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Bemol sostenido
Por Alonso Arreola

Homenaje a Rick Rubin

 

Hablemos hoy de Rick Rubin, esa suerte de Gandalf en el mapa del rock, pop y hip hop anglosajones. Se lo merece y nos servirá para echar luz sobre el oficio de los buenos productores discográficos, tan a menudo infra o sobrevaluados. Desconocida para el melómano común, la historia de este visionario es la de quien definió por lo menos tres veces el rumbo estético en los estudios de grabación, sea alumbrando éxitos como los de Adele, Metallica y Eminem, o resucitando carreras como las de Johnny Cash, Tom Petty y Neil Diamond.

Buzo que aguanta la respiración en las profundidades urbanas, Rubin es de los que atienden el termómetro de la radio y predicen el futuro. Dicho de otra forma: vive entre el underground y el mainstream superando lo que en su momento hicieran productores como Bob Rock (Mötley Crüe, Skid Row y Metallica). Hablamos de un tipo que estudió artes y que sabe impulsar compositores en la intimidad subrayando su originalidad. Un potenciador de talentos que decidió esconderse bajo la inmensa barba y gafas negras tras renunciar al sueño adolescente de ser guitarrista de rock con The Pricks y luego con Hose, para seguir las huellas de una intuición que podía depurar la obra ajena a través del mantra “menos es más”.

Ahora bien, para entender los pasos de Rubin en la industria es imprescindible traer a cuento a Def Jam, la disquera que fundó a inicios de los ochenta con la idea de darle salida a las bandas que le parecían interesantes. A ella llegó el DJ Jazzy Jay, quien lo introdujo al hip hop, un mundo del que no se podría separar nunca más y que le debe encomiables puentes intergenéricos. En poco tiempo quedó hipnotizado con los beats y la imaginería que rodeaban aquel territorio. Casi sonámbulo, se dedicó a vagar por Brooklyn, el Bronx y Queens, ávido de encontrar la brutal honestidad por la que firmaría a leyendas callejeras como Public Enemy, Run D.M.C., y los Beastie Boys.

Así, creando universos paralelos en los ochenta, tan llenos de new wave, hair metal y resabios setenteros (léase Michael Jackson), frente a una generación preocupada por los colores pastel y los videoclips (“I want my MTV”), Rick Rubin embruja a los integrantes de Aerosmith para convencerlos de producir una nueva versión de su éxito “Walk This Way”, pero bajo el espectro sonoro y rítmico de Run D. M. C. El resultado, como dicen por ahí, es historia. Ese sencillo renovó la carrera de la banda liderada por Steven Tyler y le abrió los ojos a los hip hoperos más recalcitrantes. En suma, era posible conciliar dos mundos distantes dándole al escucha un resultado energético y novedoso. De ese mismo manantial abrevaría la obra posterior de los Beastie Boys, quienes con Licensed to ill (1986) incluyeron guitarrazos a los beats programados inaugurando una época en que el público comenzó a gritar: “You have to fight, for your right… to party!”.

Renovando su sello en California, Rubin se adentra luego en los laberintos del rock pesado. Fascinado más por la originalidad que por el potencial económico, diseña el sonido de Slayer (leyenda del trash metal), Danzig, The Jesus & Mary Chain y The Cult. Los timbres que otorga a los instrumentos hacen que cientos hagan fila en su puerta. Entre ellos aparecen los Red Hot Chili Peppers, con quienes da forma y sentido a Blood Sugar Sex Magik, una de las obras más aplaudidas de la banda. Luego viene su conversación emocional con artistas como Johnny Cash, con quien experimentó una alianza creativa que produjo una serie de discos en los que la figura principal del country posterior a la segunda guerra mundial le entró a lo imposible, verbigracia: covers de canciones como la hermosísima “Hurt” (original de la banda experimental Nine Inch Nails) o “Personal Jesus”, de Depeche Mode.

Interesado en la poesía sufí, en la figura de James Brown y en la fuerza de Led Zeppelin, Rubin se hizo sabio sacando lo mejor de las manos y oídos de los demás. Así se lo explicó a la periodista Maureen Droney hace algunos años: “No puedo imaginar cuáles son las características que conforman a un buen productor… Yo sólo comprendo, a medias, lo que sé hacer. Fui muy afortunado en crecer escuchando a los Beatles, pues lo poco que sé lo aprendí de ellos.” De U2 a Shakira, pasando por los Black Crowes, Jay Z, Black Sabbath, Slipknot, AC/DC, Linkin Park, Mick Jagger, The Mars Volta, Rage Against the Machine, Audioslave, Lady Gaga, Justin Timberlake y Ed Sheeran, los trabajos de Rubin regresan esencialmente a la infancia que los prefiguraban: “De niño, lo mío era la magia; no me gustaban las patinetas.”

Esto dijo la revista Rolling Stone sobre su trabajo: “Rick Rubin es el productor discográfico más exitoso en cualquier género.” Y la Esquire: “Confiamos en cuatro palabras: producido por Rick Rubin”. Anímese pues a buscar su nombre en discos ignotos. Muchos lo sorprenderán. Buen domingo. Buena semana. Buenos sonidos.

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