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Mexicali negro
Hotel Kennedy, José Salvador Ruiz, Editorial Artificios, México, 2016.
Por Ricardo Guzmán

A pesar de tratar los temas regulares del género negro, Ruiz logra dos triunfos: crear un nuevo personaje indisociable de Mexicali, el Kótex Aqueberro, y demostrar que la literatura fronteriza puede seguir funcionando, incluso con los escenarios del norte delincuente.

Al lado del abogado defensor de los Derechos Humanos, Morgado, una de las muchas creaciones del multifacético Gabriel Trujillo Muñoz, camina entre los humos del calor insoportable de la ciudad fronteriza el Kótex Aqueberro. José Salvador sintetiza en este personaje la esencia del género negro contemporáneo: es violento, pero divertido. Entre la intimidación innegable y los asesinatos imparables en toda la República que hacen del género negro una descripción costumbrista apenas diferenciada de la nota roja, ese humor que hiciera famosos a muchos actores se filtra al extremo de hacer del Kótex un ente al filo de la parodia: es un exjudicial que “trabaja” con placa y pistola porque, al ir a darse de baja de la corporación, el burócrata encargado de la ventanilla no se las recibió por falta de un requisito. No sólo eso, el Kótex tiene problemas de incontinencia urinaria y debe usar pañal todo el tiempo. Parte de los pretextos para delinquir es reunir el dinero que le permita operarse. Habla como español, con expresiones peninsulares que divierten, pero no ocultan su cinismo en robar, matar y mentir. No obstante, es temeroso de su mujer, a quien intenta respetar al no decir blasfemias. Para rematar, le dicen el Kótex por su gusto en tener relaciones con mujeres menstruando.

Además de ser el personaje de varios cuentos de la antología Hotel Kennedy, el Kótex sirve de pretexto para el desfile de otros protagonistas que suenan claramente cachanillas pero siguen siendo novedosos en la pluma fluida de Ruiz, quien no duda en intercalar anglicismos, pochismos y mentadas de madre para redondear textos cuya temática es añeja, pero que son frescos por los giros argumentales propios del cuento y que Ruiz domina: los policías secuestradores que son asesinados luego de matar a un desaparecido; los ladrones engañados; los judiciales cómplices del Kótex, capaces de robar o asesinar sin ningún reparo, frente al policía que aun en esas mismas circunstancias tiene conciencia social y ayuda a las víctimas olvidadas por un sistema judicial corrupto; la prostituta capaz de identificar al asesino; los abusos sexuales contra menores; en fin, temas conocidos pero que son innovados en la literatura fronteriza por este autor eficaz en el cierre sorpresivo, ya sea por el giro argumental o por la frase exacta que tiene varias implicaciones. Colonias, restaurantes, los míticos laberintos subterráneos hechos por los chinos, el intento por combatir el calor extremo a base de cerveza y bloody mary: todo está ahí, pero sigue divirtiendo en manos literarias.

Los incluidos en este volumen son relatos que evidencian una región y un autor que no desaparecerán del panorama literario.

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