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Cinexcusas
Por Luis Tovar

Cine y censura (I DE II)

Si la censura es el ejercicio del poder que una persona o entidad ejerce en contra de la expresión pública de otra persona o entidad, con el propósito de impedir que un tercero conozca una parte o la totalidad del contenido de dicha expresión; y si dicho ejercicio del poder es puesto en práctica no sólo por personas o entidades que, dentro de un sistema social determinado, están supuestamente capacitadas o legalmente autorizadas para ello, sino también por otras personas o entidades que, sin estarlo, de cualquier manera se arrogan semejante derecho, es inevitable concluir que, a la luz de los hechos contemporáneos, la censura no ha dejado de estar presente en México y sólo han variado, en mayor o menor medida según el caso, los métodos, las vías, ciertas formas discursivas y, desde luego, algunas de las consecuencias que se derivan del acto censor.

No hay, como bien se sabe, un solo tipo de censura ni un solo perfil de censor. Respecto de lo primero puede hacerse, como mínimo, una quíntuple subdivisión de los modos de censurar existentes tanto en el pasado como en el presente que, con el denominador común de estar orientadas hacia la “desaprobación” temática y/o de tratamiento, de forma preliminar son como sigue:

 

1. Censura total o completa

1.a) La que se ejerce contra una obra antes de que sea creada. Su objetivo es impedir la realización misma de la obra.

1.b) La que se ejerce contra una obra cuando ya ha sido creada. Su objetivo es impedir la exhibición de la obra.

2. Censura parcial

2.a) La que se ejerce contra una obra antes o durante la creación de la misma. Su objetivo es eliminar partes o modificar enfoques de la obra.

2.b) La que se ejerce contra una obra cuando ésta ya ha sido creada. Su objetivo es suprimir, antes de la exhibición de la misma, aquellas partes desautorizadas por el censurador.

3.b) La que se ejerce contra una obra cuando ésta ya ha sido creada sin que se le hayan suprimido aquellas partes desautorizadas por el censor. Su objetivo es impedir la exhibición de dichas partes de la obra.

 

Desde la autoridad gubernamental hasta los padres de familia, ha existido y continúa existiendo una pléyade innumerable no de censores precisamente, sino mejor dicho de censuradores, tanto oficiales como oficiosos. En tanto ejercicio de poder, la censura es preponderantemente un acto realizado por la entidad social en la que el poder reside, es decir, en los órganos de gobierno, alguno de cuyos niveles o derivaciones tiene a su cargo, o bien se arroga en función de las circunstancias, la aplicación de la censura. Como es bien sabido, todo espectáculo público es previamente sometido a la asignación de una clasificación, de acuerdo con la cual se determina cuál es la edad mínima que ha de tener el espectador para que se le permita el acceso a dicho espectáculo. Muy en la lógica de los “hechos consumados” o, popularmente dicho, de “lo cáido cáido”, el grueso de la población desconoce, en términos absolutos, quién o quiénes las determinaron, y bajo qué criterio o falta del mismo fueron establecidas dichas clasificaciones, así como la naturaleza y características de los contenidos que les dan cuerpo. En consecuencia, la clasificación de los espectáculos públicos, y de la cinematografía como parte de ellos, descansa sobre un terreno ignoto, impreciso y de fronteras borrosas para todos, salvo para aquellas personas encargadas de clasificar espectáculos.

Como se sabe, la dirección de Radio, Televisión y Cinematografía, organismo dependiente de la Secretaría de Gobernación, es el único ente oficial encargado de poner en práctica ésta que sería la única modalidad plenamente legalizada de censura, aplicada bajo el manto eufemístico de la clasificación. Empero, como también se sabe más que sobradamente, la RTC no es sino uno de los muchos organismos censuradores en México. Con los poderes de facto a la cabeza –la Iglesia católica tradicionalmente, pero en estos tiempos sobre todo los grandes empresarios, y de manera cada vez más enfática y exhaustiva los exhibidores televisivos –que a su vez son parte fundamental del primer grupo de poder fáctico mencionado–, sin olvidar por supuesto a organismos tipo Unión Nacional de Padres de Familia, Provida, Organización a Favor de lo Mejor, Consejo de la Comunicación, etcétera–, hoy en día la censura es una hidra de infinita multiplicación.

(Continuará.)

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