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Bemol sostenido
Por Alonso Arreola

Les Luthiers, 50 años y una princesa

El premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2017 ha caído en manos de una troupe de artífices argentinos bien amados en el mundo de habla hispana: Les Luthiers. Con ello su jurado acierta por lo alto. Apuntar hacia el sentido del humor, la inteligencia y el juego es imperiosa necesidad hoy cuando tantos gobiernos, instituciones y personas desarrollan ceremoniosa y solemnemente la corrupción, el desasosiego.

“No queremos cambiar el mundo, sólo que la gente se divierta”, dicen ellos. Y claro, los artistas que quieren cambiar al mundo no son tan artistas, pues su ambición atenta contra la naturaleza creadora. En otro sentido, lo que propone Les Luthiers es la generación de realidades paralelas que, de rebote en las butacas, termine por transformar a sus escuchas en el paso previo a la construcción de un futuro nuevo. Digamos que lo suyo ha sido transitar el complejísimo camino de pulir la intuición en vivo para que no pierda naturalidad en vivo; de depurar talento y balance sobre el tinglado a lo largo de cincuenta años, luego de su escatológico debut universitario vía el “Laxatón”, primera de sus magníficas e incontables ocurrencias.

Así lo dijo la Fundación española que dio el reconocimiento al grupo: “[Les Luthiers] es uno de los principales comunicadores de la cultura iberoamericana desde la creación artística y el humor […] un espejo crítico y referente de libertad en la sociedad contemporánea.” Así respondieron ellos, como auténticos chavales: “¡Gracias, gracias, gracias! Este premio es una de las pocas cosas en toda nuestra historia, ahora podemos confesarlo sin rubor, que soñábamos con ganar.”

Festejan entonces en el aire el dactilófono de Gerardo Masana, el bass-pipe a vara de Daniel Rabinovich (ambos fallecidos prematuramente). A ellos se suman el latín, el cello legüero, el lirodoro, el tubófono silicónico, la mandocleta, la guitarra dulce y tantos instrumentos más del lutier emérito detrás de Les Luthiers, Carlos Iraldi, inventos todos que suenan y resuenan en manos de los polifacéticos Marcos Mundstock, Carlos Núñez Cortés, Carlos López Puccio, Jorge Maronna y del otrora integrante Ernesto Acher.

Treinta y siete espectáculos llevados a escena en cincuenta años son fruto de una mecánica imparable –aceitada con casi dos décadas de psicoanálisis, según cuenta la leyenda–, de un entramado flexible en el que han cabido las más variadas y extravagantes canciones. Verbigracia: “La gallina dijo Eureka”, “Ya no te amo, Raúl”, “Añoralgias”, “Serenata mariachi”, “Lazy Daisy”, “La bossa nostra” y “Bolero de Mastropiero”, entre muchas otras que retan a la seriedad aprovechando o dinamitando estereotipos en derroteros francamente surrealistas.

A propósito del compositor Johann Sebastian Mastropiero, por cierto, se pueden decir hartas cosas. Así lo prueba la Wikipedia que, en este caso particular, resulta adecuada y más que confiable: “Se sospecha que nació un 7 de febrero, sin saberse el año, ni el siglo ni aun el lugar, diversos países se disputan su nacionalidad, sin que hasta el momento ninguno de ellos haya transigido en aceptarlo. Su nombre de pila, Johann Sebastian, es materia de discusión, ya que también fue conocido por otros nombres: Peter Illich, Wolfgang Amadeus, etcétera (por ejemplo, firmó su tercera sinfonía como Etcétera Mastropiero). Se sabe que nació de madre italiana y que tuvo un hermano gemelo mafioso, llamado Harold Mastropiero residente en los Estados Unidos.”

Compositor ficticio, Mastropiero es un personaje toral en el continuum del grupo. Es argamasa en la historia completa de Les Luthiers. Es punto de apoyo “histórico” que permite enrarecer al presente, pues su falso legado es el mejor reflejo del universo paralelo que el conjunto ha pergeñado caprichosamente. Esperamos ansiosos que su eco vuelva con el grupo a México este año, pues está presentando en Sudamérica su antología Gran Reserva y, por lo que se mira en el público que se le renueva cada año, seguirá adelante por mucho tiempo más. Que así sea. Se trata de uno de los más grandes y longevos orgullos de Latinoamérica.

Escuche pues a Les Luthiers y aplauda su nuevo premio, lectora, lector. Hágalo sin parar, como cuando decide acabar con la serie televisiva que le han recomendado. Dese una sobredosis con su Bromato de Armonio y por Humor al Arte déjese vencer. Ellos han hecho Todo Por Que Rías dejando atrás los Falsos Fracasos de Blanca Nieves y los Siete Pecados Capitales. Aproveche Las Obras de Ayer que estos Viejos Hazmerreíres escribieron con la esperanza de que usted se sienta Mastropiero Que Nunca. Buen domingo. Buena semana. Buenos sonidos.

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