Usted está aquí: Portada / Arte y Pensamiento / Bitácora Bifronte
Usted está aquí: Portada / Arte y Pensamiento / Bitácora Bifronte
Bitácora Bifronte
Por Jair Cortés

El yo que escribe: Huidobro, Girondo y Pizarnik

Mucho se ha escrito sobre la separación del autor y su obra; teóricos y críticos advierten sobre no confundir el tono “autobiográfico” con la biografía del autor. Los “estudiosos” siempre aluden al “yo lírico” o al “yo poético”, argumentando que una obra es independiente de su creador (como si tal cosa fuese posible). También, desde Aristóteles hasta nuestros días, han sido largas las disquisiciones sobre si un poema es reflejo de la realidad o desdoblamiento de ésta, imitación o invención, o mezcla de ambos ejercicios. Por fortuna, cada poema siempre es un desafío a cualquier regla; así, encontramos poetas que no se separan del polémico “yo poético” o que incluso libran una batalla contra sí mismos dentro del poema, como en el caso de Altazor, ese monumental “parasubidas”, caída y ascenso (según el lado desde el que se lea) de la existencia. Vicente Huidobro, el poeta como “pequeño dios” según los principios del creacionismo, concibe y bautiza a “Altazor”, personaje central del poema: “Altazor, ¿por qué perdiste tu primera serenidad?/ ¿Qué ángel malo se paró en la puerta de tu sonrisa con la espada en la mano? …”, para luego dejar que sea el mismo Altazor el hable desde su propia voz: “Soy yo Altazor/ Altazor/ Encerrado en la jaula de su destino/ En vano me aferro a los barrotes de la evasión posible …”; y en un gesto de absoluta y vanguardista libertad, Altazor se rebela (ángel caído o “subido”) contra su autor: “Justicia, ¿qué has hecho de mí, Vicente Huidobro?”. Inventar.

En el mismo continente lingüístico, Oliverio Girondo se representa a sí mismo en el poema “Gratitud”, no desde la resistencia en busca de libertad (como en Altazor) sino desde la reconciliación, en un poema que agradece al universo entero, desde lo mínimo hasta lo sublime y abstracto: “Gracias aroma/ azul/ fogata/ encelo […]/ Gracias a lo que nace,/ a lo que muere,/ a las uñas/ las alas/ las hormigas/ los reflejos […]/ Gracias piedra./ Muchas gracias por todo./ Muchas gracias./ Oliverio Girondo,/ agradecido.” Aquí el poeta es el mismo autor, un “yo” que no encuentra conflicto alguno en ser testigo de sí mismo.

En medio, entre la tensión rebelde de Altazor y el espíritu agradecido de Girondo, se encuentra el caso de un breve pero impactante poema de Alejandra Pizarnik, titulado “Sólo un nombre”: “alejandra alejandra/ debajo estoy yo/ alejandra”. El peso de las palabras sepultando una vida entera, un “yo” que aparece debajo de un nombre repetido (“alejandra” en minúsculas) como si el mismo nombre fuese máscara en el primer verso y en el tercero el rostro verdadero, revelado y oculto a un mismo tiempo.

Lección invaluable: el “yo” no es un asunto de teoría literaria; Huidobro, Girondo y Pizarnik, son poetas que viven en el poema y que llevan hasta sus últimas consecuencias la escritura. La zona en la que sucede todo es el poema y el poema no se deslinda del mundo ni los poetas de su obra.

 

comentarios de blog provistos por Disqus