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Bitácora Bifronte
Por Jair Cortés

Liberar al corazón: Ofelia Pérez

Sepúlveda y Roxana Elvridge-Thomas

 

Símbolo del amor, alegoría de lo sagrado, fuente de fortaleza o músculo en el que reside la vida, el corazón es quizá uno de los elementos más mencionados en la poesía universal. Los misterios que la ciencia y la medicina han revelado en los últimos siglos no agotan la fascinación que produce este venerado órgano vital. Interminable resultaría una tarea que registrara las veces que se utiliza la palabra corazón en la literatura de una lengua. Sin embargo, en la obra de Ofelia Pérez Sepúlveda y Roxana Elvridge-Thomas, dos de las más interesantes e imprescindibles poetas mexicanas contemporáneas, encontramos un par de poemas que revisitan el corazón en una especie de diálogo. En el poema “De los que estábamos y éramos” (fragmento cuatro), incluido en el libro La inmóvil percepción de la memoria (Verdehalago-FECANL, 2000), Ofelia Pérez Sepúlveda, escribe: "He corrido de uno a otro extremo con el estigma de mi barra de hielo intacta,/ apagado las luces con el vapor de mi barra de hielo intacta,/ guardado mi corazón en los pasos a desnivel de mi barra de hielo intacta, sangrado de soledad en el diamante silencio de mi barra de hielo intacta. […]/ Qué luz para la luz de la luciérnaga que existe en una esquina de mi barra de hielo, qué amor para el amor que no encontré./ ¿Puede un relámpago abrirme el corazón y liberar a la luciérnaga que duerme en mi barra de hielo, intacta?” En el poema, de tono tristísimo, el corazón “sangrado de soledad” se exhibe en la transparencia de la “barra de hielo intacta”, aquella de la que se extrae el hielo raspado para servirse en un vaso con algún jugo de frutas y apaciguar la sed.

En “Colibrí”, del libro Pequeño bestiario ígneo (Parentalia-FONCA, 2017), Roxana Elvridge-Thomas observa y libera el misterio del corazón antes oculto: “Esfera alada, corta incertidumbres en el aire./ Sutil combustión en las alturas, cosquillea la epidermis de la brisa./ –Es enigma cómo pudo el corazón, tan alojado, dotarse de alas y salir a las alturas–. […]”. Poema en el que el corazón se transfigura en pulso aéreo, vital emoción alada; Elvridge-Thomas ofrece al lector la imagen del corazón expuesto y vivo, y conmueve por su capacidad para unir contemplación con movimiento.

Ambos poemas (maravillosos por su musicalidad y facultad para construir imágenes inusitadas que involucran emoción y pensamiento) se presentan como dos movimientos de una misma composición en donde el corazón está a la vista de todos y no oculto, pero en el primer poema es un corazón gélido y peregrino en cuyo interior aguarda atrapada una luciérnaga: la inmóvil luz del amor, “intacta” esperando ser liberada, mientras que en el segundo, el corazón es un colibrí que ha salido de su misterio para mostrarse vivo y alado (un Cupido cuya flecha ahora es un diminuto y afilado pico).

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