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Bemol sostenido
Por Alonso Arreola

 

Hace una década, en estas mismas páginas, publicamos un largo artículo sobre los cuarenta años que entonces celebraba el Sargento Pimienta, disco emblemático de los Beatles. Hoy, cuando suman cincuenta sus cumpleaños, nos sentimos raros. Lo admitimos. El álbum sigue allí, incólume, fuerte, nítido cual buena fotografía. Nosotros no. Con los kilos y las canas han llegado preocupaciones que antes eran vaga sospecha. México ha empeorado como tierra de asesinos y corruptos. El mundo sufre en la ignorancia y desconfianza generalizadas.

Hablando de música anglosajona, hace diez años las cosas pintaban diferente. En 2007 la gran cadena de cafeterías (sí, ésa) rompía el esquema de intermediarios y estrenaba su sello Hear Music lanzando un disco de, precisamente, Paul McCartney: Memory Almost Full. De entre la miríada de reencuentros melancólicos destacaban los de The Police, Led Zeppelin y The Doors. Las muertes estuvieron encabezadas por la del tenor italiano Luciano Pavarotti. Los discos de rock que más llamaban la atención eran el Neon Bile, de Arcade Fire, Planet Earth, del fallecido Prince (primer disco en distribuirse sin costo con un periódico dominical en Inglaterra) y el In Rainbows, de Radiohead (primer disco en ser descargado digitalmente según el pago que el consumidor considerara justo).

En los conciertos de aquel año destacó el esperanzador Live Earth, ocurrido en New Jersey y otras siete ciudades del mundo, con 150 artistas contra un calentamiento global en el que no cree el actual presidente de Estados Unidos. Y claro, los aniversarios más trascendentes fueron los del Monterey Pop Festival en el Verano del Amor y el nacimiento de la revista Rolling Stone, todos con cuarenta vueltas al sol (hoy cincuenta), así como los sesenta años de vida de David Bowie, muerto recientemente mientras llegaba a los setenta. Tal era el panorama en 2007, decíamos, cuando el Sargento Pimienta llegaba a las cuatro décadas (hoy medio siglo de la edad).

Pues bien. Pensando en el cobijo de los contextos y en cuánto hemos cambiado en una década, debemos reevaluar la relevancia de ese año 1967 cuando la juventud del mundo se revelaba, moría el Che Guevara, aparecía Cien años de soledad, de García Márquez, ocurría el primer trasplante de corazón, debutaban Pink Floyd, Fleetwood Mac, David Bowie y los Doors; cuando fallecían el saxofonista de jazz John Coltrane y el ídolo folk Woodie Guthrie. Un año en el que los Beatles replantearon su camino y renunciaron a su rol superficial como ídolos adolescentes asumiendo la ambición de un juego creativo que ya podía ser caprichoso –tenían el mundo a sus pies– y llevar al extremo la tecnología. Así alumbraron su obra más flamboyante.

Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band, un trabajo que derribó las fronteras de la industria con trece piezas guiadas por la sicodelia de “Lucy In The Sky With Diamonds” y por experimentos innovadores en el estudio de grabación (“A Day In The Life”). Coproducido por el “quinto beatle”, Sir George Martin, transformó al rock en una forma de arte que podía seducir al mundo entero sin reducir su poder original, fruto de guitarras, piano, percusiones, bajo, batería, voces y muchos instrumentos más pasando a través de efectos y consolas análogos que no sólo amplificaban y fijaban la música, sino que la alteraban en forma y fondo.

Así, con el Sargento Pimienta ocurrió uno de los cismas que explican el presente y futuro de la música pop. Tal como Elvis inauguró la gran maquinaria con “Heartbrake Hotel” en el año '55 y como Dylan expulsó de sí la placa Highway 61 Revisited en el '65; tal como Nirvana presentó el Nevermind en 1991 y como hace veinte años Radiohead editó su glorioso OK Computer, los Beatles propusieron un parteaguas que cambió el sentido de ese río en el que otros se ahogaron sin pena ni gloria. Por ello, escucharlos representa un regocijo en sí mismo, pero también la posibilidad de observar lo que subrayamos tiempo atrás en el libro de nuestra vida. En tal ejercicio reconocemos no sólo un valor artístico sino también al otro que fuimos durante lecturas pasadas, cuando creíamos en un porvenir más justo.

Revisitemos pues este domingo esas canciones salpimentadas, mas no con oído convencional sino atendiendo a la perspectiva entre ellas y nuestro recorrido a su lado. Muchos no habíamos nacido cuando vieron la luz, pero las escuchamos muy jóvenes. ¿Usted, lectora, lector, recuerda quién era cuando las conoció? ¿Se ha cumplido algo de lo que su propia generación demandaba mientras sonaba la fantástica Banda de los Corazones Solitarios? Nosotros estábamos defraudados hace diez años y seguimos defraudados el día de hoy. Aún así, seguimos “disfrutando el show”. Buen domingo. Buena semana. Buenos sonidos.

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