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Bitácora Bifronte
Por Ricardo Venegas

Donde las mariposas deberían volar / Con más de cien presentaciones de libros al año (verdadero récord para un país donde se lee mucho pero de baja calidad), sumando ferias del libro y actividades relacionadas con la literatura, Verso Destierro ya es un nombre conocido entre las editoriales independientes por su dinámica constante y por la calidad de sus ediciones. Entre los títulos que ha tenido el acierto de publicar, gracias al trabajo incansable de la poeta y editora Adriana Tafoya, figura Donde no vuelan (más) las mariposas (2017). Ante la guerra surgen preguntas de las que nadie puede abstraerse. ¿Acaso somos el relámpago entre dos oscuridades? ¿Antes de nacer y después de vivir conoceremos la muerte? Sin duda, siempre estaremos más tiempo muertos que vivos. De ahí la dignidad de la poesía, esa corriente que contradice al tiempo.

Becky Rubinstein constata lo anterior en un volumen de poemas que describen, como en el Holocausto de la Alemania nazi, el exterminio de los niños que mueren en Sarajevo, una población de la que quizá se habla poco, pero que hoy sabemos son las principales víctimas de las guerras absurdas, desastres que la poesía se encarga de nombrar: “Montañas enemigas,/ hermanos que se dan la espalda,/ que tan sólo cuentan los silencios:/ Un silencio para cada hora del día,/ silencios que desangran los mares y los ríos./ Todo se ha vuelto silencio.../ a la Historia se le ha puesto mordaza./ Mejor que no hable.../ que no repita la palabra guerra.”

Si la palabra del poeta es celebración, la apuesta de quien lo sabe, como Wislawa Zimborska, es una sentencia: “escribir es la venganza de una mano mortal”. Como otros lo presenciaron en el pasado (Maiakovski, Neruda, Vallejo, Hernández…) Becky Rubinstein ha visto la desaparición de la belleza y lo denuncia con lo que mejor sabe hacer: cantar una elegía a la que muchos muertos le hacen coro.

Rocío García Rey advierte que “si la historia está amenazada y las palabras resultan peligrosas, habrá un remedio para que las mariposas vuelen y nos devuelvan la memoria. Tal remedio es la praxis poética que con maestría y alto compromiso axiológico se desgrana en este poemario.

”Para volver a la vida, para recuperar la risa, es indispensable elaborar un duelo por las pérdidas y las crisálidas amenazadas. Recuperemos la luz y no enterremos doble o triplemente a los muertos. Démosle paso al verso, a la estrofa, a la historia, porque son estos elementos los que nos guiarán a recordar nuestra condición humana.”

Alfonso Reyes relata del poeta persa Omar Khayyam que, sentado bajo la sombra de un árbol, el bardo disfrutaba de una botella de vino y del canto de un pájaro cuando apareció un cazador que apuntó su arco al ave y la mató; Khayyam se levantó furioso y arrojó “chorros de versos” para suplir la belleza del canto interrumpido. Igual que Khayyam, Becky Rubinstein nos invita a conocer la belleza del horror y a rescatar lo mejor de la humanidad: las mariposas que quieren emprender el vuelo.

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