Usted está aquí: Portada / Arte y Pensamiento / Biblioteca fantasma
Usted está aquí: Portada / Arte y Pensamiento / Biblioteca fantasma
Biblioteca fantasma
Por Eve Gil

El otro Murakami

En su más reciente libro De qué hablo cuando hablo de escribir, Haruki Murakami alude como autores de cabecera o influencias reconocidas a cientos de autores occidentales, entre ellos, Jorge Luis Borges. Los únicos japoneses a los que menciona entre sus favoritos son Natsume Soseki, Kenji Nakagami y un tal Ryu Murakami, de quien dice que su novela Coin Locker Babies, le fascinó “y me produjo una inmensa admiración”.

Alguien que conocía mi entusiasmo por Murakami (Haruki), me obsequió el libro antes citado, titulado en español Los chicos de las taquillas, creyendo que se trataba del autor de Tokio blues. Pero este Murakami, que no tiene parentesco con el internacionalmente reconocido, debe haber fascinado a Haruki, entre otras cosas, por ser su perfecta antítesis, literariamente hablando. No es que Haruki escriba novelas “inofensivas”, como pretenden algunos. Tal afirmación podría ser medianamente aceptable hasta después de leer a su tocayo, que es como su Lado b, en referencia a una de las cosas que tienen en común: su pasión por la música, aunque Haruki se decante por el jazz y Ryu por el rock. Haruki publicó su primera novela a los treinta años. Ryu tenía solo veinticuatro cuando Azul casi transparente –definida por un crítico de Newsweek como “una mezcla de Naranja mecánica con El extranjerovio la primera luz en 1976, y casi simultáneamente obtuvo el más prestigiado premio literario de Japón, el Akutagawa, que muchos todavía le echan en cara a Haruki no haber ganado jamás.

Ryu, quien hasta en su apariencia física no puede ser más distinto a Haruki –corpulento, cabello largo, expresión ruda… parece mucho mayor que el otro pese a ser más joven –nació en Sasebo, Nagasaki, en 1952, y vivió muchos años en Fussa, sede de la base estadunidense de Yokota, escenario de su primera novela. Azul casi transparente parece haber sido escrita por un beatnik más que por un japonés; de hecho, la única versión con que contamos en español no está traducida directamente del japonés sino de una “edición norteamericana autorizada” y comparte traductor con Charles Bukowski: Jorge G. Berlanga. El propio Ryu se encargaría de adaptarla para el cine y dirigirla él mismo, lo que se volvió casi costumbre, aunque curiosamente la que ha obtenido repercusión mundial no fue adaptada ni dirigida por él, sino por Daisuke Tengan y Takashi Miike: Audition (1999), una curiosa historia mitad comedia romántica, mitad gore, en la que un melancólico viudo acepta la propuesta de un amigo cineasta de organizar un casting para una supuesta película para que él elija una nueva esposa. Tras escuchar al viudo decir “No me sentía así desde que compré mi último auto”, uno casi se alegra de que la angelical belleza de la que se enamora resulte ser una psicópata.

Pero sin duda la obra maestra de Murakami Ryu es la antes citada Los chicos de las taquillas (Ediciones Escalera, España, 2010, traducción de Pilar Álvarez Sierra), que aborda la trayectoria vital de dos huérfanos, Kiku y Hashi, abandonados recién nacidos por sus respectivas madres, en unas taquillas de monedas de una estación ferroviaria. Los bebés son rescatados y trasladados a un orfanatorio, donde se criarán como hermanos. Corren, además, con la extraordinaria fortuna de ser adoptados por un matrimonio de mediana edad. Los niños poseen dotes extraordinarias (Kiku en el aspecto atlético y Hashi en el artístico), pero también severos trastornos que en Kiku se manifiestan como autismo y, en Hashi, como esquizofrenia, habiendo alcanzado éxito como cantante. Kiku se convierte en la obsesión de una joven y hermosa modelo llamada Anémona que tiene un cocodrilo de nombre Gulliver por mascota, al que acarrea cuando las circunstancias la obligan a correr detrás del inexpresivo muchacho, mientras que Hashi, tras haber sido abiertamente homosexual desde su adolescencia, se encariña con Neva, una mujer que podría ser su madre y a la que le han sido amputados ambos senos. Pero mientras Kiku nunca deja de ser libre, incluso en la cárcel, Hashi se convierte en la gallina de los huevos de oro de un magnate disquero sin escrúpulos que saca provecho hasta de sus más íntimas tragedias, al grado de encontrar capitalizable la posibilidad de que termine en un manicomio.

Ryu Murakami es un escritor espléndido, un postmoderno con sabor a clásico, crítico devastador de su entorno, cuya principal virtud consiste en “purificar”, a través de una decantada prosa y una exposición integral del alma de sus personajes, hasta al más pútrido de sus personajes.

comentarios de blog provistos por Disqus