pero pasaron una, dos, tres lunas y el mercader no aparecía. Pararon el trabajo para reunirse y acordaron revisar el carromato. Retiraron el cobertor de pieles que lo cubría y se encontraron con un montón de estuches verdes aterciopelados. Los contaron y se dieron cuenta de que le correspondía uno a cada constructor; se los repartieron y se disponían a abrirlos cuando alguien dijo que había algo de cabalístico en el hallazgo; que se esperaran y cada quien lo abriera en la soledad de su habitación. Ya en ella, el estuche fue abierto; contenía un objeto plano y rectangular que tenía una de sus caras completamente negra, y la otra mostraba un rostro suspendido en un abismo. Al día siguiente, ningún constructor se presentó en la Torre.

Con el pasar de los siglos, un comerciante que estaba más allá de la superchería se encontró uno de los estuches, y consideró que una cosa como ésa tenía muchas posibilidades de venderse, y la comercializó bajo el nombre de espejo.

 

EL BAUTISTA

 

Nadie puede matarme excepto yo. Si me quejara ante Dios porque alguien me hizo daño, sería porque en verdad nunca he estado ante Él y estaría destruyéndome en ese preciso instante. Mi vida no está en manos del soldado que me cortó la cabeza para que fuese dada a una bailarina. Yo no la perdí. La habría perdido si no me hubiese sabido responsable de mi destino. Mi cabeza aún está en mi cuerpo, y cuando quiero hablar con Dios, camino cuesta abajo, al río, y lavo mi rostro en él.

 

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