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Cervantes y Freud: influencias, fantasía y realidad

I

 

Hay aspectos de la vida de Freud poco conocidos y menos difundidos que tienen una gran importancia. Es el caso de la influencia de Cervantes en el futuro creador del psicoanálisis, de acuerdo con las investigaciones de Gedo y Wolff (Freud´s Novelas Ejemplares, 1967) y en la realizada posteriormente por León Grinberg y Juan Francisco Rodríguez ( La influencia de Cervantes sobre el futuro creador del psicoanálisis,1983), quienes rastrearon la influencia de Cervantes en la vida juvenil de Freud, especialmente en el área correspondiente a sus intereses literarios y filosóficos.

Sin que su familia supiera cómo lo hizo, aprendió español en la adolescencia, en buena medida para poder leer a sus autores, en particular a Miguel de Cervantes Saavedra.

Con su amigo de esa época, Silberstein, fundó la Academia Castellana, de la que ellos dos eran los únicos miembros, y emprendieron juntos la lectura de algunas obras. Les despertaron gran interés las Novelas Ejemplares, que fue publicada unos años después de Don Quijote de la Mancha, por lo cual la obra fue menos conocida pero no por ello menos importante.

En una carta a su novia, Marta Bernays, el 7 de febrero de 1884, le cuenta ese episodio:

 

Mi dulce niña […] Por fin tendré tiempo para mis pacientes y también para leer algo […] Silberstein estuvo aquí de nuevo hoy, tan simpático y buena persona como siempre. Nos hicimos amigos en la época en que la amistad no es ni un deporte ni una conveniencia, obedeciendo más bien a la realidad de tener a alguien con quien compartir las cosas. Acostumbrábamos estar juntos, literalmente, todas las horas del día que no pasábamos en el aula. Aprendimos español juntos y poseíamos una mi-tología que nos era peculiar, así como ciertos nombres secretos que habíamos extraído de los diálogos del gran Cervantes. Cuando estábamos empezando a estudiar el idioma encontramos en nuestro libro una conversación humorística-filosófica entre dos perros que están echados pacíficamente en la puerta de un hospital, y nos adueñamos de sus nombres. Tanto al escribirnos como en la conversación yo le llamaba Berganza, y él a mí, Cipión. ¡Cuántas veces he escrito: Querido Berganza, y he terminado la carta: Tu fiel Cipión!… Juntos fundamos una extraña sociedad escolástica: la Academia Castellana, compilamos una gran masa de obras humorísticas que aún deben andar por algún rincón de mis viejos papeles, compartimos nuestros frugales refrigerios y jamás nos aburrimos mutuamente.

 

Dentro de las novelas cortas o cuentos largos que componen ese volumen destaca El coloquio de los perros, donde un enfermo, castigado por altas fiebres e internado en un hospital, cuenta a un amigo cómo, al creerlo dormido, iniciaron un diálogo dos perros, Cipión y Berganza, que se mantuvo a lo largo de toda la noche. En la presentación de la novela, Cervantes precisa: “Perros del hospital de la Resurrección que está en la ciudad de Valladolid, fuera de la puerta del campo, a quien comúnmente llaman los perros de mahudes.”

En el texto, sin saberlo con claridad todavía, Freud abreva en los temas cervantinos de la fantasía derivada del delirio y el sueño o la hechicería, en interjuego con la realidad, temática que lo define como antecesor cultural del ulterior Freud psicoanalista, cuya teoría gira en torno a la existencia del inconsciente y el interjuego dinámico de la fantasía y la realidad. En la novela misma se plantean interrogantes iniciales y finales: ¿es posible que dos perros hablen?, o ¿es un sueño o fantasía del convaleciente? El diálogo se inicia así:

 

Cipión: Berganza amigo, dejemos esta noche el hospital en guarda de la confianza, y retirémonos a esta soledad y entre estas esteras, donde podremos gozar sin ser sentidos de esta no vista merced que el cielo, en un mismo punto, a los dos nos ha hecho.

Berganza: Cipión, hermano, óyote hablar y sé que te hablo, y no puedo creerlo, por parecerme que el hablar nosotros pasa de los términos de la naturaleza.

 

La obra está construida como un diálogo, forma poco común en una novela, y su temática la ubica dentro de la picaresca española de la época, género seguramente poco o nada conocido para los jóvenes centroeuropeos Freud y Silberstein, pero a ellos les impactó no sólo la temática, sino sobre todo el peculiar diálogo entre los perros donde uno, Berganza, cuenta su vida y vicisitudes con sus diferentes amos, todos ellos hacedores de trampas y triquiñuelas para ganarse la vida, que es la forma que adopta la crítica social en la novela picaresca, mientras el otro perro, Cipión, establece condiciones al diálogo de Berganza, lo que en la técnica psicoanalítica se llama el encuadre, y alienta y facilita un diálogo libre y catártico que puntúa con comentarios esclarecedores y didácticos, todo un antecedente de la técnica psicoanalítica de la asociación libre y la interpretación.

 

Cipión: Sea esta la manera, Berganza amigo; que esta noche me cuentes tu vida, y los trances por dónde has venido al punto en que ahora te hallas; y si mañana en la noche estuviéramos con habla, yo te contaré la mía. Porque mejor será gastar el tiempo en contar las propias que en procurar saber las ajenas vidas.

 

Freud y su amigo no se conformaron con leer el diálogo de los perros, sino que posteriormente jugaron a dramatizarlo con sus propios temas. Como era de esperar, Freud tomó el papel de Cipión, comentarista/psicoanalista, y Silberstein el de Berganza, relator de su vida/psicoanalizando.

