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Cabezalcubo
Por Jorge Moch

Los noticieros, esas mentiras

HACE MUCHO TIEMPO que decidí que no vale la pena informarme por medio de la televisión en México porque precisamente hace lo opuesto: desinforma. Y desinforma no por accidente, ni por azar, sino por deliberado propósito, y porque el medio televisivo es el gran cómplice del régimen. Un régimen cuyos saldos de décadas de promesas y falsos proyectos son miseria, violencia,
profundas desigualdades e incordios. La obra pública como negocio privado.

Un sempiterno desencuentro generalizado mientras un puñado de cabrones halan todos los hilos. De un lado estamos los televidentes, ciudadanos por mayoría, gente de a pie. Del otro están las televisoras, pero en este país, detrás de las televisoras, siempre ha estado el gobierno. Y en el gobierno, por demasiados años, o sea todos, un grupúsculo enquistado
de lo que Paco Ignacio Taibo ii bautizó certeramente (y esta columna no se cansa de reproducir) como los perfectos perversos hijos de la chingada. Ahí los gobernadores, casi
siempre del pri, hoy en chirona o a salto de mata porque se robaron billones, porque suplantaron medicinas y simularon obra pública en cuyos enjuagues obtuvieron jugosos filetes
de corrupción.

Porque por dinero, por pinche dinero, fueron capaces de cualquier cosa, hasta de involucrarse con grupos criminales que secuestran niñas. Así de mierdas. Así la calidad
ética y moral de la mayoría de los políticos.

Ahí, también, los supuestos legisladores, diputados y senadores que solamente sangran al erario, hacen negocios particulares y hasta dirigen cauces legales en contra de los intereses del bien colectivo para satisfacer ambiciones particulares (de dinero, claro), como Diego Fernández de Cevallos. Traidores a la democracia como él sobran en la televisión. Y su hábitat natural son los mal llamados noticieros, donde a cierta clase de parásitos del erario les fascina aparecer, engolados y con jeta de severos, opinando sandeces.

Fuera de las noticias coyunturales, de urgencia por, digamos, una catástrofe (y aun ni así, a veces), las “noticias” de la televisión suelen ser objeto de un cuidadoso diseño de impacto de opinión. Asimismo, los espacios informativos en la televisión mexicana, y decir “televisión mexicana” en estos ámbitos es hablar indefectiblemente de Televisa, de alguna manera forman parte fácilmente de la idiosincrasia nacional y se vuelven hasta entrañables compañías, qué asco, a la hora de la cena. Jacobo era, en el afecto público, mucho más que un simple
conductor gobiernista.

Lo mismo que López Dóriga o Carlos Loret. Pero son personajes falsamente amistosos, cocinados con la intención de erigirles en creadores de tendencia de opinión.

Los mexicanos, por esa misma idiosincrasia, o simples abulia del intelecto o pereza, hemos sido fácilmente maleables en ese sentido, al grado demencial de considerar que algo es
verdadero simplemente porque lo mencionó alguno de esos lectores de boletines oficiales, o peor, llegamos a negar la existencia de algo, de un suceso, si no lo hemos visto refrendado
en un súper en pantalla. Fue la televisión, fueron las televisoras y los noticieros de Televisa, tv Azteca, Imagen, Milenio t v, Antena Tres y también las de canales vinculados a organismos de gobierno, como Once tv del Instituto Politécnico Nacional o hasta los breves espacios informativos del Canal 22 del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes los que manipularon a la opinión pública ante los evidentes, aberrantes, burdos y constantes atentados contra la democracia en que devinieron las pasadas elecciones del domingo 4 de junio, particularmente signadas por una ola de trapacerías, atropellos y crímenes electorales cometidos con toda prepotencia y descaro por las ratas que siempre se roban las elecciones en este país –con la criminal complicidad, precisamente, de Lorenzo Córdova, pseudopresidente del Instituto Nacional Electoral, gigantesca comparsa del priismo y sus satélites de siempre– en las narices de sus pobladores. Siempre estará la televisión mexicana al servicio de particulares y por lógica oposición en contra del interés público.


¿O alguien recuerda el noticiero que nos hiciera saber que los terrenos que les carranceó el gobierno federal a los habitantes de Xochicuautla
le fueron “conferidos” al grupo Higa? Por eso las televisoras en México riegan felizmente cualquier campaña de guerra sucia en contra de la oposición, pero disimulan explicar las mezquinas estupideces de Peña Nieto y sus compinches. Porque perro no come perro •

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