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Bemol sostenido
Por Alonso Arreola

Alejandro Castellón, afinador de pianos

USA FUEGO, USA DESARMADORES, usa púas. Combina en sus manos el oficio del carpintero con el del mecánico mientras su mirada juega a la ortopedia y su oído a la relatividad aérea. Con su trabajo prosigue el oficio de tres generaciones.


Se llama Alejandro Castellón. Afina pianos. Mucho tiempo atrás, nos dice mientras extrae la columna vertebral del instrumento con el que grabaremos,su abuelo los rentaba para eventos sociales.Días sin reproductores de discos, cuando los melómanosse veían forzados a juntarse cara a cara y alrededor de un músico, profesional o amateur, si querían disfrutar perfumes auditivos.

Tiempos de “hágalo usted mismo” en que hasta la música debía generarse al momento.Años después, agrega, entendieron que el mundo cambiaba en pos de la tecnología y que la radio y la televisión transformarían al vehículo musical, por lo que la empresa familiar se adaptó. Ya no se trataba sólo de rentar y reparar pianos sino también de componer aparatos caseros.

Más tarde, empero, la gente se alejó de los instrumentos buscando practicidad y oferta mayores. Ya podía escuchartodo tipo de géneros e instrumentaciones sin limitarse arepertorios pianísticos de antaño. Heredero de tal historia,Alejandro fue más lejos y aprendió sobre teclados y sintetizadores electrificados, entendió las posibilidades dellenguaje midi y ayudó a actualizar la empresa que en 2019 llegará a cien años de vida. Claro, a diferencia de su padrey de su abuelo, él vive su madurez en la era de internet(www.castellonpianos.com).
Tiene una personalidad interesante, por cierto. A todo responde agregando opinión o anécdota. Con una la mparitade minero en la frente, sabe que su carrera es altamente especializada y exigente. Lograr la docilidad de un instrumento así requiere tratamiento y fuerza particulares.Apretar decenas de tornillos, suavizar martinetes con violencia asesina, lubricar pedales y resortes, todo es domara la bestia para que, al final y frente a tres micrófonoshipersensibles, la más frágil nota pueda registrarse en el destino de una pieza dedicada, por ejemplo, a una costurera llamada Ofelia.

Lo mejor de conocer a Castellón, sin embargo, sucede al llegar un recuerdo señero en nuestras experiencias musicales.Esa noche en el Teatro Degollado de Guadalajara cuando, poco antes de empezar su concierto ante la más refinada audiencia literaria de la Feria Internacional del Libro (Saramago y García Márquez incluidos), el pianista Gonzalo Rubalcaba exigió de mala gana la presencia urgente de un afinador, pues había descubierto un sonido incómodo en una cuerda. Al poco rato un hombre buscaba la solución a un problema que sólo existía en la mente del cubano. Y sí, ese afinador era el mismo Alejandro Castellónquien, buceando en las profundidades de un hermoso Steinway & Sons, llevó la noche a buen puerto.Así las cosas, verlo en su ejercicio por segunda ocasión,empleándose ahora en el calor de este verano extremo,fue un raro privilegio que muchos deberían tener. ¿Porqué? Presenciar el arreglo y afinación de un piano nos hace valorar la mecánica del alumbramiento. Pasar la miradapor los detalles que encadenan al dedo con la cuerda estan asombroso como contemplar una locomotora o nave espacial que exhiben incólumes su potencia dormida.
En fin. Terminada la tarea de Castellón continuamos con laproducción de un nuevo disco. Registrando el desempeñode piano y alientos (sax y trompeta) pensamos mucho enel asunto, precisamente, de la entonación. Créanos: hay undesafine mínimo que dota de expresividad a la músicapopular.

En los instrumentos con posibilidades microtonalesesta “falta” nos devuelve a la naturalidad de cuando el hombre creaba lejos de la “perfección” prefigurada (inicio de la discriminación y el clasismo sonorosos). Porque si bien en un estudio de grabación debemos dar lo mejor,resulta triste cuando nos excedemos en el maquillaje.Dejar huellas exige traje de gala pero nunca desfigurarnos.Esa es la filosofía del Photoshop que se complica en la mente inmadura cuando, paradójicamente, celebra lavitalidad de géneros tradicionales con “desafine”. El son huasteco y sus violines, verbigracia. “Ese es el chiste de esa música”, argumentan sabiendo que es lo políticamente correcto. Pero no lo asumen en carne propia.Desde su ignorancia suponen que un intérprete popular rechazaría mejores condiciones interpretativas si se las ofrecieran o que de plano nunca intentó superarse. Soslayan que en ese desafine involuntario, que en ese coqueteo con el “error”, se refleja una vida paralela y sufriente, ocupada en sobrevivir. Dicho esto, ¡qué fácil es confundirse!Rechazarse a uno mismo en pos del narcisismo. Justo lo que no tiene ni tendrá nunca un buen afinador de pianoscomo Alejandro Castellón. Gente como él trabaja en la zona diáfana que precede al ego. Buen domingo. Buena semana.Buenos sonidos •
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