Vamos a tomar como ejemplo algunas intervenciones de Cipión, aunque estén fuera de contexto de las largas intervenciones de Berganza, pero que permiten apreciar cómo realiza la conducción y puntuación de los relatos de Berganza:

 

Cipión: Por haber oído decir que dijo un gran poeta de los antiguos que era difícil cosa el no escribir sátiras, consentiré que murmures un poco de luz y no de sangre; quiero decir, que señales y no hieras a ninguno en cosa señalada; que no es buena la murmuración, aunque haga reir mucho, si mata a uno. Y si puedes agradar sin ella, te tendré por muy discreto…

Cipión: Aprovechándote vas, Berganza, de mi aviso. Murmura, pica, y pasa; y sea tu intención limpia, aunque la lengua no lo parezca…

Cipión: Esa fue respuesta de un simple. Pero tú, si eres discreto o lo quieres ser, nunca has de decir cosa de que debas dar disculpa. Di, adelante….

 

En el curso de contar su vida, Berganza recuerda el encuentro con una hechicera que le dice que él y Cipión son hermanos e hijos de otra hechicera a la cual, por envidia, una tercera hechicera, maestra de ambas, transformó a sus hijos gemelos en perros en el momento del nacimiento. Aquí tenemos otra vez, desde la literatura, el germen de lo que después será el concepto psicoanalítico de la envidia y su tendencia destructora como uno de los importantes temas de la psique humana.

En estos juegos adolescentes, tan intelectuales y alejados de la realidad contemporánea, puede ya verse la importancia de la realidad y la fantasía, la fantasía como gran fuerza motivacional y la necesidad de su discriminación y ajuste con la realidad, la envidia y su tendencia destructiva. También destaca la existencia de un modelo de diálogo catártico, esclarecedor y didáctico que será el aplicado en los casos pioneros de tratamiento de mujeres con padecimientos histéricos que hiciera Freud en compañía de Breuer, mediante un modelo de tratamiento psicológico ayudado con la hipnosis que llamaron “método catártico”, mismo que una de las pacientes famosas de ese ensayo describió como “limpieza de la chimenea”, limpieza de vivencias conflictivas cargadas de afecto, expresadas en una combinación de sufrimiento emocional y manifestaciones somáticas cargadas de simbolismo que había que “descargar catárticamente” y, ya en la etapa posterior de creación del método psicoanalítico, había que interpretar para favorecer su esclarecimiento, su comprensión, lo que permitiría salir del conflicto psíquico y su correspondiente cortejo sintomático.

 

II

 

Los psicoanalistas Gedo y Wolf, al comentar este episodio de la vida freudiana, han hecho la aguda observación de que el rol y el nombre que Freud adoptara en el diálogo de los perros, Cipión, se relaciona con Escipión el Africano –quien fue un político destacado en la República Romana, actuó como general en algunas de las guerras de la época y se hizo famoso por haber derrotado a Aníbal en una de esas batallas–. y conduce a sus sueños infantiles de grandeza al identificarse con personajes notables como Aníbal. Grinberg y Rodríguez concluyen que, al colocarse este Freud adolescente en el papel de Cipión, “está expresando su sueño quijotesco de ser un gran hombre y conquistar el mundo… creando el psicoanálisis”.

 

Sueño de grandeza como fantasía movilizadora que logra convertirse en proyecto de vida y realidad concreta. Secuencia exitosa del proceso vital de un genio, pero que igual puede tener lugar en la escala modesta de los hombres y mujeres comunes.

Aunque en esta época juvenil Freud leyó también el Quijote, vuelve a leerlo en la época en que, como parte de su formación médica, asiste a la Clínica Psiquiátrica del profesor Meynert donde, enfrentado a los fenómenos delirantes y alucinatorios psicóticos, busca su comprensión más allá de lo que los textos psiquiátricos y la anatomía del cerebro explican. Y ¿a qué fuentes acude?, a las literarias, entre ellas El Quijote.

¿Por qué le resulta tan atractivo el tratamiento cervantino del tema? Seguramente por dos razones: en primera, por la claridad en que la obra aparece el interjuego entre fantasía y realidad en forma no dilemática y, por la otra, por plantear el delirio y la locura como comprensibles a partir de motivos profundamente humanos, como convertirse en caballero andante para salir del aislamiento y la melancolía, la razón de la sinrazón, como lo destacan Grinberg y Rodríguez. Don Quijote se lo explica al sacerdote que atacaba los libros de caballerías: “lea vuesa merced estos libros y verá cómo se destierran la melancolía que tuviere y le mejoran la condición si acaso la tiene mala. De mí sé decir que desde que soy caballero andante soy valiente, comedido, liberal, bien cuidado, generoso, cortés, atrevido, blando, paciente, sufrido de trabajos, prisiones y encantos”.

Don Quijote aparece como representante no sólo del delirio sino también representante de las fantasías, tan universalmente humanas, al punto que en una de las cartas a su novia, escribe: “todos hemos sido nobles caballeros que pasábamos por el mundo prisioneros de un sueño…” Y Freud justamente estaba en esa situación de conflicto entre la fantasía y la realidad al enamorarse de Marta y querer construir con ella una familia, para lo cual requería de ingresos económicos que, como le hizo notar Brücke, el director del instituto de investigaciones donde trabajaba desde años atrás, no le iba a proporcionar su carrera de investigador, por lo cual le animó a buscarlos en la práctica clínica privada. De acuerdo con Jones, primer biógrafo de Freud, esta intervención le despertó bruscamente del sueño idealista de servir a la ciencia al margen de toda consideración mundana.

Las obras de Cervantes fueron, como queda claro en esta breve revisión, una gran fuente de inspiración para que Freud pudiera construir algunos elementos importantes de la teoría psicoanalítica a partir de sus agudas observaciones y comprensión de la condición humana

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